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LA MUJER ES LA PROTAGONISTA DE
LOS CAMBIOS SOCIALES
por Lola M. Cerrada

Fotografías:
Santiago Gómez
María tiene 35 años. Se casó a los 29 cuando encontró un trabajo acorde
con la formación universitaria que había recibido. Tuvo un hijo a los 31. Sigue
trabajando porque su sueldo es necesario para sustentar la economía familiar y
además le reporta una gran satisfacción personal. Lleva a su único hijo a la
guardería y es difícil, a pesar de que le gustaría, que se decida a tener otro
ya que su trabajo le impide dedicar todo el tiempo que quisiera a su familia. Su
salario, ligeramente inferior al de su marido, es indispensable para pagar las
letras del piso.
Este sería el
prototipo de la mujer que va entrar en el siglo XXI; una mujer que ha logrado
salir del gineceo
y está adquiriendo cada vez
más parcelas de poder, en una especie de rebeldía por los muchos años de
sociedad patriarcal, en los que ha quedado relegada al ámbito doméstico. Desde
el año 79 el número de alumnas matriculadas en la Universidad Complutense supera
el número de alumnos. Dentro de unos años el futuro va estar en manos de las
mujeres. Su nivel de estudios va a garantizarlas otro poder contractual de cara
al matrimonio y al mundo laboral en el que se solidifica su posición y ganan en
poder de decisión y elección. Un 40% de cada generación de mujeres accede a la
Universidad; la mujer obtiene mejores notas, saca los primeros números en las
oposiciones, ocupa cada vez más destacados puestos en política, en la empresa,
desempeña oficios considerados hasta hace poco como patrimonio de los hombres.
En definitiva está ampliando su círculo cada vez más.
Indudablemente esto va
a repercutir en la estructura de la sociedad e instituciones como la familia se
van a resentir profundamente en sus estructuras. En este momento la tasa de
natalidad de España —1,2 hijos— es junto con la italiana la más baja de toda
Europa y esto va a tener una gran incidencia en la sociedad. Los efectos de este
drástico descenso de la natalidad van a ser próximos y remotos. Entre los
próximos podíamos destacar que la renovación generacional no está garantizada y
la población española va a envejecer notablemente con el coste social que esto
va llevar consigo en jubilaciones. Entre los remotos se pueden encontrar
múltiples: por ejemplo, éste año por primera vez el paro ha descendido a causa
de que, pasados los años 60 en los que las mejoras de las condiciones
favorecieron el nacimiento en España, los jóvenes que acceden a su primer empleo
son menos que hace apenas cinco años debido al descenso de natalidad.
Para los sociólogos
Miguel Requena y Luis Garrido, autor del libro Las Dos Biografías de la Mujer
en España, no ha sido la mujer la causante de esta revolución social. Sin
embargo, en su opinión, ha sido la más beneficiada de una serie de factores
sociológicos que han favorecido su proceso de liberación e independencia. Entre
los catalizadores de este proceso, estos sociólogos señalan el descenso de
mortalidad, que ha provocado que no sea necesario tener un número elevado de
hijos; el aumento de la esperanza de vida que permite otra distribución de la
vida; la responsabilidad social sobre la educación y cuidado de los niños y
mayores que ha hecho florecer un gran número de guarderías y centros
geriátricos; la tendencia a que muchos servicios salgan del ámbito doméstico,
cada vez son más los locales que están dedicados a dar de comer a gente que
antes comía en casa y en las grandes empresas es cada día más corriente la
instalación de salas donde se pueda comer y que permitan la jornada continua; y
el fácil acceso a medios de control de la natalidad fáciles y baratos.
LA MUJER YA NO
TIENE COMO OBJETIVOS PRIMORDIALES CASARSE Y TENER HIJOS
Hasta los años 60 eran
pocas las mujeres que no tenían como objetivo primordial el dedicarse por entero
a su familia. Es más, la inmensa mayoría de ellas dejaba de trabajar al casarse
o con el nacimiento del primer hijo. Su educación era muy deficitaria y desde
pequeñas estaban «programadas» para dedicarse a sus labores y ser esposas y
madres.
Marta tiene 25 años y
está terminando la carrera de derecho. En este momento no tiene pareja estable y
su principal prioridad es encontrar un trabajo. Tiene muy claro que seguirá
trabajando aunque decida casarse y además exigirá que su marido coopere en las
tareas de la casa.
Ya no se puede
considerar que el trabajo doméstico sea exclusividad de la mujer. La
incorporación de esta última al mundo laboral ha forzado a que los hombres,
compartan en menor o mayor grado, las tareas de la casa. Aunque el peso del
hogar sigue recayendo en las mujeres.
