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Única presencia
Jesús Zatón

Al principio la figura le había pasado desapercibida. Apenas ocupaba un minúsculo espacio en la totalidad de la fotografía, algo así como una ligera sombra junto al arranque de una de las callejas que atravesaban la gran avenida.

Regás Cueto se enfrentó de nuevo a la difusa mancha en la que acababa de distinguir la silueta de un perfil humano. En realidad, nada extraño… a no ser que era la única presencia que se podía distinguir a lo largo y ancho de la avenida. Ni un coche, ni un viandante, ni siquiera un triste perro husmeando en los contenedores de basura, Nadie… salvo aquella figura.

Durante una fracción de segundo pensó que había tenido suerte: una instantánea en la que, por arte de birlibirloque, una calle por lo general abarrotada de vehículos y de gente, aparecía desierta. Suerte, esa era la palabra, suerte de plasmar con su réflex un instante de inesperada magia. Tal vez —se dijo—, alguna ayuda invisible había dirigido su mano para hacer que fotografiara aquel momento tan único e inusual.

Y, sin embargo, la sombra de una sospecha emborronaba su dicha: ¿qué pintaba aquella figura, alta y un tanto desgarbada, en el sepulcral silencio de su fotografía?; ¿por qué estaba allí, justo allí?

Los desafíos no encajaban bien con su naturaleza pragmática y bien ordenada, ni con su sentido del orden. Se sentía satisfecho y seguro teniendo cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa; satisfecho y seguro por saber que el mundo se regía por leyes que, por supuesto, respondían a una lógica predeterminada e inmutable.

Trató de poner nombre al cruce del que salía el sujeto.

De nuevo la duda: ¿Salía… o entraba? Se le antojó que el detalle no carecía de importancia. El tipo estaba en posición frontal, como si mirase a la cámara o… como si estuviera posando para la foto.

De nuevo Regás Cueto se reprochó el pensamiento por lindar con lo absurdo: ¿Cómo iba a saber aquél tipo que estaba siendo enfocado con un objetivo? Había tomado la instantánea desde la azotea del hotel y resultaba ridículo pensar que alguien, desde la avenida, hubiera notado su presencia.

Buscó algún indicio aclaratorio. Resultaba difícil determinar con exactitud a qué o a quién miraba aquel tipo, y mucho más hacia dónde dirigía sus pasos. Tal vez simplemente pasara por allí. Tal vez llevara horas junto al cruce, esperando a que la gran avenida se vaciase por completo.

Pero, ¿quién podría imaginar siquiera que una calle tan transitada iba a quedar segundos después absolutamente vacía? Ciertamente nadie, a no ser que el hombre estuviera dotado de poderes paranormales, poderes en los que, naturalmente, no creía.

Acercó el papel con el fin de identificar el cruce. Pese al esfuerzo, ningún nombre llegaba a su cabeza, incluso le asaltó la sospecha de que la calle nunca había estado allí…y, sin embargo, la fotografía no podía engañarle… ¿o acaso podía?

Pensó que su mente comenzaba a jugarle malas pasadas y desechó de inmediato la idea por ilógica e irracional.

Tratando de no dejarse llevar por los nervios se ajustó los lentes y escudriñó escrupulosamente cada detalle de la imagen.

Una extraña inquietud que se manifestó primero como sorpresa, después como un cosquilleo en la punta de los dedos y más tarde como perplejidad, comenzaba a invadirle.

Sin embargo, su creciente inquietud no se debía tanto al enigmático cruce, ni siquiera a que la gran avenida apareciese inusualmente desierta, sino a una repentina intuición, una sospecha que como un remolino letal comenzaba a dar vueltas alrededor de su mente y pedía ser comprobada con urgencia.

Se acercó precipitadamente a la mesa del despacho y se hizo con la lupa que acostumbraba a utilizar para verificar la calidad del grano o las pequeñas imperfecciones, apenas perceptibles a la vista, de las fotos.

La lente aumentó varias veces la solitaria figura y Regás Cueto no pudo reprimir una exclamación de asombro e incredulidad.

La prueba era concluyente: el solitario transeúnte que aparecía en su foto, era él mismo.


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JESÚS ZATÓN. (Ribabellosa; Álava - 1956) es licenciado en Bellas Artes, catedrático de dibujo y fotógrafo. Ha realizado numerosas exposiciones de pintura. Ilustrador y escritor de libros infantiles-juveniles ha publicado una treintena de libros en este campo.

PÁGINA WEB DEL AUTOR: http://www.jesuszaton.es/

ILUSTRACIÓN RELATO: Fotografía por Pedro M. Martínez ©