Historias de mi
bandeja de entrada

por

Antonio García Francisco
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Yo sé bien que a todos nos ocurre: la bandeja de entrada de nuestro correo tiene días que echa humo con la última cachondada que se ha encontrado alguien por la red. La mía no es menos.

Para muestra, un ejemplo.

Hace unos días se me ocurrió fotografiar al frutero de mi barrio en medio de su puesto de frutas y verduras. Dado que no me dio la gana de pasar la foto a papel, le pedí su dirección de correo electrónico y ese mismo día se la envié.

¡Grave error!

Él recibió la foto y para demostrarme su agradecimiento (¿?), tuvo a bien concederme el gran honor de incluirme en su agenda, de manera que ahora soy el afortunado destinatario, junto a otros doscientos elegidos más, de todas las gilipolleces que le llegan a él.

Ya le he incluido en la categoría de correo no deseado, pero a diario me pregunta si he recibido la última parida y no sé por cuanto tiempo voy a poder seguir manteniendo que tengo problemas con la cuenta de correo. Hotmail no funciona tan mal como pretendo hacerle creer. Y lo peor de todo es que es un gran profesional con un género de gran calidad y no me apetece cambiar de establecimiento fruteril.

En fin, que nadie se eche a temblar. No voy a traer las chabacanerías y las groserías que algún desalmado con mucho tiempo libre y algunos conocimientos de informática se dedica a elaborar para solaz de algunos y tortura de otros; he seleccionado alguna de las cosas agradables que me llegan, que también las hay, y aquí las dejo con el fin acostumbrado, que no es otro sino tratar de hacerles pasar un rato agradable a los amables lectores.

Como dirían los cómicos de la legua, si lo consigo me daré por bien pagado, aunque, al no poder decir que vuestro óbolo será bien recibido, os pido que pinchéis en los banners que aparecen ahí abajo, al final, para que el webmaster me deje en paz con sus lloriqueos económicos.

Saludos cordiales y ánimo, que cosas peores que las que transcribo les llegan a ustedes a diario.


Un experimento científico


Metes 20 monos en una habitación cerrada.

Cuelgas un plátano del techo y pones una escalera para poder alcanzarlo, asegurándote que no exista ningún otro modo de alcanzar el plátano que no sea subiendo por la escalera.

Instalas un sistema que haga caer una lluvia de agua helada durante media hora en toda la habitación desde el techo cuando uno empiece a subir la escalera.

Los monos aprenden rápido que no es posible subir la escalera y evitar el sistema de agua helada.

Luego, reemplazas uno de los 20 monos por uno nuevo. Inmediatamente, va a intentar subir la escalera para alcanzar el plátano y sin entender el porqué, será molido a palos por los otros.

Reemplazar ahora uno de los viejos monos por otro nuevo. Entonces será molido a palos también y el mono introducido justo antes que éste será el que más fuerte le pegue.

Continuar el proceso hasta cambiar a los 20 monos originales y que queden únicamente monos nuevos.

Ahora ninguno intentará subir la escalera, y más aún, si por cualquier razón a alguno se le ocurre pensarlo, este será masacrado por el resto de los monos. Y lo peor es que ninguno de los monos tendrá la menor idea del porqué de la cosa.

Conclusión: ¿A alguien le recuerda algo? Así es como nace el funcionamiento y la cultura de una empresa.



Policías y ladrones


Desde hace unos meses tengo problemas de estrés y eso me ha conducido a un sueño muy ligero. Parece que beber un vaso de agua me calma un poco y entre levantarme a beber y levantarme a desbeber, no tengo más remedio que pasearme por la casa dos o tres veces cada noche, para desgracia de mi descanso.

Hace unas noches, en una de mis incursiones a oscuras hasta la cocina para beber agua fresca del frigorífico (ya he roto media docena de termos que previsoramente dejaba sobre la mesilla de noche), noté al mirar distraídamente por la ventana que había alguien andando sigilosamente por el jardín.

Como mi casa es muy segura, con rejas en las ventanas y cerradura de seguridad y cerrojos de acero en las puertas, además de una alarma silenciosa conectada a una compañía privada de seguridad, no me preocupé demasiado. Me aparté un poco de la ventana y silenciosamente me quedé siguiendo los leves ruidos que venían de afuera, hasta ver una silueta tanteando los barrotes de la ventana tras la que yo me ocultaba.

