Archivo histórico de Margen Cero

Bessie Smith.
La emperatriz y la ginebra

por Ramón del Solo
(Director de la Revista
Bluespain)


En 1929, cuando Bessie Smith había comenzado su decadencia, Dudley Murphy dirigió una película, apenas un corto, que sería el único documento cinematográfico de la cantante. El tema elegido fue St. Louis blues, de W. C. Handy, que además ejerce de director musical y coguionista. Bessie está acompañada por la orquesta de Fletcher Henderson, pero éste es sustituido en el piano por James P. Johnson.

En tan poco tiempo es difícil concentrar más nombres claves de la historia del jazz. La película constituye hoy en día una rareza que los aficionados al jazz persiguen y veneran. El guión, cargado de tópicos, es estremecedoramente biográfico. Bessie es rechazada por su hombre, un jugador que la abandona por otra mujer más joven. Ella se consuela con una botella de ginebra y cantando un blues a capella que pone los pelos de punta. Luego, en el bar, se le suma la orquesta de Henderson y un coro de voces de los parroquianos; mientras, ella permanece en la barra cantando frente a una enorme jarra de cerveza.

La fecha de nacimiento de Bessie Smith es incierta, ni ella misma podía determinarla con claridad. Las partidas de nacimiento no eran muy habituales entre los negros de Chattanooga, Tennessee, entre 1895 y 1900; en todo caso sus primeros años transcurren en una situación de miseria económica. Aprendió a cantar escuchando a los músicos callejeros con los que, en busca de dinero, recorría las calles de su ciudad a la edad de siete años. En esas épocas sin escolarización, sin recursos económicos y con alimento escaso; Besssie destacó por una poderosa voz de contralto y una extremada facilidad para hacer suyos todos los blues que cantaba. Esa cualidad se mantiene todavía, no importa el autor ni importa quién lo hizo antes; si Bessie lo cantó, es suyo.

Cuando contaba nueve años, una mujer negra y bien vestida se acercó a ella mientras estaba cantando en la calle. Ma Rainey era una de las conocidas cantantes de blues y una estrellas en el circuito de la música para negros. Esa misma mañana había estado actuando en Chattanooga con La T.O.B.A. (Theater Owners Booking Association, que los músicos preferían llamar Tough On Black Asses; Duro Con los Culos Negros). Ma Rainey no tuvo muchos problemas en convencer a la familia de Bessie para incorporarla a la gira, al fin y al cabo era una boca menos. Se cuenta que Rainey enseñó a la joven los trucos del oficio, cómo cargar de fuerza y significado cada palabra; la manera de lograr que cada frase cuente tu propia historia. «Una canción es como una escalera que has subido muchas veces —solía decir—. Sólo tienes que poner el pie en el primer peldaño y dejar que tu alma cante». Éstas primeras giras dieron a Bessie un aprendizaje excelente pero le aportaron muy poco dinero.

A los 17 años, en un pequeño club de Selma, Alabama; Frank Walker, el que sería su productor y consejero escuchó cantar a Bessie Smith. «¿Has pensado en ir a Nueva York?» —le preguntó. «He pensado en muchas cosas, pero hacerlas es bastante más difícil». Años más tarde, Walker la mandó llamar para una sesión de grabación con Columbia; Walker relataría el suceso como «la experiencia musical más importante de mi vida, nunca había oído nada como el aire tormentoso que aportaba a la música de su gente. Ella era el significado del blues».

Parece haber indicios de grabaciones anteriores. el propio Thomas Edison, inventor del fonógrafo, grabó una canción de Bessie, en 1921, descartándola por no parecerle lo suficientemente comercial y algunas noticias de los periódicos locales de la época aportan datos de discos que nunca han sido encontrados, pero esa tarde de Febrero de 1923, cuando los técnicos de Columbia grabaron Down Hearted blues, el mundo del jazz y del blues no volvería a ser el mismo. En un principio sólo Walker y el pianista Clarence Willians creyeron en una joven promesa que llegó a Nueva York «alta , gorda y mortalmente asustada», ella misma opinaba que su voz sería «demasiado áspera para esta gente del norte». Seis meses más tarde había vendido 780.000 copias de su disco salvando a la compañía de una casi segura bancarrota. Bessie Smith grabaría, siempre en Nueva York, 160 canciones que constituyen todo un legado cultural.

