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El miedo de mirar al cielo
José M. Godoy Macías


Hará cuestión de dos meses me cambiaron de sector en el trabajo, ahora estoy yo entre las que tenemos que salir a la calle cada noche para ganarnos un poco de comida para malvivir.

Al menos, una de mis nuevas compañeras es muy inteligente y dada al diálogo, así que todos los días hablamos mientras trabajamos. Pero mi compañera, de la que ni siquiera sé el nombre, es demasiado despierta, y me dice cosas que…, cosas que yo nunca hubiera pensado por mí misma.

Hay veces incluso, que, miro al cielo, y tengo miedo. Y otras, en las que me siento observada y me entra una angustia..., aunque al menos tengo alguien con quien hablar y hacer mi vida menos monótona, si cabe.

El otro día, en una de nuestras salidas nocturnas, mi compañera empezó a hablarme:

—¿Sabes? El otro día estuve pensando —dijo cabeza alzada mirando al cielo.

—¡Y como no! Siempre pensando, siempre pensando… Algún día te explotará esa cabeza de tanto pensar…

—¿Qué es lo que tú ves cuando miras al cielo?

—Pues que es lo que voy a ver, vaya preguntas que tienes, hija…

—¿Pero qué ves?

—Pues… Pues veo estrellas y luna, y montañas, muchas montañas. ¿Qué voy a ver? Pues lo que hay.

—¿Pero nunca se te ha ocurrido pensar que esas montañas podrían ser como tú, que trabajasen buscando comida igual que tú, o que hablen con otras compañeras como tú estás hablando ahora conmigo?

—Pues no, nunca se me había ocurrido, porque las montañas son sólo eso..., montañas. ¡Y déjame ya de una vez! No sé de donde sacas esas cosas…

—Escucha, escúchame atentamente. Y mírame, que esto es importante. Sé que no estamos solas. Sé que hay mucha más gente en este mundo. Y puede que estén más cerca de lo que tú crees.

—¡Ay, cállate, que me estás asustando! Te crees que porque hayas viajado mucho puedes ir asustando a la gente por ahí. ¡Pues que sepas que yo no me creo nada de lo que dices!

—¿Ah sí? ¿Y como crees que murió tu padre, la pobre? ¿Y tu abuela? ¿Y tu hermano? ¿Cómo murieron, eh?

—Pues murieron porque ya terminaron su trabajo. ¡Cómo van a morir si no! ¿¡Acaso hay otra forma de morir!?

—Mira compañera, lo único que te estoy intentando decir es que vayas con cuidado, que cada vez que mires al cielo estés preparada para correr…

Esa fue la conversación que tuvimos y... ¡Pues no, que desde entonces no puedo mirar al cielo sin temor! Me han vuelto a venir a la cabeza que los monstruos existen y están con nosotros, como cuando era pequeña y no tenía preocupaciones de trabajo… Si al final resulta que los niños serán los que tienen razón…

Ay… Que este mundo se está volviendo loco… Y es que, desde luego, no es nada fácil ser una hormiga hoy en día.

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CONTACTAR CON EL AUTOR: mdcxxi(at)hotmail.com

ILUSTRACIÓN RELATO: Fotografía por Pedro M. Martínez ©