MERCEDES GONZÁLEZ

EPITAFIO AL TERRORISMO ASESINO
 

 

 

Hombres tercos, hombres fieros.
Hombres obstinados,
egoístas, engreídos, hombres fríos.
Hombres de hielo, con sangre escarchada.
Hombres locos y hombres sin nada.
Corazones mezquinos, voces ahogadas,
manos de espadas, pies de acero.
Hombres sin alma,
hombres inhumanos.
Piel disfrazada en carne deshuesada.
Ánimas del infierno, desecho de los cielos.
Hombres con máscaras, hombres sin cara.
Sin escrúpulos, con odio a sus propias carcajadas.
Con rabia, con celos, contagiados por el miedo.
Hombres despiadados, hombres desalmados.
Sin rostro, sin alma, sin piernas, sin pensamientos,
sin torso, sin sentimientos, sin vida, sin sueños.
Hombres con traje de veneno.
Hombres desnudos por el viento,
hombres roídos por la ira.
Hombres quemando en el desierto.
Hombres desterrados, hombres repudiados.
Hombres con armas en las manos.
Clérigos de la muerte, aliados del diablo.
Hombres bomba, hombres explosivos.
Hombres de tiros en la nuca,
hombres, arrancando la piel a tiras.
Hombres ensangrentados.
Trozos de alma incrustados
con cerebros diluidos
Con cenizas en el hueco de sus corazones.
Hombres disfrazados de hombres.
Hombres que no son hombres.
¡Cobardes! que apuñalan por la espalda,
cobardes que se esconden como ratas,
cobardes testigos de la muerte.
Inmundicia nacida en las cloacas.
Despojos humanos,
¡Cobardes con sangre en las manos!
No son hombres, no son nadie, no son nada.

 




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mgpescritora[a]yahoo.es

Ilustración poema: Fotografía por Pedro M. Martínez ©



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