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Siempre contigo
Mercedes Cortázar

Cuando Ixte se me acerca me levanta en vilo, su cuerpo emite una descarga eléctrica que me hace vibrar con corriente de alto voltaje. Mi cuerpo deja de pertenecerme, entonces, y no entiendo sus reacciones; es como si estuviera en una montaña rusa, sin poder controlar mis movimientos, emociones o pensamientos.

No soy la única persona que siente esto. Pertenezco a un grupo —el Club de París— que Ixte electrifica y mueve a su antojo; su mayor placer es desarmar, vencer en esa lucha física en que agrede con las emanaciones de su cuerpo ultra sexual. Ixte mata con sus miradas y resucita con sus sonrisas. Los demás existimos como seres individuales hasta que nos encontramos en su presencia, pues entonces recibimos su influencia y giramos al ritmo de su luz.

Nunca he girado alrededor de nadie. He buscado a la muerte incesantemente para definirme frente a ella y quitarle ese miedo que desmaya a los demás. No he temblado frente a la muerte; sin embargo, Ixte ha sido un animal que no he podido enfrentar sin temblar.

Busco ese temblor como si fuera una droga. Cuando mi cuerpo se estremece, la vida cobra un nivel de intensidad que torna todo trascendental. Las palabras adquieren tal peso que existen por sí mismas y revelan múltiples significados; las palabras pasan por un pasadizo de resonancias donde, aterrados, escuchamos las verdaderas palabras del Ser, que tan pronto nos crean como nos destruyen.

El cuerpo de Ixte es perfectamente clásico y su rostro geométricamente perfecto. Ha estudiado la hermosura del Arte, y tal parece que se la ha apropiado como su derecho de pernada; pero su estallante vitalidad introduce algo violento en la armonía de ese clasicismo: es salvaje, animal. Sus ojos verdes brillan con la intensidad de una fiera en la noche de la jungla, y su forma absoluta de amar es desesperadamente rapaz.

Ese nivel de exagerada rapiña crea Ixte alrededor de su persona, además de diversos y desaforados niveles metafóricos. Los crea sin querer, como una emanación de su erótico ser. Si el corazón tiene sed de plenitud y ansia de infinito horizonte, Ixte se convierte en su hueco negro.


II

Ahora nos encontramos frente a frente en un piano bar. El encuentro es fortuito, aparentemente, porque nada es accidental en la vida de Ixte. Puedo estudiar su rostro, que me recibe con un gesto expansivo de incorporación. Si la fascinación de esa cara estribara en su belleza, todo sería muy simple, pero su belleza es el más sencillo de sus juegos de artificio.

Ixte me sonríe y decidimos sentarnos cerca del piano que vibra con los acordes románticos de un jazz.

—¡Qué extraño es todo! —me dice—. Tú eras la última persona que deseaba encontrar.

Esa descortesía, en su labios, suena como halago. Mis sentidos, conscientes del privilegio de advertir a Ixte en un momento de realidad, y no en el sueño de la memoria, se agudizan, se afinan al máximo para registrar su persona en todo su esplendor, sin que quede ninguna de sus dimensiones por ser apreciadas, saboreadas y deglutidas con extremada gula.

La increíble acumulación de información que llega atropelladamente a mi cerebro me precipita en un estado de estupor, de anonadamiento, que Ixte conoce tan bien y que, sutilmente, desprecia.

Ixte se levanta de súbito de la silla y puedo ver sus muslos tensos bajo el pantalón ajustado. Su torso, tostado por el sol, se revela incitantemente bajo la casi transparente camisa de vaquero. Se marcha entre los que bailan y regresa al rato con dos tragos. Pone un vaso frente a mí y se sienta a saborear el licor. Es típico de su personalidad no preguntar lo que quiero beber y traerme exactamente lo que deseo.

Tomo mi trago casi de un sorbo y me levanto de la mesa. Miro la pista, mientras Ixte se levanta y me precede en el movimiento de avanzar hasta el grupo que baila. El jazz se ha convertido en una canción brasileña que la cantante que toca el piano transforma en una caricia sensual.

Ixte baila en su acostumbrada forma brusca y bestial, mientras el grupo de la pista se aparta para dejarle sitio.

Bailo frente a este ser sin poder participar de su embriaguez de vida, de su vibración orgiástica de Amor y Sexo. Temo despertarme de repente y encontrarme en mi cama soñando con este baile y este piano bar: pero es realidad. Bailamos. Me pierdo en sus ojos verdes y siento en mi misma piel el sudor que le corre por sus sienes.La música se torna hipnótica: —Siempre contigo, siempre contigo— repite la cantante, en portugués, con una voz grave que el micrófono proyecta y hace rebotar contra las paredes.

Detrás de Ixte veo una figura que se acerca con algo brillante en la mano derecha. Aunque estamos en penumbra puedo reconocer el rostro de uno de los pobres diablos obsesionados por Ixte, uno de los miembros del Club de París. Se mueve mecánicamente al acercarse a nosotros y vislumbro, bajo el reflector rojo que nos ilumina desde el techo, la forma plateada de una pistola.

Sé de la implacable obsesión de esta persona que apunta un revolver a la espalda de Ixte, y siento compasión. Busco, de nuevo, el verde de los ojos de Ixte que, al escucharse la detonación, paulatinamente va cediendo espacio al negro de la pupila dilatada. Mi único terror es que esa bala demente que nos dispara el Amor se detenga en una de las costillas de Ixte, pero siento un amoroso alivio cuando el proyectil que ha atravesado su cuerpo penetra fácilmente en el mío. Traspasado mi torso por la bala que ha hendido a Ixte, no tengo tiempo de lamentar no haber podido llevar el baile al jugueteo erótico de la cama. Siento gran piedad por quien nos dispara porque sé que sólo tendrá soledad hasta el fin de sus días; soledad, más Ixte en su memoria.

Yo me llevo a Ixte conmigo y me aferro al verde de sus ojos hasta que, sin poder evitarlo, me absorbe totalmente la tierna negrura de sus pupilas, precipitándome, de un golpe, en el abismo.


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MERCEDES CORTÁZAR ha publicado poemas, cuentos, relatos, ensayos y hace crítica literaria en español, inglés y francés, principalmente en revistas y periódicos de España, Estados Unidos, Francia e Hispanoamérica. Fue asesora poética de la editorial Farrar, Straus & Giroux, en Nueva York, para la traducción al inglés de la novela Paradiso, de José Lezama Lima. Entre sus publicaciones destacan: Deux poèmes (Osmar Press, Nueva York, 1965) y La Afrodita de Cnido, Edizioni di Amatori, Nueva Orleans, Estados Unidos, 1991.
Dirige el portal literario Expoescritores:
http://www.expoescritores.com/.

ILUSTRACIÓN RELATO: Jackie Martinez silhouette, By Mark J Sebastian (Jackie Martinez (#11464)) [CC-BY-SA-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0) or CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons.