ALMIAR

Margen Cero

Biblioteca de poemas
1.ª época (septiembre de 2005)
Selección: Antonio Alfeca



Fernando Mares
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Otras ciudades

Morir en silencio es tan gris
Como el rojo ardiente de la tarde.
Besar tu boca es tan rojo
Como el gris de esta ciudad

En la mitad del horizonte,
el cielo se divide en dos ciudades.

Subir al oscuro manto de la noche,
significa perderse en los mares de la nada.

Aferrarse a las peligrosas quebradas de la tierra,
en la mitad inferior del horizonte
que es otra ciudad,
es una forma distinta
de ahogarse,
o de sucumbir al naufragio
en los límites marinos del paisaje.

Abrir o cerrar los ojos es lo mismo.
Da igual escalar la noche
que hundirse en una piedra.
Lo importante es mantener los ojos en su sitio,
cabalgar siempre en un lugar determinado
y volar constante rodeando la misma nube.

Disfrazarse con una máscara de pájaro o de muerto es lo mismo. Hay que balancear siempre la igualdad de condiciones para lograr mantener las distancias.

Hay quien,
que de tanto reír
termina llorando,
y también hay quien,
que de tanto llorar
en carcajadas acaba.

Al beber del sol, se deben cerrar los ojos
para lograr ver por las manos.
Sucumbir al canto de sirenas,
es naufragar entre labios
y hundirse
en la mitad de tu cuerpo
que es otra ciudad.



El ceremonial


Amanecer boca abajo entre nubes de acuarela,
recorriendo con los labios,
las cenizas del ceremonial.

Transcurrieron tardes eternas de sacrificio sanguinario,
ofrendas sin dolor
en los pies de los esclavos.
Caminé sobre las brasas del sol como un faquir sonámbulo,
aguantando la fiebre y las llagas
en mis pies orgullosos de libertad.

Silenciado por los vientos y el graznido del diablo,
soportando los dolores de la libertad silenciada.

Mi garganta era un nudo ciego,
realizado con la furia de un látigo de fuego.
Mis ojos paseaban bajo el agua
buscando el rastro de sirenas invisibles.

Parecía que la noche nunca fuera a pronunciarse,
y el atardecer se prolongaba como un remolino de fuego y sangre,
un batir de lenguas y labios,
de bocas sedientas al amparo de un beso abrasador.

El ceremonial se celebró sobre el horizonte,
una tarde infinita en que todos los soles se hicieron uno.
Sin solemnidad de palabras se dio inicio a la liturgia,
porque los hechos fueron testigos de mi fe.

Recorrí el camino del silencio y las brasas ardientes de Plutón,
poniendo a prueba las estacas de todas las cruces,
las coronas de todos los crucificados,
los martirios de todas las religiones.

Sangrar
Beber
Morir
Besar
Alcanzar luego tus manos y quedarme sin palabras.

Amanecer boca abajo entre nubes de acuarela,
recorriendo con los labios,
las cenizas del ceremonial.



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Sumario de Mar de Poesías (septiembre de 2005):

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N.º 23 de Mar de Poesías (2005) - Revista Almiar - ISSN 1695-4807 -
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