SUDOKU

SU-DO-KU

por

Antonio García Francisco
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Sudoku. Sudoku...

Se habla mucho estos días del sudoku y de la sudokumanía, y lo primero que se nos viene a la imaginación es un nuevo desastre natural con nombre extranjero, japonés, del estilo del tsunami, o el tifón, o el nombre de una tormenta tropical desconocida.

Y algo parecido, pero menos dañino físicamente, es el sudoku.

Pero, ¿qué es el sudoku, se pregunta más de uno cuando ve a jóvenes y adultos, a jubilados, obreros y funcionarios en el Metro o en el autobús con su diario o su cuadernillo de pasatiempos, su lapicero y su goma de borrar en ristre absortos en su nueva afición?

Pues es ni más ni menos que un pasatiempos, un matarratos, una especie de crucigrama numérico.

Un pasatiempos, un juego que, procedente de Japón, de ahí su exótico nombre, ha irrumpido con furor en Europa, parece ser que en el Reino Unido primero y recientemente en España.

Un juego aparentemente inofensivo, que causa furor, que atrae, que engancha, que distrae y que tiene su legión de propagadores. La sudokumanía podríamos decir. Y digo aparentemente inofensivo porque comienzan a aparecer en la prensa noticias relacionadas con los estragos que el sudoku está haciendo en la mente de sus adictos, los sudokumanos sí, ya lo sé, me acabo de inventar este palabro—, aunque tal vez solamente se trate de leyendas urbanas. Se dice que un flemático ejecutivo londinense ha demandado al Times porque todos los días se pasa de estación en el Metro absorto en la resolución del sudoku y ha sido advertido de despido en su empresa. ¿Realidad? ¿Leyenda urbana? Lo que sea cabe dentro de lo posible, tanto que se abstraiga como que haya iniciado demanda judicial.

Y... ¿qué es el sudoku?

Como ya queda dicho más arriba, viene de Japón. Parece ser que en ese país, dada su peculiar grafía, es dificilísimo hacer crucigramas, por no decir imposible. Cada símbolo del alfabeto japonés representa un concepto, y así es imposible proponer el pasatiempo de las palabras cruzadas.

Sí, sí, pero todavía no nos ha dado usted una definición de lo que es el sudoku, dirán más de uno y más de dos.

¡Oh, la definición es bien sencilla!, respondería cualquiera que lo haya practicado. Se trata de un tablero de 81 casillas dispuestas en nueve filas y nueve columnas, en cada una de las cuales hay que colocar un dígito del 1 al 9 sin que se repita alguno en la misma fila o en la misma columna. Así de sencillo y simple... a simple vista. Y digo a simple vista si no fuera porque ese damero, ese cuadrado de 81 casillas, está subdividido a su vez en nueve cuadrados de nueve casillas cada uno de tres filas y tres columnas en los que a su vez, no puede repetirse ningún dígito. La cosa se complica sobremanera desde el momento en que el desalmado que los publica ya se encarga de colocar algunos dígitos en algunas casillas, pudiendo ser variable la cantidad de guarismos preestablecidos. Y eso, amables y pacientes lectores, dificulta la solución endiabladamente.

Se me olvidaba: para que un sudoku esté bien planteado es imprescindible que solamente pueda tener una solución.

¿Reglas para resolver el sudoku?

Prueba, ensayo, error, repetición, nueva prueba, nuevo ensayo, nuevo error, nueva prueba... hasta llegar a la solución según el grado de dificultad que el autor le haya querido dar.

Ilustres profesores y catedráticos de Teoría del juego, informáticos, matemáticos... mucha gente de elite intelectual está metida en este fenómeno como propulsores o como estudiosos del mismo y todos concluyen en un punto común: no hay reglas de resolución. O sale o no sale. La observación, la pericia y la imaginación son fundamentales para completar las 81 casillas. Hay quien afirma que en diez minutos lo resuelve, otros dicen que han llegado a tardar hasta una hora en completar el damero, pero son muchos más los que lo abandonan después de estrujarse las neuronas. Y los que madrugan para resolver el del periódico del bar donde toman café por la mañana.

