La España Imperial
contra Jesús Vázquez
______________________________________________________________
por
Cristian Alcaraz Hernández


Muerto Franco, a los toros fueron todos con prisa, gafas de sol de diseño, y por supuesto Mini Falda. No sólo las mujeres. Todos. Hablemos de Chueca.

Chueca es conocida por ser el buque insignia de la homosexualidad y un hervidero de nuevas tendencias creativas, pero no sólo no fue siempre así, si no que, aún ahora, el barrio es un choque entre dos mundos, dos culturas, dos concepciones de la vida. En Madrid se mantienen 167 plazas y calles con nombres deudores del franquismo, e incluso, aunque sin nombre ni identificación alguna, tenemos una estatua del propio Caudillo, de Francisco Franco a caballo, puesto a secar a mayor gloria del Imperio.

En el centro de este centro de aquella España, la comunidad Gay decidió echar raíces. Pero, entendámonos, la zona no era un «solar desierto pero con muchas posibilidades» cuando desembarcaron. Los inicios, como los de casi todo lo que vale la pena, no fueron fáciles. Señores con bigote y el brazo en alto complicándoles la vida. La movida madrileña, que en este país tiene la culpa de casi todo, puso las cosas en su sitio. Muerto aquel tipo bajito que se asomaba a los balcones, nos dieron ganas de gritar, de chillar, de bañarnos a la vez en todo lo que se hacía (o creíamos que se hacía) fuera de España, de inventarnos una cultura moderna antes del amanecer. Libertad sexual, libertad política, libertad artística, libertad de opinión, focos azules, rojos y verdes, humo y glamour, música a todo volumen, el Almodóvar más feo de todos los tiempos.


Fotografía: Pedro M. Martínez ©
ver exposición Orgullo Gay 2005-2006


En la actualidad, estas dos realidades —la antigua y la nueva— viven una frente a la otra, pero no se mezclan, no conviven, no se enriquecen, no se respetan. Son dos mundos en dos dimensiones distintas en una misma manzana. Junto a locales de lo más Cool (se escribe así, ¿no?) como A Noite, Mamainés, café Antik, La Lupe de Chueca, el pelotón de saunas gays de la zona o los locales Viva el Músculo (donde venden botes que contienen cosas que hacen que acabes por parecerte más a Jean-Claude Vandamme que a ti mismo), uno puede encontrarse, sin salir de una misma manzana, con el Bar Díaz, el Bar El Cañizo o bien mi favorito, este maravilloso collage del post-modernismo castizo, el «Bar restaurante sidrería bocadillería bocadillo de calamares 1.90 € comidas caseras desayunos». En este tipo de bares (lo que en mi barrio llamábamos un «bar de Currantes»), casi todos los dueños, que suelen ejercer a su vez de camareros con jornadas laborales casi nunca inferiores a diez horas, tienen un asfixiante parecido con Federico Trillo. Se trata en algunos casos de una cuestión puramente física, pero en la mayoría es algo más, un no se qué espiritual, una forma de entender el mundo, de maltratar sin piedad ciertas consonantes. De unos años a esta parte, se han llenado de camareros inmigrantes con sueldos trágicos, a los que, en cuanto llevan un tiempo trabajando allí, se les trata con un desdén no carente de afecto. «Ven aquí morito, ponme otra cerveza (palmada en la espalda)»; «no serás tú uno de esos maricones que ponen bombas» (risas), y cosas así. Esta antigua realidad de Chueca, por naturaleza contraria a la nueva, parece admitir su derrota en el simple hecho de no molestar a sus vecinos de uñas pintadas, de ni siquiera intentar ya despreciarlos. Parecen entender que lo que al final se nos muere, penita de pasodoble, es la España Eterna.

Chueca abarca todos los registros posibles de la homosexualidad. Ofrece desde movimientos y locales con una interpretación de la historia, de la cultura y del pensamiento estrictamente gay hasta una compilación del ocio similar a lo que podría llegar a ser, de construirse, una Disneylandia homosexual. Aquí caben desde el culto a Oscar Wilde al culto a Jesús Vázquez sin que nadie se tire de los pelos. Sinceramente, la cosa parece estar llegando a ese punto en que empieza a devorarse poco a poco a sí misma. Discotecas gays, bares gays, peluquerías gays, librerías gays, agencias de viajes gays, inmobiliarias gays, tiendas de ropas gays, manuales, biblias y recetas de lo Gay, externo, interno y de perfil (¿qué coño es una lavandería Gay?). Dando vueltas por entre los neones del barrio, tomando copas en su locales insignia, comprando libros y ropa, mirando sus fotos y póster y más póster, da la sensación de que, en pocos años, hemos pasado de Chueca como símbolo de la expresión de la libertad de elección individual más básica y necesaria, a la conversión de dicha libertad en algo sólido, con equivalencia en euros y papel de envolver, y hemos creado grandes superficies comerciales de lo gay camufladas en pequeñas sucursales independientes. El peligro, llegados aquí, es el mismo que con casi todo. ¿Qué es ser joven?, ¿qué es ser de verdad independiente?, ¿qué es ser gay?, ¿qué coño es ser «auténtico»? Es decir, reside en la confusión de La homosexualidad y su esencia —aperturista y reivindicativa por lógica y necesidad— con un conjunto de formas de vida precocinadas, a seguir para estar «donde hay que estar haciendo lo que hay que hacer». No parece casual que la mayoría de banderas arco iris del barrio recubran los escaparates de espacios comerciales, y apenas se vean un par o tres ondeando en balcones particulares.



