Mirar un cuadro...
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Muchacha en la ventana, por Salvador Dalí (VER IMAGEN)

AUTORES PUBLICADOS

CARMEN LÓPEZ LEÓN · ROXANA HEISE VENTHUR · IVÁN HUMANES
APRIKOT · ALCIRA · JOSUE BARSA · G. COIMBRA · ROMERO · JOSÉ L. LÓPEZ BRAVO · LUIA · ZARITA · SIMONE · MARTA PLAZA FERNÁNDEZ · FERNANDO JAVIER · CLAUDIO ATTARDO · LUIS TORREGROSA



MUCHACHA EN LA VENTANA

Se había apeado en la pequeña estación desierta. El invariable reloj de todas las estaciones, mostraba la perezosa hora de la siesta y el pueblo se extendía hacia arriba suspendido en la quietud de la calina.

Una calle recta se empinaba sugiriendo el único camino que parecía posible. Los olivos y los almendros se extendían mansamente alrededor del andén silencioso.

La calle estaba jalonada de zaguanes oscuros y frescos que se adivinaban tras las puertas entornadas y las rejas se dibujaban en las paredes encaladas con sus trazos perfectos.

Arriba había un azul inmóvil y el sol perpendicular no proyectaba sombras.

El hombre comenzó a ascender calle arriba, sus pasos se perdían sobre el empedrado. Nadie parecía haber advertido su presencia, nadie parecía estar esperando su llegada.

Sin embargo, él estaba seguro de haber concluido su viaje, de encontrarse precisamente en el lugar que tantas veces había imaginado, donde ella estaría aguardándole asomada a la ventana y se daría la vuelta para sonreírle abiertamente, y al fin conocería su rostro, ese rostro dibujado mil veces en su mente a partir del cabello recogido en la nuca, a partir de la silueta de redondeces tiernas y domésticas, que se adivinaban entre las trasparencias del fresco vestido veraniego.

El pueblo vacío encajaba en su sueños, al final de la calle estaría la Iglesia en una plaza rodeada de casitas bajas con balcones en hierro forjado y contraventanas de madera pintada.

En una de aquellas casitas habría una habitación también vacía y una ventana desde donde se vería el mar.

La plaza estaba allí, los escalones de la Iglesia en piedra con las huellas de varios siglos y el airoso campanario con su azulejería de tejas
que brillaban.

La puerta de la casa entreabierta, invitando a traspasar el umbral. En la penumbra una escalera tendida hacia la claridad que venia del piso superior.

Subió con premura los peldaños, ¿qué nombre debía pronunciar para llamarla?. Le vino uno a la mente: Gavina (1), no podía ser de otra manera, Gavina,,, Gavina..., comenzó murmurándolo y al final lo pronunció en voz alta y su voz chocó contra las paredes enjalbegadas y desnudas de la casa.

La habitación, la ventana, las cortinas rayadas que la brisa suave hacía ondular, y el mar, tan apacible y el cielo tan azul.

Gavina, mi Gavina, pero la muchacha no se movía de su contemplación reposada, acodada en el alfeizar serenamente fundida con el paisaje azul, con las cortinas de rayas azules, con su vestido liviano de listas azules, destacando tan sólo el oscuro cabello ondulado que se agitaba suavemente.

Gavina..., y el hombre se acercó a la ventana, el mar lo atrajo con su fascinación eterna, el cielo azul lo deslumbró con su luz mediterránea, y se encontró a sí mismo asomado a la ventana, sólo, siguiendo el vuelo de una gaviota.

(1): «Gavina» significa gaviota en catalán.

CARMEN LÓPEZ LEÓN



SIN TÍTULO

Perdida en la espesura del océano, atrapa el otro extremo de la
tierra en el humor vítreo de sus ojos. Tras ultrajar las ventanas de par en
par, como una loca que corre a reencontrarse; cada mañana bebe la esperanza de existir, en algún sueño de algas y delfines. La niña que la habita no quiere abandonar a la mujer de caderas ondulantes como olas, que se deja besar la piel por el aire salino, hasta extasiarse. Hasta romperse en mil partículas de sol y de horizonte.

