Lewis CARROLL

La mirada inocente

por
Carmen Lumière


Hoy puede resultar difícil imaginar lo que suponía hacer fotografías en 1860, menos de 40 años después de que la primera imagen fotográfica fuera obtenida tras varias horas de exposición.

...FROM his shoulder Hiawatha
Took the camera of rosewood,
Made of sliding, folding rosewood;
Neatly put it all together.
In its case it lay compactly,
Folded into nearly nothing
But he opened out the hinges,
Pushed and pulled the joints and hinges,
Till it looked all squares and oblongs,
Like a complicated figure
In the Second Book of Euclid.
This he perched upon a tripod-
Crouched beneath its dusky cover-
Stretched his hand, enforcing silence-
Said, "Be motionless, I beg you!"
Mystic, awful was the process...

...El proceso era místico, terrible. Así lo describió Carroll en «Hiawatha's Photographing», versión de «El canto de Hiawatha», una pretenciosa (así lo creía Carroll) epopeya de Longfellow, donde Carroll hace del irreducible y heroico Hiawatha un fotógrafo incomprendido.

Lewis Carroll amó la fotografía, amó la fantasía y tuvo auténtica pasión por las niñas, con las que fantaseó y a las que fotografió. Son fotografías de niñas serias, a veces se hacen las dormidas o están dormidas, pero en muchas de ellas las niñas miran al fotógrafo-espectador, sus miradas son inteligentes, cómplices, no están perdidas en el infinito donde los fotógrafos mandaban (y mandan) a sus modelos «no mires a la cámara», como si el modelo hubiera sido pillado en trance, privándonos de su mirada directa solo para nuestros ojos. Una de sus fotografías mas interesantes, el retrato de perfil de Alicia Lidell en actitud pensativa, continúa siendo una foto cómplice, no transmite la idea de una foto robada. Si tenemos en cuenta que, en aquella época, para hacer una de éstas fotos era necesaria una exposición de entre diez y treinta segundos, la complicidad del modelo resultaba totalmente imprescindible. ¿Cómo conseguía Carroll esa inmovilidad necesaria de sus pequeñas modelos? ¿Inventaba cuentos y juegos para que ellas estuvieran quietas?, cómo debía disfrutar de sus sesiones de estudio, preparando su cámara «de suave, flexible palo de rosa» y tirando de articulaciones y goznes hasta que el resultado parecía «una complicada figura en el Segundo Libro de Euclides» (tampoco debemos olvidar que su otra gran pasión fueron las matemáticas).

El verdadero nombre de Carroll era Charles Lutwidge Dodgson, tenía el título de «reverendo», pero no intentó conseguir el de «ministro», él se consideraba «prácticamente un laico». Permaneció soltero y parece ser que respetó las costumbres puritanas de la Inglaterra victoriana, su época, llevando una vida asexual. Es obvio que estaba a gusto en compañía de las niñas. También es evidente su amor por Alicia Lidell. No solo escribió a petición de ella Alicia en el País de las Maravillas (cuando quiso publicar el facsímile del manuscrito tuvo que pedírselo, ella era la señora de Hargreaves y tenía hijos), su foto de Alicia como «pequeña mendiga» es toda una declaración de amor, con una concepción muy moderna de la imagen, fascinante en cuanto a sus sugerencias y no puedo dejar de insistir en la complicidad que existe en esta fotografía entre fotógrafo y fotografiada. Sus retratos de niñas presentan unas estudiadas composiciones, según el gusto y las limitaciones fotográficas de la época, algunos presentan escenas campestres, en muchas ocasiones las niñas están disfrazadas.



Lewis Carroll; autorretrato (1856)

Podemos imaginar en aquella sociedad victoriana, tan rígida, cómo las niñas entre siete y catorce años representaban aire puro, frescura y espontaneidad (quizá los chicos eran demasiado bruscos y competitivos para llegar a fascinar al tímido Dogson). Podemos suponer cómo a partir de los catorce años, las niñas se iban convirtiendo en «señoritas», comenzaba la búsqueda de un marido y poco a poco, su fantasía y creatividad infantil iba desapareciendo entre convencionalismos y conveniencias. Podemos ver cómo era Alicia Lidell unos años mas tarde, en una fotografía de Julia Margaret Cameron.

Dogson no solo fotografió niñas, también hizo retratos de amigos y conocidos, fotocomposiciones y hermosos paisajes, un poco tristes y melancólicos, compuestos con equilibrio, ordenados, transmiten sensación de profundidad, personalmente, me gustan mucho sus típicos paisajes ingleses, se ha dicho que cuando un fotógrafo fotografía un paisaje nos está mostrando su paisaje interior.

Parece ser que, antes de su muerte, Dogson destruyó muchas fotografías, particularmente estudios de desnudos de niñas que había ido haciendo durante toda su vida. Esta es una de las razones por las que en los últimos tiempos, circulan contra él acusaciones de paidofilia. El tímido y ligeramente tartamudo reverendo sufriría mucho si lo supiera. El mismo, aunque era un hombre muy inteligente, debía tener profundas dudas, imaginamos que se sentía demasiado confuso y turbado mirando esas fotografías y quería evitar que provocaran esos sentimientos en otros, pero también podemos imaginar que quiso proteger sus fotos y sus niñas de miradas indecentes. Por suerte para él, en su época no solo contó con la amistad de las niñas, sino también con la de sus familias (y con su total confianza). Repetiré una vez más aquello de que la indecencia está en la mirada del espectador. A mí me parece una lástima que las dudas de Dogson nos hayan privado de ver sus fotografías de desnudos infantiles, estoy segura de que serían tan hermosas como las otras.

Podemos imaginar a un hombre solitario, atrapado en una época dura, puritana (como la nuestra), en la que difícilmente se puede escapar de los inquisidores que buscan la indecencia propia en los ojos ajenos. Carroll escapó de ellos entonces gracias a su fantasía, su libertad de pensamiento y su inteligencia (¿cómo se explica, si no, la forma en que todos aceptaron encantados las evidentes y duras críticas a la sociedad victoriana que contenía su libro Alicia en el País de las Maravillas?).

Con la misma libertad de pensamiento debemos ver ahora sus fotografías, notablemente inmersas en su contexto, Dogson se consideraba a sí mismo «un artista fotógrafo», como su Hiawatha, (the intense deliberation of a photographic artist) en la época en que la polémica de si la fotografía era o no era arte aún no se había planteado.

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IMÁGENES CABECERA Y ARTÍCULO (orden descendente): Alice Liddell, Lewis Carroll [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons | Alicebeggar, Lewis Carroll [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons | Lewis Carroll Self Portrait 1856, Lewis Carroll [Public domain], via Wikimedia Commons | Henderson Annie and Frances (Lewis Carroll, 07.1879), By Photograph taken by Lewis Carroll, then coloured by Anne Lydia Bond on Carroll's instructions [Public domain], via Wikimedia Commons.


VÍDEO

Alice in Wonderland (1903)
(By Cecil Hepworth and Percy Stow (YouTube) [Public domain], via Wikimedia Commons)



Página de la autora: http://es.geocities.com/carmenlumiere


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