Adivinanzas, enigmas
y coeficiente intelectual

por

Antonio García Francisco
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Tenemos —tengo— cierta tendencia en esta sección a las adivinanzas. He de reconocer que soy malo, lo que se dice rematadamente malo para ellas. Y muy lento, lentísimo, pero suelo dar con la solución de vez en cuando. Más de cuando en cuando que de vez en vez.

Digo esto al hilo de que se me ha acusado por algunos amigos y conocidos de ridiculizar a quienes tienen menor coeficiente intelectual que yo. Nada más lejos de la realidad. Yo no soy un superdotado, ni tan siquiera un dotado, ni un dotadillo, y me ha llamado mucho la atención eso del coeficiente intelectual, tanto que me ha hecho meditar sobre el asunto.

Probablemente no hay ningún concepto sicológico del que se haya abusado tanto como del concepto «coeficiente intelectual» y me gustaría aclarar por qué lo digo. Para ello me he servido de la obra de Marvin Grosswirt y Abbie Salny titulada ¿Es usted un genio?, editada por Planeta Singular, en 1995. En ella se explica lo que es y lo que no es el coeficiente intelectual. Veámoslo de manera harto resumida que entrecomillo porque es básicamente la exposición que en la obra se hace.

«Parece ser que hace unos cien años, Alfred Binet diseñó una serie de exámenes para ayudar al gobierno francés a seleccionar a los niños que debían acceder a clases de educación especial; clasificó los exámenes por edades y a partir de ahí creó una escala. Por ejemplo, si un niño de cuatro años pasaba los exámenes para la edad de cuatro años, tenía un “cociente” de inteligencia de 100.

Esta cifra era el resultado de su Edad Mental (E.M.) dividida entre su edad cronológica (E.C.) Como el cálculo se hacía EM/EC = (moviendo el decimal dos puntos a la derecha), al resultado se le llamaba “cociente” (recordemos: dividendo, divisor, cociente y resto o residuo).

Este procedimiento funcionó durante bastantes años, pero era obvio, ya desde un principio, que presentaba muchos problemas. Por ejemplo, un niño de tres años que aprobara exámenes para niños de seis y que tendría, según este sistema, un coeficiente intelectual de 200, en realidad no tenía la misma capacidad que un niño de seis años. Es más, cuando se llega a las edades que siguen a la adolescencia, los resultados que se obtienen según este cálculo no son válidos. ¿Por qué? Porque es difícil medir el crecimiento intelectual de los adultos. A una cierta edad, en la mayoría de las personas, la capacidad de razonamiento y otros muchos procesos mentales parecen estabilizarse.

Racionalmente no se puede comparar a una persona de 18 años con una de 36 en este tipo de escala, así que a los examinadores se les ocurrió otro sistema: el coeficiente intelectual concebido como desviación típica. Esto significa, simplemente, que uno mide su capacidad —su ingenio, conocimiento, inteligencia— con otros de su misma edad. Por ejemplo, si usted tiene 70 años, se le comparará con gente de más de 65, no con gente de 30. La puntuación se obtiene en relación con la de otras personas de su misma edad.

Entonces, ¿qué significa un coeficiente intelectual? Por sí solo, NADA. Como medida relativa, el cociente intelectual ya no sirve, pues se ha quedado en un tópico olvidado y equívoco. Hoy día se considera que la “puntuación percentila” [sic] es una forma más acertada de medir el coeficiente. Por ejemplo, la puntuación percentila que se necesita para formar parte de Mensa (1) es de 98. Esto significa que en ese examen 98 de cada cien personas obtendrían una puntuación inferior a la de los miembros. Aún así, conviene hacer una advertencia: incluso el propio concepto de inteligencia y la forma de medirla reciben, en la actualidad, duras críticas. ¿Existe la inteligencia pura? Si existe, ¿la miden con exactitud las pruebas de inteligencia?

