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Margen Cero





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1.º PREMIO: En aquel entonces (Moisés Sandoval Calderón)

2.º PREMIO: El lorito tonto (Lourdes Aso Torralba)

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- Cata de hombría, un cuento de machos (Liliana María Ferrero Pardo)

- El hijo (José Antonio Repeto González)


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- Folio en blanco
(Juan C. Fernández León)

- Momentos de escuela (José M.ª Casquero Vega)

- Atmósferas I
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- Tedio final (Francisco J. José Viola)

- La plancha voladora (María del Carmen Guzmán)

- Títulos de crédito (Adrián Ramos Alba)



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El hijo
_________________________
José Antonio
Repeto González

Déjame que te diga que te quiero más que a mi propia vida. Déjame. Sí, hay mucha luz. Hoy han cambiado la hora, por eso hay tanta claridad. Nunca te ha gustado el cambio de hora, es cierto, no entiendes qué se gana con eso. Cuando estabas estudiando la carrera te irritaba una enormidad que la cambiaran en primavera. Decías que el gobierno te quitaba una hora de vida. Te descontrolabas, no gobernabas el sueño: una vez te dormiste en el aula y dieron hasta tres clases seguidas, sin que ningún profesor lograra despertarte. Esa noche no pegaste ojo y a las seis de la mañana ya estabas en planta con el propósito, según proclamaste con gran solemnidad, de ser más fuerte que el sueño y el insomnio: ¡cuánto te gusta ese tipo de frases! Corriste quince kilómetros y esa misma noche ya habías vencido al capricho gubernamental del cambio de hora, según tus palabras. Te veía dormir a pierna suelta y sentía otra vez el orgullo de la madre que tiene un hijo así, duro como una roca.

Por cierto, prometiste que este año ibas a completar los estudios, que tú siempre rematas la faena. Sabes que yo nunca lo he dudado. Pero vamos, si no los acabas no pasa nada. Ni tu padre se va a disgustar más por eso. Volverá, tu padre volverá, no lo dudes, sabes que llegará a tiempo. Él cumple su palabra, como tú. Siempre has cumplido con tu palabra, siempre. ¿Te acuerdas cuando te empeñaste en ganar la media maratón que se organizaba todos los años en el colegio por la fiesta del patrón? Te llevaste seis meses entrenando por las tardes, después de terminar los deberes, sin fallar ni un solo día. Corrías con una lata de coca-cola en cada mano, para llevar un lastre, y al final subías los catorce pisos por la escalera. Todos los días, hasta el día de la carrera.

Te quiero. Con toda mi alma. ¡Y qué guapo estás hoy! Ya ves que estoy tranquila, serena, hasta feliz, de verdad. Pero que conste que eso también es obra tuya. ¡Cómo me has llevado siempre a tu terreno! Me has seducido con tu fuerza, cada vez que has querido algo de verdad he tenido que claudicar al final, mis fuerzas se han agotado antes que las tuyas. Al principio me encorajinaba, pero después me volvía a sentir orgullosa de mi niño gruñón. Tu padre no podía soportarlo. Se lo comían los celos. Con lo que pudo haber disfrutado de ti, y se lo perdió casi todo.

Hasta que pasó lo que pasó. Entonces tú esperaste que se portara como un hombre, que olvidara todo lo pasado y que estuviera a tu lado. Y comprobaste con dolor de tu corazón que fue todo lo contrario. Desapareció. Se lo tragó la tierra. Lo que le pasa a tu padre es lo que a muchos hombres, que cuando les viene una dificultad gorda en la vida se achican, no pueden con su alma. Tú le sigues queriendo, ya lo sé, y ahora más, se te nota, no sé por qué pero se te nota. Pero no te preocupes, que lo vas a ver aquí, estará contigo a tiempo. Y no oirás ningún reproche de su boca. Ni por la carrera ni por nada. Sabes mejor que nadie lo que estudiaste los tres primeros cursos, la de horas que le dedicaste a esas asignaturas tan complicadas. Tienes la conciencia tranquila. Si no has acabado es porque no ha podido ser y punto.

Cuando llegue no cambies esa cara de serenidad que tienes. Te hace más guapo todavía de lo que eres. ¡Cómo domina mi niño todas las adversidades de la vida! No, no es pasión de madre, es la pura realidad. ¿Quién podrían negarlo al ver lo que has conseguido tú solo? Y que encima tu madre esté contigo apoyándote, animándote, defendiéndote. La gente no sabe nada. La gente es una masa sin cerebro que habla por hablar, sin saber, que condenan a los demás para así espantar sus propios miedos. No tienen ni idea. Yo sí que conozco lo que hay en tu cabeza y lo que guarda tu corazón. Quién lo va a saber mejor que tu madre.