Fotografía: Alberto Concejal ©
ver exposición de este autor en Margen Cero


Urbanísticamente, podríamos definir Chueca como el conjunto de calles desiguales y más bien estrechas desperdigadas entre la Gran vía y la plaza de Alonso Martínez. No es un problema particular de este barrio. En general, mirar un mapa de Madrid es como mirar uno de Barcelona después de haber tomado LSD. Y al igual que el resto de la ciudad, Chueca no se libra de los andamios y los ruidos de las taladradoras. Madrid, vista desde una foto por satélite, debe ser un enorme andamio con edificios y calles debajo. Es difícil, después de pasar un par de semanas en esta ciudad, no imaginar a Ruiz Gallardón, bajo su apariencia de alumno repelente de escuela de pago, como un sádico atroz con perversas fantasías relacionadas con el levantamiento del suelo público y el recubrimiento de edificios con complejas estructuras metálicas.

La mayoría de la gente a quien se lo he preguntado (pronto dejé de preguntarlo. Si a nadie le importa, pues a mí tampoco) no se habían planteado la cuestión de si Chueca es la expresión urbana de la libertad individual o un ghetto homosexual alejado de la realidad. Una vez les fuerzo a hacerlo, sigue sin importarles. Son felices. Les gusta el estilo de vida que Chueca les ofrece, es una vía de escape, es la falta de equilibrio necesaria para mantener la cordura. Muchos de los que no viven en el mismo barrio pero lo frecuentan, aún tienen disimulos contratados para fuera de la zona. Esposas e hijos, trabajos, amigos, padres y familiares, vecinos. Domingos en misa, partidas a la brisca, paddel los sábados, excursiones al campo con mortadela y vino. Que más les dará que lo llamemos Ghetto, barrio, concentración o Fumanchú.

Además, la cuestión de si este tipo de concentraciones de lo gay (Chueca, el Gayxample de Barcelona) constituyen campos de concentración o símbolos de la libertad, es un debate que tiende poco a poco a cerrarse por sí solo. Desde finales de los 90, lo gay está de moda. Lo gay es guay, se dijeron todos los adolescentes heteros una tarde soleada de primavera, y los locales de ambiente se convirtieron en una opción nueva para los viernes noche, otra forma más de diversión. Ésta es una de las cosas que ha contribuido a mitigar el efecto guetto de lugares como Chueca o el Gayxample (el eixample Gay, se entiende) de Barcelona. Se han diversificado porque los locales de Ambiente, con sus latigazos de estética insuperablemente de moda, su pasión musical por lo retro y por lo último de lo último, su envidiable concepción y exaltación de la vida nocturna, constituyen a estas alturas una moda fija entre muchos de nosotros. Un ejemplo sería la trayectoria de la cadena de discotecas Arena, en el Gayxample de Barcelona (de la que fui un habitual durante un buen tiempo, a medida que algunos de mis amigos de toda la vida descubrían La Verdad acerca de su propia sexualidad). Comenzó siendo radicalmente Homosexual, pero a medida que la curiosidad, la apertura mental de las nuevas generaciones y la moda llamaron a sus puertas, se fue llenando de turistas heteros, que fueron convirtiéndose en nueva clientela fija. El sector más reaccionario del lugar decidió emigrar a lugares aún exclusivos, pero la mayoría de la clientela homosexual no extremizada se mantuvo en su sitio, dejando el local como una curiosa mezcla de tendencias instalada en el éxito perpetuo de público.



Fotografía: Pedro M. Martínez ©
ver exposición Orgullo Gay 2005-2006


Y en estas estamos, que en los últimos años mucha gente conocida, Los Famosos, se han decidido —aprovechando no sólo la aceptación social de una condición sexual que antes debía esconderse si no la conversión de la misma en moda— a «salir del armario». Lo que empieza a quedar claro es que el armario era grande, enorme de hecho, con un sinfín de habitaciones, pasillos, cuartos para invitados, canchas de tenis y vistas al mar. Algunos de ellos están muy lejos ya del armario, dado que no sólo han revelado su homosexualidad, si no que han hecho de ella algo fluorescente, y económicamente productivo.

Como despedida, invito a cualquiera que no haya estado en un local de ambiente a probar la experiencia. Yo hacía tiempo que no pasaba una noche en uno, y la verdad, ha sido divertido. Decoraciones estrambóticas, iluminaciones anfetamínicas, y ni un solo cliente que conserve su camiseta a partir de las tres de la mañana. Bailan con una entrega que hace que me avergüence de haber desaprovechado mi capacidad física durante la adolescencia. Lo hacen desde que el local abre hasta que cierra, y luego se van al primero de los Afters que encuentran, como si hubiera sido sólo un aperitivo. Se besan, se aman, se odian y se desean, pero todo apasionadamente, como en las buenas películas de hace un montón de años.

Al principio de la noche temo que algún tipo se me pueda acercar con intención de ligarme, pero cuando todo acaba, lo admito, me voy ligeramente decepcionado porque tan sólo un individuo, por lo demás bastante feo, lo ha intentado.

* * * *


CRISTIAN ALCARAZ , escritor, miembro del equipo de guionistas del programa radiofónico Desestabilización Cultural (106.5, F.M., Madrid, viernes de 20.00 a 21.00 horas) fue, asimismo, el guionista y director del cortometraje digital Posturas, rodado a finales del 2002 en el centro cívico Can Víes, Barcelona. También realizó el guión del cortometraje digital A Holden Caulfield lo encontraron muerto esta mañana. 2001, CECC, Barcelona y de Sonido, Cámara, Acción, proyecto de rodaje para el 2004, productora del CECC. crisrah[at]hotmail.com

Lee más de este autor (en Margen Cero)


literatura | fotografía | pintura | reportajes
Revista Almiar (Madrid; España) - MARGEN CERO™ (2005) - AVISO LEGAL