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1001 pinturas que hay que ver
antes de morir.
Las artes silenciosas

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María Aixa Sanz


La Editorial Grijalbo nos ofrece, este diciembre, una especie de milagro, un libro de Stephen Farthing, titulado: 1001 pinturas que hay que ver antes de morir.

¿Cuál es el milagro?

Yo les respondo.

Es juntar a las dos Artes Silenciosas: la literatura y la pintura.

El súmmum del arte es aquel que es capaz de seducirnos en absoluto silencio.

Penetrando en nuestra alma, corazón y cuerpo por el sentido de la vista.

Sólo hay dos artes que son capaces de remover nuestros cimientos y cambiar el rumbo de nuestras vidas en silencio.

Las dos disciplinas a las que alguien llamó Artes Silenciosas son: la literatura y la pintura.

Capaces las dos de calar en lo más hondo de nuestro ser y de transmitirnos un mundo entero sin que nadie alce la voz, pronuncie una palabra, realice un gesto.

Qué decir de la literatura que palabra tras palabra crea en nuestra imaginación un mundo, una historia, otra vida, con la sola compañía del silencio. No se puede encontrar en el mundo mayor serenidad que la que posee alguien que está inmerso en las páginas de un libro, a disposición de unas palabras escritas una tras otra creando una historia. Ese ser, ese lector, ha sido por el libro arrebatado de la realidad, abstraído del mundo. Consigue estar en otra parte mediante el poder de la literatura y el sentido de la vista que despliega sobre él un manto que lo cubre y le transmite sentimientos y le otorga experiencias nuevas ó viejas pero siempre inesperadas.

Igual sucede con el otro Arte Silencioso: la pintura. Cuando como perdidos nos hallamos plantados de repente delante de un cuadro que nos ha llamado por el nombre de pila y obedientes, de pie, en absoluto silencio, en soledad, paladeamos el placer que nos proporciona, recogidos y concentrados ante ella.

En la realidad de cada uno hay todo un camino que su biblioteca privada podría revelar sobre su vida si alguien quisiera indagar. Conocería cuales han sido sus gustos a lo largo de su vida, las lecturas queridas, las olvidadas, las subrayadas. Sabría de esa persona a través de los libros que se han ido acumulando en las baldas de su biblioteca. «Una de las mejores formas de recrear el pensamiento de un hombre: reconstruir su biblioteca», dijo Marguerite Yourcernar.

Lo mismo ocurriría si se decidiese alguien por seguir el caminar de alguien por los distintos museos del mundo, descubriría los sentimientos inolvidables que guarda en los pliegues de su piel como tesoros. Entendería que para ese alguien hay cuadros en que algo más que ternura, algo parecido a la comprensión total, o a una fusión completa hace que con los ojos entre dentro del universo del cuadro formando parte de él, advirtiendo cada detalle, enmudeciendo ante tanta espectacularidad.

¿Cuántos sentimientos son capaces de evocarnos los libros y los cuadros?

¿Cuánto esplendor hay en una historia escrita y en una pintura?

¿Cuánto silencio los acompaña?

¿Cuánta soledad poseen y en cambio no nos sentimos solos ante ellos?

Pero lo tremendo. Lo más tremendo es que no hay vida suficiente para leer todos los libros y para admirar todas las pinturas.

No hay vida suficiente.

No hay tiempo.

No hay espacio.

Con 1001 pinturas que hay que ver antes de morir: Nos ofrecen un «museo particular» que podemos tener en nuestra «biblioteca privada» para que en silencio lo visitemos cada vez que nuestro ser quiera sentir. Entonces sólo tendremos que ir a la balda, coger el libro, abrirlo y contemplar un cuadro tras otro.

Y notar como nuestro cuerpo siente a cada paso de página por la visión de una pintura.

Tendremos sentimientos distintos.

Son 1001 pinturas.

960 páginas.

Que se abren con el cuadro Jardín del estanque, de un anónimo del año 1420 a.C. y que lo podemos visitar en el British Museum, de Londres, y se cierra con El desfile, de John Alexander, del año 2006, perteneciente a una colección particular. Cada cuadro incluido en 1001 pinturas que hay que ver antes de morir adjunta un texto donde se nos narra la vida y obra del pintor y el estilo al que pertenece cada pintura en concreto.


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María Aixa Sanz (Alcalà de Xivert, 1973). Escritora. Diplomada en Ciencias Empresariales por la Universidad Jaume I, de Castellón. Debuta en el año 1998 en la literatura con el relato Tetrarca del reino de la nada que le abre las puertas editoriales para participar en diversas antologías colectivas de cuentos y revistas literarias.
El pasado es un regalo, la publicación de su primera novela en el año 2000 le otorga gran éxito de público, al que le acompaña la publicación de las novelas: La escena (2001) y Antes del último suspiro (2006).
Finalista del IV Certamen Edisena de cuentos Cortos-Cortos, con Peregrinaje de un derrotado. Publicado en el libro el Cuarto de los Cuentos. El relato Lindo O. Santos, es escogido en el año 2002 por la editorial Torremozas para representar a la literatura española en un libro de cuentos junto con otros ocho países de Hispanoamérica. Esta participación genera criticas extraordinarias que la dan a conocer en la prensa de América del Sur.
En julio de 2006 aparece publicado el relato: Nerina Rombaldoni en la internacional y prestigiosa revista Voces.

Primer premio del Quinto Certamen de Narrativa en valenciano, denominado Escrits a la Tardor Vila de L’Eliana - 2006 con Els dilluns no passen a la història.
Colaboradora fija con artículos sobre literatura en el periódico Etcétera, de Zaragoza, desde el año 2001, distribuido por España, México, Argentina, Chile y Perú. Y en las revistas: Dosdoce, Nemeton, Mainhardt, Almiar - Margen Cero, Literaturas.com, Palabras Diversas, Ariadna Revista Cultural, El Coloquio de los Perros, Séneca y Narrativas. Sus artículos para el fomento de la lectura también se publican en el periódico Etc. Magazine, de Buenos Aires, Argentina, en la web Libreros, de Caracas, Venezuela y la revista Destiempos, de México D.F.

AIXASANZ-LIBROS[at]orangemail.es


- Ilustración artículo: Le Jardin de Nébamoun, See page for author [Public domain], via Wikimedia Commons.





Revista Almiar (Madrid; España) / n.º 37 / diciembre 2007 - enero de 2008
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