En este momento según
Miguel Requena y Luis Garrido no sólo se ha reducido la tasa de fecundidad sino
que se han concentrado los intervalos en los que la mujer tiene hijos entre los
30 y los 34 años, se tienen todos los hijos que se desean en un tiempo más
corto. De este modo la mujer tiene más tiempo antes y después del matrimonio
para dedicarse a su formación y a solidificar su postura en el mundo laboral.
Esto la permite acceder al matrimonio y al mundo laboral con una postura más
sólida y una mayor capacidad de decisión que hace unos años en los que no estaba
preparada para acceder al mundo laboral.
Por otra parte, apuntan
Miguel Requena y Luis Garrido, al aumentar la esperanza de vida es menor la
trayectoria que una mujer tiene que dedicar a la crianza de los hijos.
Antiguamente la mujer consumía sus días en el cuidado de los hijos, cuando éstos
por su parte se independizaban y formaban una nueva familia ella ya era vieja y
tenía poco por hacer. En la actualidad son muchas las mujeres que tras pasar una
vida dedicadas a la crianza de los hijos cuentan con el tiempo necesario para
completar su educación, por ejemplo acudiendo a escuelas de adultos, o para
llenar su tiempo de ocio.
Sí la edad biológica
ideal para tener hijos ronda los 25 años, en este momento es difícil que la
mujer pueda tener descendencia ya que en la mayoría de los casos todavía está
completando su formación. Además ésta edad es tan sólo un cuarto de lo que hoy
en día supone la vida de una mujer.
Luis Garrido y Miguel
Requena señalan que no sólo se ha reducido el número de hijos que tiene cada
matrimonio sino que la gente se casa más tarde y cada vez menos. La
competitividad del mundo laboral que exige cada vez una mayor preparación y el
difícil acceso al mundo de la vivienda hacen que la decisión de contraer
matrimonio sea cada vez más tardía.
La independencia
económica de la que goza la mujer hace que ésta no tenga necesariamente que
casarse para buscarse un medio de vida por lo que son cada vez más el número de
mujeres que viven solas.
LA TASA
DE NATALIDAD MÁS BAJA DE EUROPA
Luis Garrido y Miguel
Requena explican que la tasa de natalidad española —1 ó 2 hijos— ni siquiera
garantiza la sucesión generacional para lo que es necesario un índice de 2,16.
La mujer tiene difícil
dedicarse a la crianza de los hijos como hiciera antaño ya que cada vez necesita
dedicar más tiempo a su trabajo porque la sociedad es cada vez más competitiva.
Desde principio de siglo cada generación ha disminuido el espacio en que una
mujer tiene su primer y último hijo; el primero se tiene más tarde y el último
más pronto, con lo que esta tendencia a dedicar menos tiempo al cuidado de los
hijos no ha hecho sino solidificarse. Hasta hace unos años las mujeres tenían
bastantes hijos de los 45 a los 49 años, ahora prácticamente ninguno. En muchas
ocasiones no es que la mujer decida que quiere seguir trabajando, es que es la
única alternativa que tiene si desea tener el nivel suficiente de ingresos
necesario como para formar una familia.
El principal problema
de la pareja es conseguir cuidar a los hijos hasta que éstos sean absorbidos por
el sistema educativo y en la mayoría de las ocasiones, dado el índice de
salarios, el coste de pagar a alguien por hacerlo es demasiado alto.
Otro punto que destacan
los sociólogos Miguel Requena y Luis Garrido es que el descenso de la mortalidad
favorece el que una pareja pueda decidir con precisión el número de hijos que
quiere tener cosa que no sucedía antiguamente ya que la alta mortandad infantil
forzaba a los matrimonios a tener un número superior de hijos al deseado para
garantizarse que alguno de ellos viviera. Además los hijos comenzaban a trabajar
pronto con lo cual suponían un apoyo económico para la familia.
Por otro lado las
parejas se ven forzadas a asumir el altísimo coste que hoy en día supone tener
un hijo y cubrir todas sus necesidades por un período cada vez más largo ya que,
al ser el ambiente familiar cada vez más cómodo y permisivo mientras que el
ambiente exterior por contrapunto es más hostil, los hijos cada día se
independizan más tarde y su proceso de formación es más prolongado generando
importantes desembolsos en el núcleo familiar.
Para desanimar más a
los matrimonios a tener hijos, Miguel Requena y Luis Garrido señalan que es cada
vez menos lo que se puede esperar de ellos. Si antes los hijos cuidaban a los
padres cuando estos eran mayores, ahora sumidos en una vorágine laboral es
difícil que éstos puedan ocuparse de ellos y no sean instituciones
especializadas las que se dediquen a su cuidado los últimos años.