Estaba claro que no iba a dejar al ladrón merodeando y estaba claro que yo no me iba a quedar contemplándolo tranquilamente.

Descolgué el teléfono, llamé a la policía, informé en voz muy bajita de la situación y les di mi dirección.

Me preguntaron si el ladrón estaba armado o si ya estaba dentro de la casa.

Aclaré que no estaba dentro de la casa y que yo no sabía si el merodeador iba armado; ellos se limitaron a decirme con voz rutinaria que no había ningún coche cerca para ayudar, pero que iban a mandar a alguien en cuanto fuese posible.

Un minuto después llamé nuevamente y dije con voz calmada:

Hola, llamé hace media hora porque había alguien en mi jardín. No hay necesidad de que se den prisa. Acabo de matarle de un tiro de escopeta del calibre 12 que tengo guardada para estas situaciones. ¡La puta que le parió! ¡El tiro le ha hecho un agujero de cojones y sus tripas están por todo el porche de la casa, colgando como si fueran guirnaldas de Navidad! ¡Espero que la compañía de seguros lave el charco de sangre que el hijo de puta me ha dejado en la tarima del suelo, pues le he tenido que rematar con una ráfaga de un fusil Kalashnikov AK-47 que poseo de manera ilegal!

No habían pasado ni tres minutos y había en mi calle cinco coches patrulla de la policía, un helicóptero, una unidad de rescate, dos ambulancias UVI-móvil, un equipo de televisión de Telemadrid, una unidad móvil de radio de la Cadena SER y otra de la COPE; tres sacerdotes católicos y un pastor evangélico; una hinchada de los defensores de los derechos humanos que no se perderían esto por nada del mundo, con pancartas y megáfonos, además de todos mis vecinos y vecinas en toda clase de modelos de pijama y camisones imaginables en una escena iluminada por focos que nunca supe de donde salieron ni quién los trajo.

Agarraron al ladrón in fraganti, el cual estaba paralizado por la perplejidad, mirando todo con cara de asombro. Tal vez él estuviese pensando que era la casa del Director General de Policía, o el plató donde se grababa el programa de Gran Hermano.

En medio del tumulto, un comisario se aproximó y me dijo:

Creí que había dicho que había matado al ladrón.

Yo contesté:

Creí que me habían dicho que no había nadie disponible.

Por la madre que me parió: juro solemnemente que desde ese día se me curó la ansiedad nocturna y si bien no puedo decir que duerma como los angelitos porque soy ateo, pudo decir que duermo a la pata suelta como el cabronazo que he descubierto ser. Y los cacos no creo que se atrevan a acercarse por mi casa en muchos años.


Diario de un marido barrigudo


Tenía fe en bajar la barriga cervecera que se me estaba formado en los últimos meses...

Hace unos días, en mi cumpleaños, mi mujer me regalo un cupón válido por una semana de entrenamiento personal en un buen gimnasio local. Independientemente de que yo esté en excelente forma, pensé que era una buena idea para intentar detener ese proceso de «barriguita» que a todos nos ataca, y más a los que nos gusta la cerveza. Llamé al gimnasio e hice mi reserva con una personal trainner llamada Nadia, quien se auto-describió como una Instructora de Aeróbic de 26 años, modelo de trajes de baño y ropa deportiva.

Y al gimnasio me recomendó que llevara un cuaderno para ir documentando mi progreso. Hoy se lo transcribo aquí:

Lunes: Empecé mi día a las 6:00 de la mañana. Bastante difícil levantarse de la cama a esa hora pero todo cambió cuando llegué al gimnasio y vi que Nadia estaba esperándome.

Parecía un diosa griega: rubia, ojos azules y una gran sonrisa, con unos labios carnosos y espectaculares. Nadia me enseñó las instalaciones, me mostró los aparatos y me tomó el pulso después de 5 minutos en la bicicleta fija. Se alarmó de que mi pulso estuviera tan acelerado pero yo lo atribuí a ella, vestida con su malla de lycra que parecía su propia piel, a que estaba muy cerca de mí... Disfruté bastante viéndola dar su clase de aeróbic, después de terminar mi inspirador día de ejercicio. Nadia me estaba motivando cuando hacia yo mis flexiones, a pesar de que ya me dolía la barriga de tanto meterla para adentro, cada vez que Nadia pasaba junto a mí...

