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La calle de Miraflores
Jordi Buch Oliver


«Un hombre escribe para expulsar el veneno que ha acumulado
debido a su estilo de vida falso. Está intentando recapturar su inocencia, pero todo lo que logra hacer (escribiendo) es inocular el mundo con un virus de su desilusión. Ningún hombre pondría una sola palabra en un papel si tuviera el coraje de vivir aquello en lo que creía».
(Henry Miller)

Paseando por ese mundo que Henry Miller
describió en su novela Trópico de Cáncer

Si en el mundo hubiese una calle tan indecente que no fuesen ni a mear los perros, esta sería, sin duda, la calle de Miraflores: una calle llena de olvido, de pobreza, de desaliño, y de hedores pestilentes que rezuman por todos los rincones y que se pegan como la mugre que va recubriendo sus paredes con enormes hongos como si sus ladrillos de barro fueran de pan enmohecido.

El día es gris..., enormemente gris: con sus nubes, sus paraguas, sus gabardinas y sus adoquines resbaladizos. Todo, todo gris.

Estoy al fresco, en el balcón de mi casa, y mirando a la vecina de enfrente que anda desnuda, y algo más fresca que yo, y medio escondida entre los visillos blancos de su ventana que bailotean con la brisa..., una jodida brisa que no despega los visillos de su cuerpo ni tan siquiera cuando resoplo con mis pulmones como si fuera un ventilador para darle algo más de aire a esos jodidos visillos. Úrsula —mi vecina se llama Úrsula—, es una señora de cabellos lacios y negros, con la piel muy clara, y con unos ojos grandes y verdes como dos aceitunas tiernas.

De Úrsula, no sabría muy bien qué decir porque apenas la conozco. Desde luego, somos amigos, pero, amigos en la distancia, y, eso, suena algo raro porque la distancia que nos separa es muy corta: tanto o más corta que nuestra amistad. Úrsula, sin embargo, siempre se deja querer..., en la distancia, claro. A veces, me desconcierta porque sabe que la estoy observando con todo descaro..., y, desde luego, soy algo descarado porque la calle es muy estrecha y no tengo reparos en dejarme ver. De hecho, estoy a tiro de piedra y sería un blanco perfecto si quisiese sacudirme con una de esas hermosas macetas que adornan su balcón con geranios floridos. Y..., así ando yo: haciendo florecer también mis deseos cada vez que ella se mueve entre las sombras y esas jodidas dobleces de los visillos que se agarran a su piel como si fuesen esos mismos demonios que hacen bailar mi imaginación.

Anochece..., lentamente..., muy lentamente; y las luces de las farolas se van encendiendo y salpicando las aceras con puntitos de color que parecen guirnaldas de verbena que se pierden a lo lejos de la calle.

Úrsula, se ha metido en su habitación; pero la brisa sigue corriendo entre los visillos blancos de su ventana que bailotean como si fuesen suspiros de deseo. Y puedo sentir ese deseo..., y también el sabor de su piel que se ha quedado pegado entre los pliegues de los visillos. Y respiro profundamente..., muy profundamente para ahogarme de aire, de su aire, y absorber el olor de su desnudez como si fuera un cerdo hurgando en las miserias de mis deseos.

Úrsula ha encendido la luz de su habitación: una triste bombilla que cuelga del techo con un cable eléctrico retorcido y aterciopelado de polvo. La observo, entre las sombras de los visillos, y entre los brillos amarillentos de esa jodida bombilla que me deslumbra. Úrsula se tumba en su cama, desnuda, y apaga la luz.

Me quedo solo en el balcón y con la brisa de la noche que, poco a poco, va corriendo algo mas fresca por la calle..., y no es la única fresca que, a esas horas, empieza a correrse la calle. Con algo de frío, me abrigo con un jersey de lana que me hace sudar al momento. A eso de las diez, y bajo la tenue luz de unas farolas que a duras penas se aguantan en pie porque están medio torcidas y golpeadas, se van formando pequeños grupitos de señoras: todas ellas con bolso y con mucho color, pero con poca cosa más. Mientras tanto, los primeros vampiros de la noche empiezan a volar haciendo algunos titubeos tontos antes de apostarse en una u otra farola. Luego, unos y otros, hablan de amor y de dinero: de sus cosas.

Lentamente..., muy lentamente, van pasando las horas y las farolas se van quedando vacías. Al amanecer, sólo hay papeles, alguna que otra botella, y algunos globos pinchados que todavía escupen algo de felicidad.

En la habitación de Úrsula, se enciende la luz. Son las seis en punto de la madrugada y, como cada día, se levanta, se da un baño, y se viste. Luego, se asoma a la ventana y mira a sus geranios que florecen hermosos. Entre la brecha de cemento que separa las dos aceras, y en lo alto de los tejados de las casas, se ve un pedazo de cielo. El cielo está gris, como siempre.



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JORDI BUCH OLIVER nació en Mataró (El Maresme; Barcelona) en el año 1957.

Actualmente reside en Mataró y se dedica a trabajar en su obra literaria (tiene cuentos publicados en los Estados Unidos, Israel, Italia y Argentina). A los 13 años estudió en el Liceo barcelonés las carreras de guitarra y piano y con 28 años escribió su primera novela: Carla Tucci, con la que quedó finalista en Madrid. Desde entonces se dedicó al periodismo trabajando en la radio: Cadena 13, y también en la prensa escrita: Correo Catalán y Avui. Tras veinte años de dejar la literatura para dedicarse a la música, ha vuelto a escribir y desde el 2003 ha ganado 23 premios: Víctor Mora, Emili Teixidor y Joan Arús de novela, entre otros. También ha ganado premios internacionales en Madrid, Cerdeña y Argentina.

Como escritor, ha tratado todos los géneros de la prosa, desde la narración breve: Històries d’un piano desafinat, coses del lloro, taxi plujós o l’enterrament del senyor baró, hasta la novela: Per les vores de dues pells, y A trenc d’alba.

Libros publicados:

Novelas:
Per les vores de dues pells (novela - edición: abril 2004 - en catalán) y A trenc d’alba
(novela - edición: abril 2005 - en catalán).

Obras compartidas con otros autores:

- El matí i altres contes

(relato corto - edición: 2003 - en catalán).

- Els germans carolyi i dotze contes més

(relato corto - edición: 2004 - en catalán).

- Parking i dotze contes més

(relato corto - edición: 2005 - en catalán).

PÁGINA WEB DEL AUTOR: http://www.jordibucholiver.cat/

Ilustración relato: Fotografía por Pedro M. Martínez ©