ROXANA HEISE VENTHUR
roxanaheise[at]entelchile.net



SIN TÍTULO

Un azul de espuma y secretos, se mece en los ojos de Magrite.
Sereno, el mar contempla la sonrisa de la mujer mientras devuelve a sus hijos a tierra. Los pescadores del pueblo descargan la mercancía, viva de azul todavía y los niños ya juguetean en el improvisado puerto. La mañana se ha despertado de una noche de excesos y Magrite recuerda una canción infantil, deja que el aire le roce, que la piel toque a la piel, que los colores se fundan con el sol, que la floristería de la esquina abra, que Marc, el joven de los encargos, ejercite sus músculos de nata mientras saca las rosas y los jazmines a la mañana. Una brisa transparente, de susurros y placeres, recorre las calles de la ciudad, desde la floristería hasta el centro, pasando por la ermita, por el faro, de allí a la botella de los mendigos de la plaza Mistral y una vez acariciados todos los gatos del pueblo hasta el puerto, hasta la ventana de Magrite. Sus labios besan la brisa. Celoso, el mar mueve su cuerpo fresco intentando desviar la mirada de Magrite. Las mujeres van a la compra y discuten en corros. Los pintores ya se acercan a la playa con sus telas.
Mientras, Magrite decide comprar jazmines blancos.

IVÁN HUMANES BESPÍN
ivah[at]telepolis.com



SIN TÍTULO

Empieza el mes de Junio, me pregunto si es un sueño el azul que ven mis ojos. El cielo, el agua, mi vestido; no me imaginé que tan pronto iba a regresar a éste lugar, ni siquiera que aún existiese la casita colgada en la lomada de Erque. Llego, me quito el uniforme, abro las puertas y ventanas..., la humedad impregna la ventana, al abrirla siento la bocanada de la brisa que me despeina y me cierra los ojos, me los froto hasta que adapto mi visión a la claridad del día !me gustaría vivir en Finlandia!, allí en verano la noche no quiere llegar, pienso en fotografiar ésta imagen, entro hacia la salita y me asomo a la ventana de nuevo, no vaya a ser que mi paisaje sienta la soledad del que no quiere estar solo. Pasan los minutos, podría estar una hora sin moverme..., estoy acompañada, el cansancio se difumina, guardo mis ratos de soledad para compartirlos con éste azul que me vio crecer.

APRIKOT
SEAYWAVE[at]terra.es



SIN TÍTULO

Recorro el horizonte costero, poblado de paredes encaladas y ventanas soñolientas... Tropieza mi mirada con tu imagen, ninfa apenas asomada a la luz. No me ves, ni siquiera sabes del ojo intruso que se ha apoderado para siempre y sin embargo, ¡tan efímeramente!, de tu presencia recortada por el trazo egoísta del pintor, que tampoco me permitirá existir..., aunque esté aquí, en la proa, agitando desesperadamente mi brazo, llamándote con voz de viento, apretado en el punto blanco de mi barca, que nunca verás...

ALCIRA
alembi[at]hotmail.com



SIN TÍTULO

No entiende o no lo cree. Se le ha olvidado que murió allí mismo,
a donde mira: la mar. Que ya no lo busques le digo, y ella que
no me mira porque sus ojos ocupan la esperanza de verlo
salir entre las olas.

JOSUÉ BARSA
josuebarsa[at]hotmail.com



SIN TÍTULO

Como tantas tardes de sudor y siesta, te espío emboscado tras el humo del cigarro. La grupa inquieta, los pies nerviosos, distraes la espera restregándote impaciente los tobillos. Siento, una vez más y a pesar del tiempo, la burbuja del deseo que puja desde mi vientre al imán de tu vestido. En un juego perverso, me complazco en incitar mi ansiedad paseando deleitosamente la mirada por la tenue tela, guardando para el final, como un trofeo, la transparencia de esa íntima hendidura cuya tibieza bien conozco.
Con mil precauciones abandono el sillón, procurando que el gemido del mimbre no te distraiga, y me acerco a ti como un furtivo. Lentamente, con dedos expertos, separo el pelo de detrás de tu oreja y dejo al descubierto el fino bocado de nácar y seda que aguarda mi tributo. Recorro con los labios su humedad y, en el trance de tu olor, entre el cosquilleo de tus rizos, contemplo tu mar hasta que los ojos me duelen. Y me duelen de mirar sin ver, de mirar sin alcanzar el porqué de tu fascinación por esas aguas quietas, casi femeninas, por ese mar hermafrodita que admite los dos géneros: el mar..., la mar...

