La casa del mirador ciego,
de Herbjørg Wassmo

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María Aixa Sanz



La casa del mirador ciego (Nórdica Libros) de la escritora noruega Herbjørg Wassmo, es una novela exquisita. Lectura balsámica que se queda prendida en la piel como el salitre, ora tempestuosa como la mar brava, ora calma como la belleza serena, infinita, suspendida de los fiordos noruegos. La casa del mirador ciego transcurre en una isla de los fiordos «donde todo llega al menos con cinco años de retraso con respecto a Oslo…», tal como aseguran los habitantes de ésta. Habitantes parcos en palabras, recelosos, pescadores y trabajadores de la pesca de resistencia absoluta y costumbres arraigadas. La casa del mirador ciego es una novela de mujeres, femenina y feminista, contada desde la perspectiva de éstas. Narrada desde su mirada, su corazón, su estómago y sus agallas. La narración oscila en un eje de tres vértices Ingrid, Rakel y Tora. Dos hermanas y la hija de la primera. Aunque el alma, el hilo conductor de toda la historia, la cenicienta de este cuento es Tora. Una muchacha a la que jamás podremos olvidar. Tora nos acompañara durante toda la vida junto a la belleza de la prosa de Herbjørg Wassmo que convierte tanto lo bueno como lo malo de la existencia humana, en un relato acogedor con una prosa hecha de poesía.

Los suelos no crujían, la puerta no se entreabría. Solo el sonido de flauta, la luz a través de la nieve y la frágil sensación de seguridad…

Los hombres en esta novela son los malos, solo hay algunos hombres buenos. Pero aquí encarnan la maldad, la suciedad, la peligrosidad, la atrocidad. Para huir de esa peligrosidad que encierra algún que otro hombre la niña muchacha Tora se evade, vuela contándose sus propias historias, dibujándolas en el aire hasta que un día como un ráfaga de aire revitalizante llegan a la isla una familia nueva de la mano de otra mujer: Randi y de su hijo sordomudo, descubre el poder de los libros, el poder de evasión de la lectura.

Cuando Tora leía se le pasaban casi todos los males. Era como salir desde Storholmen y los pilares del muelle y remar hasta mar abierto…

Pues Tora necesita para sobrevivir como todas las mujeres de la isla un gran subterfugio consolador pero esta niña muchacha, si acaso, todavía lo necesita más. No es suficiente con lo que le toca vivir en su propia casa, hecho que calla, que oculta, para no destaparle a él, al ser atroz, sino que además debe vivir con el oprobio de saberse hija de un soldado alemán, motivo de burlas, de injurias. Pero ella como una pequeña guerrera le sonríe a la vida y dibuja soles donde hay nubes, sonrisas donde hay lágrimas. Tora es una niña vieja pero está cargada de sueños y es capaz de tirar de su madre, Ingrid, e ir al salvaje y libre rebufo de su tía Rakel.

Tora miró a su tía preguntándose si se sentiría mal. Era extraño, pero nunca había pensado que la tía pudiera tener debilidades. La tía siempre salía bien parada, tenía buen humor y una lengua rápida. Siempre conseguía deshacer los entuertos y tornar blanco el negro…

Tora. Tora. Tora. Niña vieja que podría estar cargada de traumas nos da una lección magistral de vida, de reinventar la realidad, de salvarse a uno mismo, de creer en los sueños y recrearlos una y mil veces en la imaginación y con palabras.

Tenía más historias en la cabeza de las que podía recordar, solo le hacía falta pasar allí un rato. Algunas de ellas eran insufriblemente emocionantes, otras compartían el principio, pero acababan distinto. (…) Las historias estaban ahí, ya acabadas, junto a las paredes, entre las sombras de los muebles de cajas, entre las vigas del techo. En las más bonitas siempre había un padre que regresaba…

Tora es tan tierna, tan humana, tan fuerte que no hay lector que la pueda olvidar cuando la conozca. Tora existe, está aquí junto a nosotros. Herbjørg Wassmo ha creado con Tora uno de los personajes femeninos más inolvidables de la literatura universal de finales del siglo XX. Un personaje que traspasa la piel, con el que respiramos cuando ella respira. Tora vivirá en nosotros con su característica dulzura y su tremenda solidez, mientras esperamos la publicación por parte de Nórdica Libros de los volúmenes siguientes de esta trilogía.


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Herbjørg Wassmo (Vesterålen, 1942). Escritora noruega. Es una de las escritoras más importantes de los países nórdicos y el éxito le llegó con su primera novela, La casa del mirador ciego, primera parte de la trilogía de Tora: (La casa del mirador ciego; La cámara silenciosa y El cielo cruel). La casa del mirador ciego fue nominada al Premio de Literatura del Consejo Nórdico y obtuvo el Premio de la Crítica. Con la segunda parte ganó el Premio de los Libreros y, finalmente, en 1987, consiguió el premio del Consejo Nórdico con el último libro de la trilogía. Herbjørg Wassmo recibió en 1998 el Premio Jean Monnet. Entre sus obras destaca la trilogía de Dina que fue llevada al cine en 2002. La herencia de Karna cierra esta epopeya con Mi pecado sólo te pertenece a ti, El peor de los silencios y Las mujeres tan hermosas.



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María Aixa Sanz

(España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas El pasado es un regalo (2000), La escena (2001), Antes del último suspiro (2006) y Fragmentos de Carlota G. (2008). En mayo de 2008 publica el ensayo El peligro de releer, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro La escritura del no que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

Web's de la autora: Fotografías en la pared y Reseñando

- Ilustración artículo: Salon du livre de Paris 2011 - Herbjørg Wassmo, Por Thesupermat (Trabajo propio) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], undefined; vía Wikimedia Commons.

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