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Cosmología de aldea
Esteban Lijalad

Soy el tonto de la aldea, o de la tribu, para ser más preciso. El brujo Awaca dice que no valgo para nada, sólo para molestarlo con preguntas raras, y las más extrañas teorías.

Como soy tonto, nadie me ha enseñado nada: ni cazar, ni recolectar frutos, ni cocinar, moler mandioca o hervir mazorcas, ni hacer cestos ni mucho menos, a construir casas o reducir las cabezas de nuestros enemigos, los malditos Gaguguros, que viven del otro lado del Gran Agua Mississipia. Nadie pierde el tempo conmigo.

Así que no hago nada: sólo pienso. Miro el mundo y pienso.

Y le hago preguntas al viejo Awaca, que pese a poner cara de fastidio, me tiene cariño a su manera, brusca.

Jefe le pregunto, ¿usted dice que el mundo siempre existió no?

Sí, Wacato.

Y que los dioses crearon la serpiente, la hicieron copular con la tierra y de allí nacieron los cangrejos. Y que un cangrejo copuló con la diosa Atwacaca y de
ahí salio el primer Hombre Valiente,
¿no?

Sí.

Y que la Luna y el Sol son hijos de la Madre Tierra

Sí.

Mire esto.

Agarré un guijarro, lo arrojé a la quieta laguna y entonces hubo una agitación en el centro del agua y de ese centro emergieron círculos perfectos que se alejaban sin deshacerse, cada vez más hasta casi desaparecer en la grandura.

¿Y?

Eso fue lo que pasó, pienso; un enorme dedo como la piedra que arrojé, quebró una vez la tensa película invisible del Espacio, que era como el agua quieta de la laguna y allí nació el Universo: se hizo visible, se desgarró la tela tensa que existía, que esperaba sólo la ocasión para explotar en un Gran Ruido. Eso es el Universo: las ondas circulares que se alejan de la explosión inicial; y en una de las casi infinitas gotas estamos nosotros, El Mundo y los Hombres Valientes.

Estás más tonto que de costumbre, Wacato. Además, en la laguna ya no se mueve nada.

Es que no entiende la escala viejo con todo respeto: en el cosmos esto sigue ocurriendo desde hace incontables lunas; estamos viajando por el espacio, desde hace millones de millones de lunas.

Ve a hacer tu penitencia y que no se hable más por hoy.


Me quedé con ganas de exponerle otras teorías raras de mi cabeza, a saber:


Uno, que es tonto suponer que la Tierra parió al Sol y que éste gira alrededor nuestro. Me parece que es al revés: el que tiene la luz tiene el poder; el Sol es el que manda aquí, es evidente. Ni nuestra Madre Tierra ni la Luna, son fuentes de luz y calor: son hijas del Padre Sol. Giran, imagino, a su alrededor como pollitos a su Gallina.


Dos, somos hermanos de la Luna (que no es un plato llano sino que se nota por las sombras es como un durazno, redondo). Por lo tanto, nuestro mundo no es plano como piel de Búfalo, tal como lo dibuja Awaca, sino pleno como la Hermana Luna. Creo que puede ser recorrido para todas partes y que, seguro, hay mucha más tierra más allá del Gran Agua Salada donde desemboca el Gran Agua Dulce.

Nadie vio qué hay más atrás de las Montañas Madres del Agua Dulce pero imagino que habrá un Agua Salada grande y Pacífica. Si no nos preparamos, creo que es posible que algún día llegue a esta llanura gente distinta proveniente vaya a saber de qué tierras, y estemos en problemas.


Tres, que de ninguna manera los Hombres Valientes descienden de los cangrejos, sino que, supongo, todas las formas animales y las plantas, los infinitos insectos, búfalos, cerdos o tapires provienen de un pequeño Núcleo Originario. Así como el Universo proviene de un Gran Ruido primero, la vida proviene de una pequeña gota de gelatina o de grasa, un Pequeño Huevo inicial.

Y creo que algunos animales muy grandes de los que a veces recogemos huesos han desaparecido ya. Habrán habido muchos animales desconocidos, seguro, antes que los Hombres Valientes llegaran al Mundo. No fuimos los primeros.


Tengo más teorías (sobre cómo exactamente unas especies cambian a otras, a lo largo de los añares; de cómo fundir hierro para fabricar lanzas; de cómo calentar agua y usar ese vapor para mover cosas fundidas en hierro, redondas como lunas; de cómo calcular bien las superficies de los terrenos para evitar problemas en las herencias; y de cómo hacer para curar algunas enfermedades que nos diezman, entre otras).

Pero, por ahora me las guardo en mi tonta cabeza o, mejor, las escribo en estos pergaminos que escondo en la Piedra. Quizás algún día tengan importancia.



(Dicen las leyendas que un Pergamino fue hallado por un vikingo de los de Eric el Rojo, quien lo vendió a un anticuario inglés en 1254. Fue hallado en Génova hacia 1480, y vuelto a perder. Galileo, dicen, guardaba copia de él; y Newton; y Darwin; y Marx, y Freud; y, cuándo no, Leonardo Da Vinci).

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ESTEBAN LIJALAD, (Buenos Aires, 1950), es sociólogo. Han aparecido cuentos suyos en badosa.com, Revista Letralia, en Parnaso.com y en Tumbaabierta.com. Ha ganado, además, algunos premios (Mis Escritos 2003, Audiolibro 2005).

Ilustración relato: Fotografía por Pedro M. Martínez ©