Sin comprender, por no perderte, he aceptado este ménage à trois que me impusiste desde el primer día. Tu mar. Tú. Yo. Él te encela y yo te calmo. Cómplices involuntarios penando culpas en la galera de tu cuerpo. A la anochecida bajaremos como siempre a la caleta. Y de nuevo seré espectador privilegiado de tu desnuda entrega a sus caricias. Te lamerán sus mil lenguas, cubriéndote con la saliva de su espuma. Mecerá tu cuerpo, haciéndote gozar con su vaivén de olas. Disfrutará adentrándose en todas y cada una de tus oquedades. En la orilla, desfalleciendo, esperaré anhelante mi turno de intervenir en el ritual. Y cuando, benévolo, te devuelva a mí, le dejaré participar en nuestro abrazo acompasando mis envites al ritmo de sus olas. Sus jadeos de guijarros en la resaca se unirán a los nuestros.

Envidiará nuestra unión, impotente ante nuestra materia. Su inmensidad acatará mi triunfo. Y yo no querré saber si la imagen fija en tu pupila dilatada, en el último estallido, es la suya o es la mía. Me da igual. Lo acepto todo. Somos tres. Tu mar. Tú. Yo.

G. COIMBRA
guiomar[at]club.lemonde.fr



SIN TÍTULO

Tal como ayer invades cada minuto solar.
Imagina:
flameaba feliz al viento sur y norte,
ahora cabizbajo,
apenas un viento extraviado,
desordena mi imagen
y se presenta como si fuera un desconocido,
un afuerino a tanto romanticismo inquieto.
Y odio al mar que le confié tus ojos,
o dibujé tu pelo con sus olas,
y su sonido era inconfundible voz,
cristalina-azulada en medio día,
o gris en mi siempre enamorado ocaso.
Sepa usted que lo le amé todo el tiempo,
así como el horizonte invisible
se adueña por completo de la luna llena
que se entrega en algún espacio
de la madrugada...

ROMERO
manusilva13[at]hotmail.com



DIME

Te pregunto mar, si en tu infinito agitado escondes respuestas. Te pregunto, si has visto mi vida. Responde desde tu azul eterno.

¿Y mi muerte?

Desde siempre te conozco y cada día te oigo nuevo.
Hasta el final te tendré conmigo, me escucharás paciente pero vivo, y a
mis confesiones devolverás tu calma inquieta. Eres firme, amigo.

JOSÉ L. LÓPEZ BRAVO
infobit[at]telefonica.es



SIN TÍTULO

Fue en otra luz, de tonos pastel, cuando decidió abrirse al día. Pujó hasta salir de su propia ausencia, deslizó la pesadez de su sangre hasta la transparencia más cercana.
Así, vestida con viento de ningún lugar, entregó su desgano a la belleza serena del paisaje. Entonces soñó —o creyó soñar— en las distintas dimensiones de un espejo, vio cómo el agua reflejaba la parte irreal de la vida, prolijamente dibujados sus aires, sus colores y hasta su perspectiva.
Percibió el engaño y lo encarnó en ella misma. Volviendo en sí, se comprendió fuente y agua de tanta mentira.
La verdad transformada en brisa fresca la retuvo inmóvil un tiempo.
Apoyada sobre el marco de la ventana descansó su cuerpo, sostenida por la luz nueva del asombro desprendió su duelo, imbuida de tanta claridad, lloró en silencio.

LUIA
luzmas2[at]yahoo.com.ar



SIN TÍTULO


Por favor, Marianita, ¿me permites que venga a asomarme a tu lado? Si estás tan triste como ayer, para animarte te contaré historias maravillosas de príncipe azul, de brujas buenas y de hadas malas, de gatos que hablan y de sueños que se realizan. Y oiré de nuevo tu risa de cascabeles como cuando éramos unas niñas felices y sentiré de nuevo contra mi cuerpo el calor del tuyo como cuando todavía tenía ganas de vivir y te gustaba tanto mirar el mar.

CONSUELO
Laxuana[at]yahoo.es



A MI HERMANA

A bierta está la ventana sobre
E l eterno vaivén
de las olas
I ntimas de tu cuerpo,
O ndas de deseos a flor de piel,
U niverso oloroso de promesas
Y a palpables bajo el velo,
A na María...

(HE rmana mía
HI perbólica,
HO stiario de la
HU manidad).

