EL PERRO DE PUCHO
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Marié Rojas
Tamayo
De nadie me despedí
Solo de un perrito chino
Que venía tras de mí...
Tonada popular

Se encontraba disfrutando de un almuerzo en El Floridita, sintiéndose Hemingway, cuando algo le rozó la pierna. No puede decirse que la culpa fue del hueso que le arrojó, porque Pucho había ordenado filete de pargo. El caso es que el perro chino no se le despegó a partir de ese momento. Los bromistas aseveran que se habían conocido en una reencarnación anterior.
En
fin, que Pucho regresó al Taller de Gráfica de La Habana con el perro detrás.
Todo el día, mientras entintaba las piedras y daba vuelta a las prensas, fue
el hazmerreír de sus colegas, porque aquel animal gris y pelado era lo más feo
que pueda imaginarse. La cosa hubiera quedado ahí, si al final de la jornada
el chucho hubiera tomado su rumbo; pero lo siguió a casa de La Cantante.
Aquello le costó un escándalo de esos de “para animales contigo me alcanza”...
Así comenzó el desandar de Pucho con el perro. Abandonó
su bicicleta por taxis lujosos, con olor a gente famosa; por autobuses
repletos, malolientes a sudores de jornadas laborales; incluso se internó en
el Palacio de los Capitanes Generales, con la esperanza de que el aroma de las
antigüedades opacara el sentido del perro, pero fue llamado por el altavoz
porque el animalito se plantó en la puerta y no dejaba pasar a la directora.
Finalmente, un amigo le sugirió que abandonara la
ciudad. Si pedaleaba hasta Caimito, donde vivía su prima, y se internaba allá
por el fin de semana, de seguro al regreso el can había encontrado otro
entretenimiento...
A la
mañana siguiente estaba Pucho dispuesto a recorrer los kilómetros necesarios
para no perder a La Cantante. Al cabo de dos horas de darle a los pies se
sintió libre –creo que ese sentimiento de libertad fue lo más importante-,
suspiró y, al mirar al frente, distinguió al perro, esperándolo mientras
meneaba la cola sin pelos.
No sabemos si la culpa fue de aquella visión, si de
todas maneras la bicicleta iba a volcarse, el caso es que ahora no se nos
borra de la mente la imagen del perro junto a la lápida de Pucho.
La verdad nada más la saben Pucho, y el perro.
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ESTE
CUENTO FUE MENCIÓN EN EL 1er CONCURSO DE LA LECTORA IMPACIENTE
(ESPAÑA), APARECE PUBLICADO EN LA ANTOLOGÍA RELAT...ANDO. FUE TAMBIÉN
MENCIÓN EN EL CONCURSO LA BSO DE TU VIDA DE
www.notodo.com
(ILUSTRACIONES: MAX DELGADO CORTEGUERA, TALLER DE GRÁFICA DE LA HABANA).
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