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Ángeles Charlyne


Líquido
Desde el paradero oculto de la tristeza... se condensa la lágrima que no ha podido ser vertida en su momento.

Era tanto, mi desorden emocional, que acepté la invitación aunque confieso que me pareció extraña la propuesta. Miranda lloraba sobre una cama de agua. Álvaro lo hacía, desde el jardín, donde las plantas crecían en enormes canteros vidriosos repletos de agua. Paseé por la cocina. Rosa maleaba un bollo líquido. Jaime, con la vista enrojecida, daba últimos toques a las paredes transparentes. El piso, con su humedad de lágrima, irradiaba felicidad; pregunté cuál sería mi tarea. Alguien, acuoso, me alcanzó una escalera, diciéndome: —Sube y deja la suciedad sólida del mundo, luego... tu llanto será alegre como el nuestro...




Puertos

Silencioso, solitario, el puerto bebe el último rocío que un viejo navío, dejó escapar con el resto del empuje, que lo llevó a desmayar en las aguas.

La barca lanzó amarras, viajera cansada de ahogos se detuvo. El olor a puerto fue ruta segura para hallar calma. El viento regresó, buscándola, furioso. Celoso por demoras, soltó sus sogas. La desenfrenada nave se perdió en aguas celestes. El oleaje sacudió el punto casi inexistente de la silueta, envolviéndola con espumosas caricias. El puerto, amigo de soledades, lloró la infinitud de otras esperas. Algunos pescadores cayeron, como la noche, lentos, obstinados, perseverantes, aplastándose contra el muelle de la fe. Los peces que picaron el anzuelo del engaño, giraron como trompos sobre el suelo de la muerte.


Contigo
Cuenta conmigo, escuchó alguna vez en forma de música. Supuso entonces, no ya ahora, que el compromiso debía perdurar. Olvidos del hombre y de los ciclos.

La fotografía casi viraba al sepia. Era cruel el ojo del objetivo. Lo bueno estaba detrás del primer plano. Ellos se veían bien, enteros, ciertos, veraces y capaces de cambiar el mundo. Por lo menos el suyo. Eran la pareja perfecta. No los unía ni siquiera la ideología. Estaban en esa guerra, sólo por amor. No se lo podían contar a nadie. ¿Quién les creería? Eran una guerrilla más, en el frente de las guerrillas. Soberbios, construían la inmortalidad desde ese amor que los tenía juntos. Sólo con mirarse, todo estaba bien; se tomaron de las manos esposadas y saltaron del avión, el río y las pirañas tenían hambre.


Emigrar
Deberemos violar el recorrido para zambullirnos, rápidamente, sobre el cielo acolchonado que espera...

Hay un lugar donde emigra el pájaro de la angustia; donde se iza pacífico un cielo; donde el sol matiza plumajes descoloridos por vientos represores; donde la luna lustra el brillo de la oscuridad; donde los cazadores desisten de usar bengalas de muerte. Mas allá de las formas que tenga el nuevo destino: botella, ángel, mar, zapato, la esperanza emparenta con el misterio de la fe; juega sus fichas color de expectativas. Hacia ese mundo de puertas abiertas, el ave migra, sobrepasando fronteras de agobios, se enreda en los hilos de otras aguas, violándolas y volando sobre la cabeza gacha del mapa que se queda...


Sueldan
He bajado la mirada para que duela menos, soldar la junta de tu mirada...

El hombre manejaba el instrumental como si fuera un bisturí. La punta engarzada en oro, marcaba la superficie. Ansioso, esperaba la transmutación, cuerpo y espíritu unidos, como el alquimista frente a la piedra filosofal. Los tintes azules, rojos y amarillos, eran preferidos para colorear piezas principales, teniendo en cuenta además, la elemental geometría que utilizaba Kandinsky. Los círculos parecían embellecer aún más la obra. El vitralista circulaba por el cristal, munido de su arma dragonesca, sellando el camino de fuegos y amurallando, con líneas estañadas, la forma de la mujer que, extasiada, lo miraba...


Milagro
Un milagro puede salvarnos...
Una luz es vida... puede que también muerte, si es así ¿hay atajos para zafar?

Preparé la cámara, dispuesto a encarcelar imágenes. Había viajado a la Pachamama convencido que el sueño puede llegar. Una india, esmerilada por el sol y los años, casi estatua de piedra, deslizaba sus manos ágiles con precisión sobre el telar... eran arañas tejiendo hilos al viento. Sin su autorización, por supuesto, enfoqué y le disparé. El flash estalló y la sorprendió, tratando de resguardarse... ¡Claro! ...tarde. El grito desgarrador rompió el instante...

¡Hombre...! ¿Cómo te has atrevido a robarme el alma...?


Una silueta blanquecina a la que llamé Milagro emergió desde el piletón del laboratorio.


Fuerzas
El ojo de la tormenta libera la visionaria e implacable luminosidad de la mirada... cuando el relámpago sella sangriento el firmamento...

No hay agua... ¡no sé qué está ocurriendo! —le dijo Luis a su esposa, retirando, resignado, el balde del aljibe. El campo devastado por la sequía alojaba la prisa de la muerte. El ganado agonizaba sobre pastizales de paja. El molino quejoso, aspiraba sólo la humedad calurosa del verano. Las aspas habían detenido sus brazos de furia. Los pueblerinos no entendían cómo ellos seguían con vida. Una masa de aire fresco subsanó por un momento el tiempo del aguardo. El ojo de la tormenta sacudió esquirlas sangrientas sobre la tierra abandonada. Los tonos rojos bañaron paisajes de muertes nuevas...


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ÁNGELES CHARLYNE nació en Monte Buey, provincia de Córdoba (Argentina), el 2 de mayo de 1956. Reside en Lomas de Zamora, Buenos Aires. Argentina. Es escritora y pintora. Realizó talleres de escultura y fotografía, entre otros, referentes a las artes plásticas y visuales. Poeta y narradora. Fue consagrada Primer Premio Poesía en el «III Certamen Internacional de Poetas y Narradores Contemporáneos 2002», organizado por la Editorial «DE LOS CUATRO VIENTOS». Ese mismo año publicó Vitral (poesía).
Ilustró cuentos del escritor y periodista Carlos Parodíz Márquez (revista Sudestada). En la plástica, expone Integrante de «SURARTE» -Artistas Visuales-, con sede en Lomas de Zamora.
Actualmente es columnista colaboradora con su espacio «La lengua en la cornisa» en el sitio web del diario La Unión.


sin @ para evitar el spam Contactar con la autora: angelescharlyne(a)hotmail.com

Estos microcuentos son parte de la obra Siete veces 7 que originalmente contiene 70; los mismos tienen la particularidad de llevar un título de siete letras, un breve texto introductorio y un desarrollo de siete líneas (en el documento original).