Rock andaluz

Muchos recordamos todavía al conjunto andaluz que sorprendió con un disco que revolucionó el rock llamado «con raíces», y de paso algunas convenciones sobre la llamada «música moderna». Después de El Patio (1975), ya nada fue igual para el rock en Andalucía y en España. Incluso se acuñaron términos, definiciones y palabras para poder explicar el nuevo sonido a medias entre el canto del muecín y el cante jondo; entre la guitarra flamenca y el rock al uso de los King Crimson y compañía.
La prematura muerte de Jesús de la Rosa, alma mater del grupo, interrumpió trágicamente el lento languidecer de una música que había nacido del y para el corazón y que supo conmover el espíritu colectivo de la sociedad española, que andaba en ese tiempo buscando alternativas a la negrura de 40 años de opresión cultural, social y política. Preguntarse ahora sobre si hubiera sido posible TRIANA en otro caldo de cultivo social, resulta, quizás, ocioso, aunque muchos pensemos que es la sociedad la que determina en gran parte al artista, y no al revés; sin embargo, algo tuvo que ver, seguramente, la generosidad de sentimientos y el deseo de búsqueda de la libertad personal y colectiva presente en tantas personas durante esta década prodigiosa y atropellada, en la respuesta arrolladora a los discos de TRIANA.

(Esta página de homenaje al grupo sevillano es reedición de la que originalmente se publicó en 1999. Algunos documentos contenidos en aquella han sido eliminados).

Triana, en 1975

Festival Pueblos Ibéricos
El Patio

Con los tiempos que corrían, y tal como estaba la incipiente industria discográfica en España, editar un L.P. de música «distinta» era una tarea más que difícil. No fue una excepción en este sentido El Patio, primer vinilo puesto en la calle por Triana después de mucho esfuerzo. Los componentes del grupo no eran nuevos dentro del mundo de la música (Jesús de la Rosa llegó a cantar en una versión crepuscular de Los Bravos y Eduardo Rodríguez todavía vivía de los réditos del éxito con Los Payos), hecho que seguramente ayudó a la publicación del disco que, sin embargo, fue adquiriendo notoriedad a través de un proceso de boca a oído, y dentro de los ambientes marginales del momento.
Conviene precisar que hablar de marginalidad, en el año 1976, es hablar de numerosas capas de la sociedad española enfrentadas a un sistema cultural y político dictatorial. Así, El Patio fue conociéndose a través de las gramolas, las reuniones de los progres y conciertos en salas de escaso aforo, teniendo su publicación, en ese momento, un escaso relieve comercial.
Este hecho, con toda probabilidad, marcó a El Patio, como un disco de culto, algo prohibido, que llegaba a las manos de quien lo escuchaba precedido de noticias clandestinas («en Andalucía pasaba algo...») y comentarios sobre sus letras y músicas «profundas», «distintas»... y libres.
El Patio, de esta manera, se convertía en una de esas obras que tienen muchas lecturas, que dependen de los acontecimientos que rodeen al «lector» para comunicarle una gran diversidad de sentimientos. Por supuesto que el fenómeno no hubiera sido posible si la música y las letras del disco no hubieran sido realmente importantes, no hubieran conectado con la necesidad de muchos de escuchar el mundo más o menos como era, y no cómo se quería contar desde el poder.
Canciones como En el lago bien pudieron servir para fumar un canuto, soñar con un mundo nuevo o pensar en algún amor...
Ayer tarde al lago fui/ con la intención de conocer algo nuevo/ nos reunimos allí y todo comenzó a surgir como un sueño/ creo recordar que por la noche/ el pájaro blanco echó a volar/ en nuestros corazones/ en busca de una estrella fugaz (Jesús de la Rosa).
Lagos y pájaros blancos... ¿quién podía dar más? El cóctel de los sueños y de la ilusión estaba servido entre guitarras, teclados y una extraordinaria percusión.
Por cierto, aquel verano de 1976 un accidente de automóvil segaba la vida de Cecilia, la gran cantautora española de principio de los setenta. Ocurrió cerca de Benavente (Zamora), cuando el vehículo en el que regresaba de una gala en Galicia, chocó contra un carro de labranza.