Según Requena y Garrido
el descenso del número de hijos va a tener consecuencias revolucionarias para la
sociedad. Sus efectos se notan hasta en la distribución de las casas que en este
momento se necesitan menos espaciosas. Sin embargo, lo realmente importante es
que las generaciones futuras tendrán muchas más oportunidades que las actuales.
Cada vez serán menos los jóvenes que quieran acceder al mercado laboral por lo
que no habrá problemas de paro.
EL
SISTEMA FISCAL NO SE OCUPA DE LA MUJER
Otro de los factores
que ha propiciado la masiva incorporación de la mujer al mundo laboral ha sido
el desinterés fiscal hacia la mujer que se dedica a la familia. El Estado ha
protegido a dos sectores pasivos, los parados y la tercera edad. Sin embargo, la
mujer no ha gozado de ningún tipo de prestaciones sociales por dedicarse por
entero al trabajo doméstico.
El trabajo de la casa
no ha sido reconocido tradicionalmente como tal, por lo que la mujer que se ha
dedicado a lo que tradicionalmente se ha llamado sus labores no tenía ningún
tipo de prestación económica y pasaba a depender por entero de su marido. En
este momento ha habido un alza de las expectativas del nivel de vida, por lo
cual una pareja necesita el sueldo de los dos cónyuges para mantener el status
que requiere la sociedad actual por lo que la mujer se ve forzada a continuar
con su trabajo y hacerlo compatible con sus tareas domésticas.
REDISTRIBUCIÓN DEL TIEMPO
Las facilidades que
tiene actualmente la mujer para poder incorporarse al trabajo: el sistema
educativo se ha responsabilizado de la educación de los hijos y se ha producido
una progresiva industrialización de las tareas domésticas ha conducido a una
redistribución del tiempo de la mujer que, aparte de tener más tiempo para
dedicar al trabajo, dispone de más tiempo libre. Este tiempo de ocio es llenado
fundamentalmente por los medios de comunicación.
TAMBIÉN HAN CAMBIADO LOS ESTEREOTIPOS SEXUALES
A partir de los años
60, uno de los campos en los que la mujer se ha rebelado es en el campo sexual.
Según el psicoterapeuta y sexólogo Justo del Valls, la mujer ha dejado de asumir
un papel «pasivo»; ya no se resigna a ser
«el descanso del guerrero» sino que
por primera vez intenta tener una sexualidad activa en la que reivindica su
derecho al placer. Toma parte activa y se hace oír de su compañero reclamando
aquello que más le gusta.
En este sentido,
según del Valls, se ha producido una tendencia en la que la mujer ha intentado
igualarse al hombre desligando su sexualidad de lo puramente afectivo. Las
mujeres pasaron bruscamente, sobre todo a partir de los años 80, de sostener
mitos como el de la virginidad y hacer el amor con camisón a involucrarse en
relaciones esporádicas, en las que tan sólo buscaban experiencias nuevas y
disfrutar del sexo por el sexo en un intento de igualarse al varón sin
comprometerse afectivamente en sus relaciones sexuales. Sin embargo, en opinión
de del Valls, las mujeres han tenido que rendirse a la evidencia de que su
sexualidad no es genital como la del hombre y las generaciones más jóvenes han
disminuido esta tendencia luchando por tener unas relaciones más plenas en las
que se unan sexo y sentimientos.
Por otro lado, según
del Valls, la mujer rechaza al prototipo de hombre que sólo se preocupa de una
sexualidad genital y que no tiene en cuenta los deseos de su compañera.
En este momento la mujer
aboga por un hombre tierno y sensible. El arquetipo de
«el macho ibérico» ha
caído en desuso. Las relaciones interpersonales, según Justo del Valls, han
pasado por una tapa de desconcierto ya que al hombre le ha costado enfrentarse a
una mujer sexualmente activa y que reivindica su parcela de placer. Este tipo de
reacciones ha sumido al hombre en la confusión ya que ha tenido que asumir roles
para los que no estaba preparado, sacando a la luz su parte femenina y
teniéndose que hacer eco de los deseos de la mujer. Esto ha hecho que en el
terreno sexual el hombre pase por una época de inseguridad ya que se le exige
ser buen amante.
Para muchas mujeres de
50 años el orgasmo es algo que nunca han conocido, sin embargo la mujer actual
disfruta cada vez más activamente de su sexualidad y exige más de su compañero.
Otro de los elementos
que más han revolucionando la sexualidad es el acceso de la mujer a la
planificación familiar; los anticonceptivos han permitido a la mujer concebir la
sexualidad totalmente desligada de la reproducción y han permitido que la mujer
pueda disfrutar plenamente sin el miedo a quedarse embarazada.
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