Sobre un genio llamado
Oliverio
por
Alejandro Tobar


Las vanguardias históricas en Hispanoamérica y España son para muchos estudiosos y meros lectores un momento clave que todavía hoy queda en el trasfondo de la escritura en lengua española. Así como hay quien resta valor a estos estilos que aun hoy resultan novedosos y otorgan al ismo un segundo plano, también hay otros —y me incluyo— que buscan y rebuscan en las revistas literarias, en las antologías, en los estudios específicos... nuevas formas, distintos miradores hacia el mundo, caleidoscopios de palabras y todo ello por el mero placer de girar el globo y analizarlo de un modo distinto, de un modo peculiar.

Entre los maestros de las vanguardias hay una tendencia al manifiesto, a la catalogación de sí mismos, a la creación de nuevas formas; así, por ejemplo, aparece el creacionismo (con Huidobro como máximo y casi único exponente), o el ultraísmo (con Guillermo de Torre o uno de los varios Borges, entre otros). Y luego, están dos autores clave que no llegan a pertenecer claramente a ninguno de los movimientos sino que se nutren un poco de todos y un mucho del talento propio: estos dos autores son el complejísimo y excelente César Vallejo y mi quizá supravalorado pero no menos excelente, don Oliverio Girondo.

La obra de Girondo es de lo más extraño. Juega continuamente con el humor negro y loco, con las palabras rimbombantes, con la fonética, con la rima difícil hecha fácil, con la poesía prosaica, con el absurdo, con la crítica desde lo más noble a lo más pueril. Leer a Girondo implica para el lector llenarse antes de ironía, de sarcasmo, de espíritu lúdico, de papel y lápiz y de un libro de chistes.

La vida de este bonaerense, según parece, competía con su escritura en arrebatada, en vehemente, en insigne e informal. Todo un personaje era Girondo, que pese a no ser un desconocido para los lectores comunes sí lo es para la gran masa; y es una pena. Qué capacidad la de este hombre para girar de uno a otro tema: del amor al cocktail de personalidades, de los goles en las ventanas a las limas de los dentistas.

Hay tanto y tan variado que comentar sobre este escritor argentino nato en 1891 que se hace corta cualquier antología; es más, incluso se hace corto su bagaje literario. Sus lectores desearíamos que las poesías no acabasen, que los pájaros no fueran ahuyentados con un solo espantapájaros sino con varios, que sus membretes se hicieran graffiti en las paredes de nuestras ciudades, que hubiese él visitado aún más lugares de los que conoció y poder así describírnoslos con su tan particular estilo, que hubiera seguido reinventado el lenguaje hasta la saciedad.

Y heles aquí un poema de Oliverio:


YOLLEO*


Eh vos
tatacombo
soy yo
di
no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé                 y tanto
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre yollando y yoyollando
    siempre
por qué
si sos
por qué di
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde y                                                                     hasta cuando



* Del libro En la masmédula (Oliverio Girondo).


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Alejandro Tobar Salazar (Lugo, España, 1983), ganador del concurso de «Relatos de Verano 2005» de La Voz de Galicia. Fue 2.º Premio en el Contacontos 2003, organizado por la Xunta de Galicia, por su guión Nin tanto nin tan pouco; ha publicado, asimismo, en diversas revistas literarias y diarios como Arteliteral o El Progreso de Lugo. Actualmente, reside en Madrid.
Es colaborador habitual de la Revista Almiar / Margen Cero.

alejandro_tobar[at]hotmail.com

- ILUSTRACIÓN ARTÍCULO: OliverioGirondo, By unknow. uploader Claudio Elias [Public domain], via Wikimedia Commons.


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