Hijos del agobio... y del dolor

Con una cuidada producción y enorme éxito salía a la calle el segundo L.P. de TRIANA. Aunque no fue emitida por la radio, la canción "Rumor" se convertía en éxito rotundo. Palabras sencillas que llegaban directas a lo jondo («la guitarra a la mañana le habló de libertad»), con un extraordinario ritmo musical, en especial la guitarra eléctrica de Antonio Pérez. La voz de Jesús de la Rosa parecía escucharse desde un mitin sideral, donde toda la basca celebraba el encuentro con un nuevo mundo. De fondo, España chirriaba y caían, una tras otra, las paredes del «bunker».
TRIANA incluía en este L.P. un instrumental ("Recuerdos de Triana") de Tele Palacios, el batería, que fue poco valorado en su momento, pero que, desde la distancia de los años, recrea con brillantez el sentimiento de confusión esperanzada que se palpaba por todas partes. En la carpeta del disco se recoge que Miguel A. Iglesias colabora en esta pieza como «voces de ambientación y desahogo microfónico»; casi imposible una precisión más exacta sobre los tiempos que corrían.
En esta misma línea, Eduardo Rodríguez se adentraba, con su voz desgarrada, en una especie de testimonio ético ante el futuro ("Del crepúsculo lento nacerá el rocío"), que dejó sin respiración, seguramente, a más de un marxista ortodoxo de la época,
Desde los surcos del vinilo, en fin, salen unas palabras directas que pueden comprender muchas personas, combinando de forma extraordinaria una visión intimista y pasional de la vida con sentimientos más sociales, más abstractos; vale la pena detenerse un poco en la letra de Sentimiento de amor para descubrir el potente mecanismo de comunicación que contenía la poesía de Jesús de la Rosa.
El día que yo salí/ en busca de mi vida y de mi yo/ algo grande sentí en mí/ cuando miré hacia atrás/ y dije adiós ...
Los tiempos de la actitud de ruptura con el pasado, quizá se fueron. Y la sensación de que cualquier gesto distinto de lo establecido o rutinario era una aventura importante, posiblemente también; sin embargo, ¿qué seríamos capaces de dar por sentir algo grande dentro de nosotros? Desde luego, esta pasión interior es imposible de encontrar en el anaquel de un hipermercado.

Sombra y luz

SOMBRA Y LUZ Y VUELTA
A LA SOMBRA Y LA LUZ


Una esquina cualquiera
y bajo la luz de un farol
unos jóvenes, hablan
y se cuentan sus vidas.
La ilusión de aquel
amor.
Sueñan con ser grandes
con ser importantes.
Qué más da
pero sólo queda un poco más tarde
la luz del farol
para alumbrar
tu soledad.

Otros L.P.

Un encuentro (1980) y Triana (1981)

Acordes y tablaturas de canciones de Hijos del Agobio y El patio, por José Casado y Antonio J. Aparicio (archivo .zip)

...llegó el día

Jesús de la Rosa murió a las seis de la tarde del 14 de octubre de 1983, cuando el automóvil en que viajaba se estrelló contra una furgoneta, a unos diez kilómetros de Burgos. Regresaba hacia Madrid, después de actuar en el País Vasco a beneficio de los damnificados por unas inundaciones.
Después de este trágico hecho, TRIANA se separa y... comienza la leyenda.

Ya no siento que me ahoga la nostalgia
y estoy muy cansado de llorar
ya no importará más quien gane
y no quiero de esta fuerza escapar
volaré por las estrellas una a una
en el brillo de tu cara y tu mirar
y pediré al sol que toda mi fortuna
sea un rayo perdido en alta mar.

Sin saber que ya no me vale
sin saber que ya no me sirve.

Ahora siento que llegó el día
en que tengo ganas de vivir
de atravesar los muros y ruinas
que aunque pase el tiempo están ahí
y florecer como un hombre nuevo
sin miedo a las tragedias por venir
regalarle a la vida todo el fuego
de tus ojos y tus ansias de vivir.

Y he vestido la aurora
con rayos de sol
y en los cabellos prendida
llevaba una flor.

(1983)

(Manifiesto de Eduardo Rodríguez Rodway sobre la utilización de la leyenda de Triana)