Estás muy guapo esta tarde, ya te lo he dicho, el pelo te sienta así mejor. Y la piel la tienes más suave, con la nueva crema. ¿Te acuerdas cuando me dijiste que ibas a sacar con buenas notas el primer curso en junio? Dicho y hecho. Y la cara qué tenías cuando se lo comunicaste a tu padre. Igual que cuando llegaste primero en la carrera de medio fondo. Anda que no le diste la tabarra. Y tienes que saber que él siempre se ha sentido orgulloso con todos tus logros, con tus avances, con tu coraje. Aunque no lo pareciera. A pesar de los celos enfermizos. Siempre me has dicho que sí, que lo entendías, que él es poco expresivo, cabezota, y es verdad que lo es. Como tú. Lo que pasa es que tú eres un cabezota de otra clase, un cabezota para las cosas buenas, con un corazón como una catedral de grande. Como la catedral de Burgos. ¿Recuerdas como te pusiste de cordero el día que visitamos la catedral de Burgos? Entonces eras un chiquillo, un poco zangolotino, no lo puedo negar, pero ya apuntabas. Se te metió en la cabeza que te lo tenías que comer todo y lo hiciste: te zampaste la comida de dos hombres.

Ya me oíste que te he hecho caso y he hablado con Adela. No va a venir, dice que lo que tú digas, que te quiere y siempre te querrá como a nadie, pero te conoce y sabe que hay que hacer lo que tú desees. Te estás acordando de lo mismo que yo, seguro, del día que me la presentaste, con ese aire de suficiencia que te inventaste, y ella tan modosita, y yo también tan suficiente y dominadora de la situación, la procesión iba por dentro. Reconoce que después me confesaste un día, en la playa, que el día de la presentación estabas como un flan. Pero nunca se te han notado los nervios, eres un fanfarrón de barrio, fanfarrón de los buenos, que quede claro. No te preocupes, que le entregué tu carta a Adela, se la guardó para leerla cuando sea el momento. La has escrito muy bien, dices cosas muy bellas y con gran sentido. Se deja ver tu nobleza. Te volverás a salir con la tuya respecto a ella. Como con todo. Sí, con todo, verás como papá llega a tiempo, él será todo lo que tú quieras pero cuando dice algo lo cumple. Tú tenías a quien salir, con la suerte que has salido a él en lo bueno, en lo mejor que tiene.

Anda que no estás guapo hoy ni nada. Como siempre que estás satisfecho y contento. Se te sube la guapura cuando te sales con la tuya y te relajas. Mi niño, mi gordito, que me gusta que me dejes que te lo diga. Cuando te tocó la edad de ser arisco no había quién te lo dijera, me liabas un cirio si te llamaba así, pero cuando se te pasó esa edad has sido el hijo más cariñoso del mundo. En eso no tienes nada que ver con tu padre, tú me has compensado de todos los malos ratos con tu cariño tan espontáneo, tan auténtico. Te haré caso en todo. Todo se hará como tú quieres. Como siempre ha sido. Como cuando decidiste que no ibas a estudiar derecho y no hubo medio humano de convencerte. Te matriculaste en la carrera que tu padre no quería porque era la que te gustaba y la que te llenaba, no hubo otra opción, los cinco días que estuviste desaparecido de casa fueron demasiado para él. Lo malo fue cuando se dio cuenta de mi complicidad contigo. Sí, ya sé que te sentiste algo culpable, porque aquello fue el origen de una bronca descomunal, pero la cosa ya venía muy mal de atrás, los culpables éramos los dos, tú no tuviste nada que ver. Aunque esa culpa que te acompañó algún tiempo no era nada al lado del orgullo que sentiste. Tu cara era como la que tienes ahora. Como la que tenías cuando ganaste la media maratón. Como la que tenías cuando sacaste el primer curso en junio con todo sobresaliente. Como la que tenías cuando me presentaste a Adela. Como la que tenías cuando llegó, el otro día, la sentencia del juez.

Todo será como tú has dispuesto, no tengas cuidado. Sólo tu padre y yo, sí. No, no lloraré. Si acaso de alegría, por tener un hijo así, con un alma tan grande. Tenlo para siempre en tu mente, en tu alma: vivo por ti y seguiré viviendo por ti, la vida sin amor no es vida, y todo el amor que he conocido en mi vida ha venido de ti y a través de ti, hasta me has enseñado a quererme como nunca había sabido. No te preocupes, ya llega papá, verás que bien sale todo, déjame que te coja la mano, ya llega, en cuanto que tú lo ordenes avisamos al doctor para que te retiren el respirador.


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JOSÉ ANTONIO REPETO GONZÁLEZ,
es un autor de Jerez de la Frontera (Cádiz - España)
joserepeto[at]hotmail.com

ILUSTRACIÓN RELATO: Fotografía por Pedro M. Martínez ©




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Separata publicada con el n.º 34 de la Revista Almiar
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