Martes: Me tomé dos jarras de café, pero finalmente logré salir de la puerta de mi casa. Nadia hizo que me recostara boca arriba, me puso a levantar una pesada barra de metal y después se atrevió a ponerle ¡pesas! Mis piernas estaban un poco debilitadas por la cinta pero logré completar !UN KILÓMETRO COMPLETOOOOOOOO!

La aprobadora sonrisa de Nadia y el guiño cómplice que me realizó hizo que todo valiera la pena... ¡me sentía fantástico...!, era una nueva vida para mí.


Miércoles: La única forma en que conseguí lavarme los dientes, fue poniendo el cepillo sobre el lavabo y moviendo la cabeza a ambos lados encima de él. Creo que tengo una hernia en los pectorales. Conducir el coche no fue tan fácil: sólo de frenar y dar vueltas al volante me dolía hasta el pelo; estacioné como pude...

Entré al gimnasio y comenzamos los ejercicios. Al cabo de tres minutos Nadia ya se estaba impacientando conmigo por considerar que mis gritos molestaban a los demás socios del club.

Su voz resulta un poco aguda a esas horas de la mañana y cuando grita se vuelve nasal y es muy molesta. Me dolían las pelotas cuando me subí a la cinta, así que Nadia me subió a la escala de cuerdas. ¿Para qué mierda alguien colocó una escala de cuerdas en un gimnasio para hacer algo que se ha vuelto obsoleto con los ascensores? Nadia me dijo que me ayudaría a ponerme en forma y a disfrutar la vida...; otra de sus tantas cabronadas.... y promesas.

Jueves: Nadia me estaba esperando con sus jodidos dientes de vampiro y con su sonrisita estilo Jack Nicholson en Batman. No pude evitar llegar media hora tarde: fue el tiempo que tardé en ponerme los zapatos. La desgraciada de Nadia me puso a trabajar con las argollas pero, cuando se distrajo, salí corriendo a esconderme en el baño. Mandó a otro entrenador a buscarme y como castigo, me puso a trabajar en la máquina de remar y... me hundí.

Viernes: Odio a la hija de puta de Nadia más que a cualquier otro ser humano que alguien haya odiado en la historia del mundo.

Estúpida, famélica, anémica, cabrona y gilipollas sin cerebro. Si hubiese una parte de mi cuerpo que pudiese mover sin un dolor desesperante, la rompería toda, me cago en la puta madre que la parió.

Nadia quiso que trabajara en mis triceps... ¡YO NO TENGO TRICEPS...!, y si no quiere que joda el piso o lo rompa, que no me pase las putas barras o cualquier otra cosa que pese más que un papel de fumar... La bicicleta fija me hizo desmayar y desperté en la cama de una nutricionista, una flaca, pelotuda y con cara de mala leche que me dio una lección magistral de alimentación sana, y dieta mediterránea ¡claro!, la muy cabrona no tiene la más puta idea de lo que es morirse realmente de hambre. ¿Por qué no me pudo tocar alguien mas tranquilo, como un cursillo con un maestro de costura o un estilista?

Sábado: La cerda de Nadia me dejó un mensaje en mi contestador con su vocecita de tortillera machorra preguntándome por qué no fui hoy. Sólo con escucharla me dieron ganas de romper a patadas al contestador, pero no tenía la fuerza suficiente ni para levantarlo, incluso ni para levantar el control remoto de la tele, así que me apalanqué 11 horas. seguidas viendo los documentales de National Geographic en la 2.ª cadena de TV... puro pajarito saltando y brincando de rama en rama detrás de la pajarita.

Domingo: Pedí al conductor del autobús de la iglesia que me viniera a recoger para ir a misa y agradecerle a Dios que esta semana haya terminado. También recé para que el año que viene, la ¡@*#~¢&ð! de mi mujer me regale algo un poco más divertido, como una endodoncia, un cateterismo, un análisis de próstata, o una extirpación de hemorroides...


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Imágenes en el artículo (orden descendente): Gif en http://www.corgol.com/gifs_animados_fotografias.html | AK-47 type II Part DM-ST-89-01131, licencia de dominio público (a través de Wikimedia Commons) | Man is But a Worm, By Punch magazine artist. ((image reference) (image source)) [Public domain], via Wikimedia Commons.





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