ZARITA
zahara[at]correo.nu



CHIVATO


«Oye, mamá. ¡Mamá!, ¿sabes lo que está haciendo Ana María?
¡La he visto, mamá! No está limpiando los cristales, está escupiendo
sobre la gente que pasa por la calle...».

SALVADOR

SIMONE
ssab568005[at]aol.com



SIN TÍTULO

Sigue mirando como cada mañana, cada tarde, cada momento. Esperando que el mar le devuelva el eco de su voz perdida, que tal vez le
susurre al oído aquel «niña» que no ha vuelto a oír desde que él marchó.
Esperando, de pie, apoyada en el alféizar, dejando que sus sueños truncados se enreden con su pelo que revolotea al compás del viento.
Los labios cortados de ese mismo viento que trae briznas de sal y oleadas
de aire marino que tantos recuerdos trae...

...y ella sigue esperando, en la ventana, esperando ver un barco que
atraca, un bote que encalla, un sueño que regresa.

Hace tiempo que no baja a la playa, desde aquella noche, recuerda, esa
noche en la que sus cuerpos compartieron sudores, revoltosos sobre la arena. Una de esas noches en las que la luna es cómplice y acaricia con sus rayos, pero no ha crecido del todo, tal vez porque además de cómplice es discreta. Una de esas noches en las que hay risas y gemidos, en las que los cuerpos se funden y parecen ser uno sólo, una de esas noches en los que te sientes tan pleno que parece que algo nuevo esté naciendo en tu interior...

Y efectivamente, así fue, y esa noche algo nuevo empezó a nacer en el
interior de esta chica que hoy contempla la ausencia tras la ventana. Porque ese cuerpo que se revolcó con ella sobre la arena dejó de compartir risas con ella al saberse responsable de una nueva criatura que crecía en la tripa que había acariciado, besado y lamido. Y el dueño de ese cuerpo se lo llevó lejos, una mañana muy temprano, cuando empezaba a clarear, en un bote que partía y dejaba atrás las risas, los sudores, la luna cómplice, los sueños rotos.

Ella lo vio irse desde el mismo en el que hoy espera. Tras la ventana.
Pero entonces miraba en silencio..., hoy la acompañaba un llanto suave que llega de una pequeña cuna a su lado. Hoy..., son dos los que esperan.

MARTA PLAZA FERNÁNDEZ
bellegacelle[at]hotmail.com



SIN TÍTULO

Viendo este cuerpo de mujer desde una perspectiva en la que
amablemente oculta su rostro a quien la observa, puedo sentir su mirada y la expresión de sus ojos, por mucho que se empeñe en darme la espalda.

A través del reflejo de la superficie marina ofrece a mi imaginación el
color de su iris; a mi conciencia el ardiente deseo de sumergirme con ella
en esa superficie de espuma ondulante, compartida con ISIS a través de sus ojos y los míos.

¡Ah, si pudiera estar ahí, por un solo instante compartiendo las finas
telas de un incomprensible lienzo con esa desconocida!. Porque ella y yo
sabemos -y todo aquel que observa detenidamente este cuadro dejando a un lado los pensamientos definidos- que el misterio del eterno femenino siempre será un misterio. Si le diera la espalda a la mar, entonces el cuadro moriría. ¡Para eso ya tenemos la Gioconda, la Venus del espejo y la Venus de Milo!

FERNANDO JAVIER
fernandojavier2002[at]hotmail.com



SIN TÍTULO

Ella en silencio, con su prudencia callada, me invita a mirar y
recibo su hospitalidad, la de soñar, como un ciego frente al mar, «silencio
o verdad» estoy a su lado y aparto el teclado.

Estoy aquí como parte de este sueño, soy parte de este juego...

CLAUDIO ATTARDO
claupat[at]arnet.com.ar



RECUERDOS

La otra orilla, aquélla que da color a mi mirada, que me reúne contigo,
tan lejos y tan cerca. El mar, la mar, espejo y frontera de nuestras vidas,
surco infinito de infinitas luces, cristal donde se hunde la mirada. Apenas
hay distancia y ¡estás distante! Descanso aquí, en el alfeizar de mi
presente, guardando con celo los visillos que nos vieron besarnos y
perdernos. Hoy la paz, ayer la guerra de los cuerpos. ¡Cuanto la añoro!

LUIS TORREGROSA
togalu[at]hotmail.com



LEE LO PUBLICADO SOBRE LA PINTURA DE: Edvard Munch

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