Mirar un cuadro...

sentir una historia


por Carmen López León



De nuevo presentamos una obra de un pintor cuya popularidad nos exime de una reseña biográfica, ya que su vida ha sido objeto de numerosas publicaciones y películas muy interesantes.

La controversia suscitada por la patología mental que, indudablemente, sufrió y que le llevó, en sus últimas consecuencias, al suicidio, sigue despertando el interés de los estudiosos de la sicopatología, ya que se barajan hipótesis que van desde el diagnóstico de epilepsia con que se le etiquetó en sus diferentes ingresos en hospitales mentales, al de esquizofrenia, psicosis maniaco-depresiva y trastorno mental orgánico a consecuencia de la intoxicación por el plomo que contenían las pinturas que utilizaba.

Por la categoría y la belleza del texto en el que se combina la valoración de su obra con el estudio de personalidad destacamos el trabajo de Jaspers en su libro Genio y locura (1949), y entresacamos del mismo las siguientes líneas:

«Si lo que nos proponemos caracterizar es la técnica pictórica de Van Gogh, habremos también que recordar que dicha técnica no constituye sino una parte más dentro de un conjunto, por lo que cualquier afirmación que, al respecto, hagamos puede resultar disparatada si se la toma al pie de la letra y sin referirla a las demás circunstancias del caso.

Lo que más llama la atención en esta técnica, es una manera que, a partir de 1888, emplea cada vez con más frecuencia, hasta convertirla en rasgo predominante de su estilo: la descomposición de la superficie cromática en una serie de toques de pincel ajustados a formas de una gran regularidad geométrica, pero de una enorme variedad. No se trata ya solo de pinceladas en forma de rayas o semicírculos, sino de líneas ondeadas y espirales, de trazos que recuerdan guarismos seis o tres de la grafías de la caligrafía arábiga, de ángulos, de cruces. Estas formas se repiten y modifican casi insensiblemente, todo a un tiempo, sobre amplias superficies. Todavía hace más variado el efecto de estos rasgos el hecho de que están dispuestos, no solo paralelos unos a otros, sino también en forma radial, describiendo arcos, etc. Ya de por sí, esta particular estructura de las pinceladas proporciona una extraña animación a los cuadros.

Los colores resplandecen como lumbre. Combinándolos de una manera complicada y misteriosa, el artista consigue efectos cromáticos de una viveza e intensidad casi increíbles. Van Gogh no se detiene en los matices ni en las gradaciones, ignora la atmósfera, sus planos se ordenan en una perspectiva estrictamente lineal; pero, a pesar de ello, la sensación de presencia, de realidad es total. El milagro es que esta realidad atormentada nos deje una sensación tan prodigiosa de verdad. El artista tiene una necesidad de realismo tal que se limita a pintar, ni más ni menos, el mundo inmediato que le rodea; es este mismo mundo el que llega a adquirir categoría de mito, al hacerlo trascendente acentuando su realidad».

La obra que presentamos está realizada, concretamente, al inicio de esta etapa creativa, la más fecunda del autor, antes de que el inexorable avance de la enfermedad deteriorara, en cierta manera, la factura de sus lienzos y cuando ya ha logrado un estilo personal.

Terraza del Café de la Place du Forum, fue pintado en septiembre de 1888, a la vuelta de su estancia en Paris, pertenece al grupo de cuadros que representan escenas al aire libre pero de entornos urbanos, tal era el gusto de la época, retratar la vida de la ciudad en sus distintos aspectos. Aquí comienzan a aparecer sus cielos estrellados que constituirán un tema frecuente en sus obras posteriores.

Hay una articulación geométrica de los elementos, con un juego de líneas horizontales, verticales y diagonales que proporcionan un punto de fuga en el centro del cuadro, lo que indica una trabajada composición.

Utiliza una gama de colores complementarios entre el azul nocturno y el amarillo que tanto le había impactado a su llegada a la Provenza, y las pinceladas son variadas en función de la zona representada.

Inicia ya la búsqueda de una forma personal utilizando la expresividad del color y la gama cromática como soporte de sensaciones y de valores abstractos. La expresividad es su mayor objetivo y su mejor logro.



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Imágenes: Ilustraciones: (arriba) Gogh4, Vincent van Gogh [Public domain], via Wikimedia Commons -Terraza del Café en la Place du Forum, año: 1888 (septiembre), técnica: óleo sobre lienzo, ubicación: Rijksmuseum Kröller-Müller Otterlo
| Vincent Van Gogh 0011, Vincent van Gogh [Public domain], via Wikimedia Commons - Dormitorio de Van Gogh en Arlés (1888), técnica: Oil on canvas, ubicación : Van Gogh Museum (Amsterdam).

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