Los años que vinieron después fueron los de mayor esplendor que una artista negra había conocido jamás hasta entonces. Las ventas de sus discos y el éxito de sus giras le reportaron ingresos millonarios que fueron mal administrados. La bebida y una turbulenta vida sexual que incluía tanto a hombres como a mujeres se llevaron la mayor parte. Los músicos la adoraban, grabó con Louis Armstrong, Fletcher Henderson, James P. Johnson. Coleman Hawkins, Benny Goodman... Se cuenta que en Chicago, el gran Bix Beiderbecke arrojó al suelo la paga de una semana para que no parase de cantar. Jamás olvidó sus orígenes humildes y construyó un asilo para indigentes. Nunca quiso utilizar micrófonos y en una sola de sus sesiones de grabación utilizó batería, se cuenta que ella misma marcaba el tempo a los músicos forzándoles a subirlo o bajarlo con un dominio total de la situación y la ventaja de una voz privilegiada.

Hacia 1929 volvieron los tiempos difíciles. De manera premonitoria grabó una versión de Nobody knows you when you´re down and out. Los excesos de su carácter y su afición a la bebida habían creado una gran desconfianza en los propietarios de locales y teatros que nunca podían asegurarse de que Bessie estuviese presente el día del concierto. Por otro lado, la depresión de la Bolsa que afectó extraordinariamente al negocio discográfico redujo sus ingresos; los gastos continuaron. Su carácter oscilaba por momentos entre la más absoluta vulnerabilidad y ternura a crisis de desesperada violencia cuando no podía conseguir lo que quería en un momento determinado, fuese alcohol, hombres o mujeres. Su generosidad era una constante; nadie que acudiese a ella solicitando ayuda, ficticia o real, volvía con los bolsillos vacíos. Walker, su productor consiguió que ahorrase lo suficiente para comprar una casa. Poco después se produjo el reemplazo en la producción de Walker por su marido; Jack Gee, un policía de Filadelfia más aficionado al dinero fácil que a los negocios artísticos, con el que mantuvo una relación en la que el amor y el odio se mezclaban a partes iguales. Aunque Jack figure como autor de algunas composiciones grabadas en esa época, su falta de conocimientos y de interés por la música evidencian que estas atribuciones fueron un regalo más de Bessie. Las cosas empeoraron notablemente y Bessie volvió a actuar en pequeños clubes sureños. Su ultima grabación tuvo lugar el 24 de Noviembre de 1933. Tanto en los discos de su última etapa como en la película de Dudley Murphy, su voz ha ganado en profundidad y fuerza; más que nunca canta como siente, sin técnicas ni artificios. Los años de decadencia personal imprimen a su música una emotividad que no pueden dar en ningún conservatorio.

En la madrugada del domingo 26 de septiembre de 1937, en una carretera local del estado de Mississippi, su automóvil se empotró en la trasera de un camión; su cuerpo quedó destrozado, con el brazo derecho prácticamente separado del tronco. A partir de aquí circulan varias versiones; según una, Bessie se desangró porque los hospitales más cercanos no admitían pacientes negros; otra dice que murió en la sala de espera de un hospital y una tercera afirma que murió en el hospital para negros G. T. Thomas, de Clarksdale, al poco tiempo de ingresar. De cualquier manera murió demasiado pronto.

Bessie Smith cambió el panorama musical que vino detrás de ella. El mundo del blues, tan dado a este tipo de sobrenombres, cuenta con una buena cantidad de «reinas» en su catálogo; pero el título de «emperatriz» está reservado a una sola persona. Los ingresos que las grabaciones de Bessie y otras grandes del Clasic Blues aportaron a Columbia y otras discográficas, animaron a éstas a interesarse por la música negra y abrieron la puerta a la siguiente generación en la cual, pasada la época glamorosa de los espectáculos de vaudeville, proliferarían los cantantes de blues rural en las grabaciones destinadas a un público de color. La mejor y más documentada biografía de Bessie Smith es la escrita por Chris Albertson, en 1973; aunque no hace mucho ha aparecido una nueva edición revisada, continúa sin traducida al castellano. Columbia ha reeditado todas sus grabaciones y algunas tomas alternativas están disponibles en el sello británico Frog.

El jazz no sería lo mismo sin Billie Holiday, otra artista cuya vida presenta paralelismos con la de Bessie. La propia Billie se consideró siempre como una admiradora y discípula de su estilo; en su autobiografía Lady sings the blues recuerda cuando a cambio de unas monedas limpiaba toallas en un burdel «...le decía a Alice que podía guardarse su dinero si me dejaba subir a la sala de estar para escuchar a Bessie en su gramola». En la era del pop su influencia seguía vigente; otra vocalista de biografía azarosa, Janis Joplin, —«Bessie me mostró el aire y me enseñó como llenarlo», había dicho—, reconoció su deuda con la emperatriz cuando, en 1970, poco antes de su propia muerte compró la lápida que hasta entonces la tumba de Bessie Smith no había tenido.

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Artículo publicado originalmente en la



Revista
Bluespain
http://audio.ya.com/bluespain/index.htm
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Otros artículos de Ramón del Solo:
John Lee Hooker Jr. (Madrid, 16.03.2005) / El diablo y Mr. Jhonson


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