Estudios realizados a largo plazo sobre varios centenares de niños —con un nivel considerado de “genio” hace 50 años— indican que una buena puntuación en los exámenes de coeficiente intelectual pronostica una carrera escolar con éxito. Estos niños, ahora ya adultos, de los cuales se ha hecho un seguimiento, han logrado un éxito académico muy por encima de las expectativas normales. También han tendido a mantenerse por encima de la media en otros aspectos, entre ellos la salud física y la solvencia económica. Aún así, no todos han triunfado por igual. La razón es evidente, puesto que las pruebas de coeficiente intelectual no miden ni la iniciativa, ni la perseverancia, ni la creatividad, ni ninguna de las muchas cualidades que a menudo son más importantes a la hora de lograr el éxito fuera de la escuela. Por consiguiente, una puntuación baja en una prueba de coeficiente intelectual tampoco significa un fracaso seguro en la vida; lo único que significa es que la persona que hizo el examen no obtuvo un buen resultado en esa prueba concreta. La mayor parte de nosotros no nos pasamos la vida en situaciones que puedan medirse con pruebas sobre el papel, por lo tanto, los resultados de este tipo de exámenes debería mirarse con cierta reserva si son muy altos y con cierto escepticismo si son bajos, ya que sólo miden un aspecto de nuestra conducta global.»

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(1) MENSA es una asociación de ámbito internacional cuyos miembros deben poseer obligatoriamente un alto Coeficiente Intelectual, equivalente al 2% de la población más inteligente del planeta.



Y dicho esto, amables lectores, para que nadie se sienta menos que nadie, ni nadie más que nadie, vamos a dar las soluciones del número anterior:

1.- ¿Y cuántos días iba a tardar sino dieciocho? El día decimoctavo alcanza el nivel de veinte metros y sale del pozo, ya no resbala hacia atrás.

2.- Pues qué quieren que les diga: mientras el buque flote, el número de travesaños visibles será siempre el mismo, ¿no?

3.- Una hora. El reloj es de cuerda y sonará a las nueve. He conocido a un chaval que dice no haber visto nunca un despertador de cuerda... pero el desconocimiento de la ley no exime... etc. etc. y más etc. Saludos cordiales, Jesús, Melchorín, je, je, jeeeeeee.

4.- ¡Qué rollo de niños, bicicletas, velocidades...! La mosca vuela treinta Km. Toda la información es superflua excepto que la mosca vuela a 60 Km. por hora durante media hora. No hacía falta ser licenciado en Física, ¿verdad?

5.- ¿Todavía no lo sabe usted? Bueeeeeno, le autorizo a utilizar la calculadora... si es capaz de conectarla, por supuesto.

6.- Las mismas probabilidades que en todas las tiradas anteriores: ½. Las monedas no tienen memoria ni tendencias.

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... ¡Y los deberes para el próximo número! Se trata de la denominada «Dieta Mensa». Fue inventada por Jerry Salny en una base aérea durante la II Guerra Mundial, mientras intentaba mantener la calma y adelgazar al mismo tiempo. Ha aparecido en varias revistas sin dar la solución, pero ¡sorpresa!, ¡la tiene! Sólo hay que pensar. Ánimo, si no lo consiguen, se lo cuento en el próximo número. Copio literalmente del ya citado libro ¿Es usted un genio?, de Marvin Grosswirth y Dra. Abbie Salny. La respuesta también será la que dan estos autores.

La dieta Mensa

Todo el mundo sabe que perder peso es cuestión de quemar más calorías de las que se ingieren. También sabemos todos que una caloría es la energía necesaria para elevar un grado centígrado la temperatura de un gramo de agua pura en condiciones normales de temperatura y presión.

Tomemos un vaso de güisqui con soda lleno de hielo. Suponiendo que pese 200 gramos (200 cc), ignorando el hecho de que el güisqui puede hacer bajar el punto de congelación, y no teniendo en cuenta las burbujas de la soda, la temperatura tiene que alcanzar 0º, ya que el vaso contiene hielo que se va derritiendo.

Bébase el güisqui con soda. De algún modo, el cuerpo tiene que proporcionar suficiente calor como para elevar los 200 gramos a la temperatura del cuerpo, que es de 37º C; es decir, tiene que proporcionar 200 gr. X 37º = 7.400 calorías.

Puesto que en todos los libros de calorías se nos dice que el güisqui tiene 3 calorías por gramo y la soda ninguna, deberíamos de poder beber güisqui con soda todo el día y adelgazar descontroladamente.

Se ha hecho el experimento y, aunque el sujeto de la prueba no ha perdido ni un kilo, ya no se preocupa. ¿Por qué no funciona?



Hasta la próxima, pacientes lectores.

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Imagen de Einstein: Albert Einstein 1979 USSR Stamp, licencia de dominio público,
a través de Wikimedia Commons | Resto de imágenes: en Internet (autores desconocidos)





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