¿Qué será de aquel castaño?

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Miguel Ángel Sánchez Valderrama

 

Como aquel castaño, donde los niños de mi misma edad me amarraron con cuerda, era como un juego, en ese gran castaño para mi imaginación infantil, en el patio del recreo de aquel colegio preescolar. ¿Jugaban a secuestrarme?, con apenas cuatro años que teníamos, creo recordar, en esa zona escolar junto a un gran parque público donde estaba mi residencia familiar. Mi madre se asomaba al balcón de un segundo piso para averiguar donde estaba realmente. No pasaban muchos coches, era un pueblo del cinturón industrial de Valencia. Mi hermano mayor frecuentaba unos billares, jugaba al futbolín, no me dejaba jugar por ser demasiado pequeño, tenemos una diferencia de edad de nueve años, son cosas de otras edades, pero si jugaba a la bicicleta, tropezaba contra árboles, personas, a toda velocidad que permitían mis fuerzas, tenía como una tendencia destructiva y autodestructiva, como suicida, aunque no pasaba por mi mente infantil lo que quiere decir suicidio, alguien que abandona el mundo para siempre, para unos un acto heroico y para otros un acto cobarde, yo no sé qué decir, si las gentes se suicidan es por algo, cada uno de nosotros somos un mundo, somos mundos diferentes, como la visita del Principito, el cuento ese, a cada planeta, cada ser humano se aislaba en su propio planeta, uno está de Rey en un planeta solitario, otro de contable o algo así, otro de apaga y enciende de farolas... eso recordaba. Ahora observo en mi imaginación los innumerables castaños que he visto en mi vida. Los castaños tienen troncos gruesos, o no. Los castaños tienen una gran copa. Podemos encontrar mucho en el campo. Y podemos sembrarlos en cualquier lugar. En lugares apropiados, claro, no podemos sembrarlos en Polo Norte ni en el desierto del Sahara, es evidente, como recordamos por esa especie de lógica que nos aplicaban los maestros de Ciencias Naturales en las escuelas en nuestras adolescencias, los castaños que ilustraban los libros de textos. Si se me viene a la mente la palabra Castaño es por ese recuerdo persistente de ser amarrado con cuerda por otros niños en el tronco de aquel castaño, ¿qué será de aquel castaño?, no lo he vuelto a ver, no sé si existe. O será más viejo. O habrá sido talado. Mi maestra esa del preescolar, no sé de qué iba, si era una asistente, o si era una maestra de educación infantil, no recuerdo bien, recuerdo borroso de una imagen de ella, alguien que realmente la sacaba de sus casillas, la sacaba de quicio, la prueba es que me castigaba a no salir al patio, encerrado en la clase, pero la sacaba más de quicio, me escapaba por esa estrecha ventana que está casi en la esquina del techo, y me iba, y no tenía conciencia de nada, deambulaba por las calles, como alguien no deseado por nadie, como hijo no deseado o algo así. Pensando en un maldito castaño me remite al recuerdo infantil. En la mentalidad infantil empieza a poblarse de árboles, pájaros, reptiles, animales varios, abuelos, cuentacuentos, maestros, juegos infantiles, una visión de la realidad diferente a la del adulto. En el cinturón industrial, lugares de pueblos dormitorios de trabajadores, lugares de naves industriales, lugares del tejido productivo como dicen los políticos en plan discurso y que recogen la prensa. Por ahí recuerdo cómo muchos trabajadores se manifestaban sindicalmente, también las cantidades ingentes de camiones de transportes, tenía una visión diferente que aquel que vive en el campo, veía coches, camiones, fábricas, naves industriales, parques, almacenes de lejías... en un almacén de lejías entraba con un niño gitano y recordamos que tiramos varias botellas de aquellas que estaban almacenadas, un trabajador nos amonestaron, eso no se hace, hacéis cosas peligrosas. Contacto con lejías, acequias. Nuestra mentalidad infantil se poblaba de esos conceptos. Como lugar de trabajadores, no tenían mucho tiempo para reunirse y hablarse entre sí, todos tenían algo que hacer, tenían el tiempo disponible para trabajar, y por eso no veía demasiada socialización en los parques ni en las fábricas, ni en los edificios. No sé, es como si uno naciera en una fábrica de lejías, por ejemplo, y no vieran demasiadas lagartijas ni saltamontes, sino botes de lejías, camiones, trabajadores con los monos puestos, mi padre era camionero, me montaba en la parte de atrás del camión, vivíamos en barrios prácticamente de clases trabajadoras, los niños del colegio público eran hijos de trabajadores, las gentes tenían una visión marxista de las cosas, una visión materialista de las cosas, conforme pasaba el tiempo, cambiaba de ciudades, y estuve en contacto con otras gentes, diferentes a las fábricas, camioneros, asfaltos..., y el marxismo hoy día como que ha pasado de moda, no tiene la influencia como tuvo en ese momento, desde la caída del Muro de Berlín, todo cambió en las mentalidades de esas gentes, el sindicato y el partido marxista tuvo mucha influencia en el lugar que nací, en la clase trabajadora... Bueno, no sé por qué me remite la imagen del castaño a esos recuerdos y reflexiones.

 

 

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