No obstante, me pasan esta dirección: http://sudoku.3ontech.com/

En fin, se dice que una imagen vale por mil palabras, que el movimiento se demuestra andando, que más vale un ejemplo que dos consejos... ¿Quieren probar a resolver un sudoku que he copiado de un periódico? Pues manos a la obra y juzguen por ustedes mismos. Y convengan conmigo en que si no fuera japonés lo podríamos definir como un tormento chino.

Saludos cordiales y hasta el próximo número, donde daré la solución... si soy capaz de resolverlo.


1


6



5




9






3

8




7


9



5











3



4


1



8

2


9

3





9

6


2




8


5






4

6

2










Complete el tablero (subdividido en nueve cuadrados) de 81 casillas (dispuestas en nueve filas y columnas) rellenando las celdas vacías con los números del 1 al 9, de modo que no se repita ninguna cifra en cada fila, ni en cada columna, ni en cada cuadrado. Fácil.




SOLUCIONES AL NÚMERO ANTERIOR


Las casas y sus habitantes...

En primer lugar, presento mis excusas porque un lamentable error en la «pista b» ha hecho irresoluble el problema. En el dato particular 4 no dije si era a la izquierda según se miraba o a la izquierda de la propia casa, como me han hecho ver algunos amigos. En realidad, no hacía falta porque del enunciado se deduce que se habla de «izquierda» y «derecha» de las casas.

Esa «variable», unida a la pista «b», en la que sin querer cambié los colores de las casas (¡Aaaaagggghhhh!), embarulló más aún las cosas. ¡Qué horror!, se me acusa de sadismo. Basándonos en estos hechos, esa doble posibilidad da lugar a que las casas 4 y 5 sean intercambiables, según interpretemos izquierda o derecha del observador o de los edificios, permaneciendo igual todas las demás. Pero no hay tal posibilidad de duplicidad en la solución porque yo afirmo, erróneamente, insisto, que la blanca es la última: la fatídica errata involuntaria en la pista «b» ha ocasionado despistes en muchos lectores. Por favor, olviden las pistas que di y comprueben la solución.

Confío en que sepan disculparme.

Tomando como referencia izquierda-derecha de las casas:

La 1.ª casa es la amarilla, en ella vive el japonés, fuma Dunhill, bebe agua, tiene por mascota un gato.

La 2.ª casa es la azul, en ella vive el danés, fuma Blend, bebe té, tiene por mascota caballos.

La 3.ª casa es la roja, en ella vive el inglés, que fuma Pall Mall, bebe leche, tiene por mascota a unos pájaros.

La 4.ª casa es la blanca, en ella vive el sueco, fuma Blue Masters, bebe cerveza, tiene por mascota unos perros.

La ultima casa es la del alemán que vive en la casa verde, fuma Price, bebe café, y tiene por mascota peces.


CASA 1

CASA 2

CASA 3

CASA
4

CASA 5

COLOR

Amarillo

Azul

Rojo

Blanco

Verde

NACIONALIDAD

Noruego

Danés

Inglés

Sueco

Alemán

BEBIDA

Agua

Leche

Cerveza

Café

TABACO

Dunhill

Blend

Pall Mall

Blend

Prince

MASCOTA

Gatos

Caballo

Pájaros

Blue Master

Peces








Conclusión: El alemán cría peces.




EL SEGUNDO ENIGMA


La respuesta es que todos son culpables.

Por (3), si D es inocente, entonces A es culpable.

Por (4), si D es culpable, entonces A es culpable. Así, tanto si D es culpable o inocente, A debe ser culpable.

De ahí que, por (1), B sea también culpable.

Por tanto, por (2), o C es culpable o A es inocente. Pero sabemos ya que A no es inocente, por consiguiente, C debe ser culpable.

Finalmente, por (3), si D es inocente entonces C es inocente.

Pero ya se ha probado que C no es inocente, por lo tanto D debe ser culpable. Así todos ellos son culpables.


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