Rodrigo Matías Díaz
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poemas

 

Día a día,
algo me consume y me mata;
es tu amor vida mía, una vil trampa.

Si me voy;
¡ay!, ¡que dolor en las entrañas!;
el puñal de tu perfume;
enterrado en mi cama.

Si me quedo;
¡ay!, !que placer y exquisita gracia!;
las gotas de felicidad,
impregnadas en tu ventana.

Si me voy o si me quedo;
del dolor y de la felicidad yo no me quejo;
si me voy te amo más;
y si me quedo, ¡te quiero!
 


 

La gloria, tu beso


Tu eres mi guirnalda oculta;
la rosa de mi aliento;
la maravilla de mis ojos;
y la pena de mi sufrimiento.

Sí, tu eres mi cruz,
y mi silencio;
eres la soberana de mis noches;
y la dueña de mis sueños.

Eres la luz de mi alma;
y la fuerza de mi acento,
mantienes en un candil mi esperanza;
y ardiente al jazmín y al jilguero.

Aun ante tu altar,
siento agonía y celos,
de los besos profundos;
que te hacen arrastrar por el suelo.

Por mucho que pasen los años;
no se borra lo que esta impreso,
¡mi amor es gala;
y la gloria, tu beso!



El Pobre poeta enamorado

Yo te he querido tanto;
en ese lugar, en ese recinto;
verás los clavos de mis manos;
y arriba alumbrando tibiamente;
verás a mi corazón acuchillado.
Ni tu ni yo;
debemos encontrarnos,
ni tu suplica ni tu ruego;
conseguirá el perdón de este idiota romántico.
Vete amada mía;
vete despacio,
reza a Dios como nunca;
¡que yo me estoy desangrando!
 


Pluma vacía

Un polvo sutil cubre los muebles,
el aire solo trae marchitos recuerdos,
los amables rincones de la casa
no tienen nada;
ni tampoco el jardín y el huerto.

Sé que el agua
se ha podrido en los floreros;
mientras veía si alguien ponía tinta fresca en el tintero.
Y aquí mi pluma vacía y vieja
se acuerda a veces de algunas estrofas y algunos versos.

Hasta las flores me parecen ásperas,
si las toco con mis dedos;
me consumo, me derrito,
me deprimo;
que de tanto cansancio,
hago tres pasos y me voy a mi lecho.

Yo sé que algo busco;
pero no lo encuentro;
hasta ahora he topado con mi corazón,
tirado como una viña por el suelo.
Sé que afuera la primavera brinda;
lilas, rosas y jilgueros;
pero solo desde el umbral las veo brillar en los cercos.


Mas ¡ay!;
que mis brazos quieren estrujar algo;
saltan, intentan,
y solo atrapan sombras vanas en el vuelo.
Este poco encanto de mis horas de sueño;
que me brinda pensamientos húmedos de un hondo terciopelo.

!Que dirección tan angustiante,
las horas de tu vigilia y las de tu dueño;
tu ausencia me ha dejado vagando;
y sólo sigo en pie
por mi alma, que aun te sigue esperando!
 




Stella


Buenos Aires,
entre el jazmín y el ciprés;
entre la lluvia y el llanto.

¡Qué sola Stella;
qué sola que estás entre los nardos!

!Qué sola Stella;
qué sola estás entre los naranjos!

Por la tarde,
oyes cantar a los pájaros;
mientras apagas la sed,
de las flores de tu patio.

Oyes mientras
tejes lentamente,
mi suspiro lejano;
que rápidamente de envidia, ahuyenta el gato.

¡Qué sola Stella,
qué sola que estás entre los nardos!

¡Qué sola Stella,
qué sola estas entre los naranjos!

¡Stella,
qué sola estás;
pero aun así qué difícil es, ¡decirte te amo!
 


El porteño y el andaluz

Laura está cantando;
en su iluminada puerta.

El porteño la mira,
desde el balcón;
y el andaluz desde la azotea.
Con las pupilas ardientes,
siguen el amoroso
ritmo con la cabeza.

¡Laura está cantando;
en su iluminada puerta!

Inmóviles, clavados;
la contemplan.
Con la ilusión hecha eterna,
de felicidad le lloran a la tierra.

¡Laura está cantando,
en su iluminada puerta!
¡Ay! Laura,
¡belleza tanguera, belleza flamenca!
 


Gitano querido
A Federico Garcia Lorca


Yo aquí te canto,
gitano querido,
yo aquí te canto,
querido Federico.
Se te vio,
lleno de vida,
desde chiquito,
con valor, valentía,
siempre dispuesto a combatir el frío.
Yo aquí te canto,
gitano querido,
yo aquí te canto,
querido Federico.
No le viste
la oscuridad al cielo;
con valor,
mataste al miedo.
Yo aquí te canto,
gitano querido,
yo aquí te canto,
querido Federico.
Hasta en los puntos mas altos,
se vio tu estrella,
¡eres un ejemplo de luz,
que ahuyenta a las nieblas!
Yo aquí te canto,
gitano querido,
yo aquí te canto,
querido Federico.
En la tierra,
donde caíste,
se llora tu ausencia;
¡en tu Granada querida, las flores se mezclan!
Yo aquí te canto,
gitano querido,
yo aquí te canto,
querido Federico.
Fuiste el narrador,
de grandes historias gitanas;
en la noche de madrugada,
¡las flamencas te extrañan!
Yo aquí te canto,
querido Federico,
con alma, con vida;
yo te canto, maestro querido.

 

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RODRIGO MATÍAS DÍAZ es un joven escritor bonaerense. Sus poemas anticipan un mundo de madurez y de buen hacer literario, inspirado en la lectura: «...tengo referentes en la poesía, que son: Gustavo Adolfo Bécquer y Federico García Lorca, ellos son mis mayores ídolos, y espero que pueda cada día hacer una poesía atrapante, sencilla, romántica, tradicionalista, como ellos lo hicieron...».
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* Ilustración poemas: Fotografía por Pedro M. Martínez ©
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