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POÉTICA DEL AJEDREZ;
COMPOSICIÓN
Y ESCRITOS TÁCTICOS

__________________

por
Adolfo Vásquez Rocca

  

«Las piezas de ajedrez son los componentes del alfabeto que da forma a los pensamientos; y estos pensamientos, además de hacer un diseño visual del tablero de ajedrez, expresan su belleza de manera abstracta, como un poema... He llegado a la conclusión personal de que mientras que todos los artistas no son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez sí que son artistas».

Making Sense of Marcel Duchamp

 

 

Apertura

I

Aproximación Estética y Sociológica a la Teoría de los Juegos de Lenguaje

 

El mes pasado tuve la ocasión de volver a ver el film Buscando a Bobby Fischer [1] el cual me motivó a ordenar algunas notas en torno al ajedrez y que ahora publico. Este artículo tiene un plan secreto y diversos niveles de lectura, funciona como una metáfora acerca de la vida, la inspiración y la belleza.

Tal como lo indica Ortega en El Origen Deportivo del Estado [2] todas las instituciones comienzan como deporte, de modo tal que es posible derivar del espíritu del juego la mayoría de las Instituciones que ordenan a las Sociedades o las disciplinas que contribuyen a su gloria. El derecho, por ejemplo, entra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social, la jurisprudencia la extiende a los casos de litigio y el procedimiento define la sucesión y la regularidad de las jugadas. Nadie podrá en tanto quiera participar en el juego violar las reglas, si lo hace estará jugando otro juego. Al hacerlo ya no juega el juego sino que contribuye a destruirlo, pues las reglas, que son constitutivas de tal o cual juego, existen sólo por el respeto que se les tiene. Por ello, negarlas es al mismo tiempo inventar las normas futuras de otro código, es instaurar un nuevo juego, el cual aunque vago en sus inicios emancipadores rápidamente se volverá tiránico, intentando domesticar la audacia y prohibir la fantasía sacrílega. Toda ruptura que quiebre una prohibición acreditada esbozará ya otro sistema, no menos estricto y —a la vez— no menos gratuito.

El juego es gratuito y espontáneo, encuentra placer en su sólo ejercicio, en la prodigalidad absurda. Constituye un paréntesis que nos sustrae de la compulsión productiva y socava el Sistema que entroniza la razón instrumental.

Como señala ese gran ajedrecista (y artista conceptual) que fue Marcel Duchamp: «Cuando juegas una partida es como si diseñaras algo o construyeras un mecanismo a través del cual ganas o pierdes. El aspecto competitivo no tiene importancia. El juego en sí mismo es muy, muy plástico. Eso es probablemente lo que tanto me atrajo hacia él» [3].

Así pues, el que juega busca la sola gloria y belleza de una victoria bien habida. El juego es libertad e invención, fantasía y disciplina al mismo tiempo. Todas las manifestaciones importantes de la cultura son, como he señalado, tributarias del espíritu del juego —al respeto a la regla— así como al desapego que éste engendra y mantiene.

 

 

Composición y escritos tácticos

 

Volvamos al símil enunciado al inicio. Como lo ha señalado Wittgenstein [4] filósofo y lógico contemporáneo, «el ajedrez no consiste solamente en empujar figuras de madera por un tablero». «En el ajedrez como en la vida no hay solución porque no existe ningún problema» [5]. «Los problemas [filosóficos] deben desaparecer completamente» [6]. Todas las cuestiones que se pueden plantear, también se pueden responder [7]. Una cuestión que no se pueda responder, en rigor no puede ni siquiera ser planteada y si se formula es una «pregunta ilegítima», esconde una confusión [8] [...] adquiriendo un engañoso carácter de profundidad, «pareciera que hay algo oculto» [9].

Asimismo el problema del ajedrez puede considerarse como una obra de arte que ha sido realizada con elementos del juego y revestida de cualidades estéticas [10]. El problema del ajedrez puede definirse como una posición de piezas en el tablero, dispuestas a embellecer una idea, o tema de mate en un número determinado de jugadas que se anuncia de antemano.

Los caracteres esenciales de la materia ajedrecística y la fantasía de los compositores han determinado que, entre otras, las cualidades que debe reunir el problema en general son la belleza y la elegancia; cualidades que se aplican al fondo y a la forma. Los elementos que otorgan belleza son: las jugadas imprevistas y las combinaciones inesperadas —los sacrificios— la agudeza en la concepción de las ideas generatrices del problema y el ingenio empleado para desarrollarlas, esto es, la economía para realizar la idea temática con los elementos estrictamente necesarios, evitando el barroquismo, excluyendo todo lo superfluo. «Sólo el juego preciso puede ser bello» [11].

Otro elemento que embellece una idea es su originalidad. Según el enfoque clásico, tal o cual variante de apertura tenían una determinada clasificación, un leitmotiv del que nadie se atrevería apartarse. Tarrasch o Capablanca jugaban de cierta manera una línea de Gambito de Dama, y así había que jugarla. Una variante tenía determinada reputación y esa reputación podría modificarse a medida que avanzase la teoría, pero siempre bajo la premisa de que «en la variante X las blancas tienen que atacar en el flanco de dama» o «en la variante tal las negras tienen una posición sólida haciendo esto y lo otro». Sin embargo, con el enfoque poético aquí propuesto, que ha tenido entre sus más brillantes exponentes al genio temperamental de Bobby Fischer, los jugadores más audaces han incorporado a su mente una enorme versatilidad, lo que les permite luchar en cada apertura prácticamente sin prejuicios o ideas preconcebidas: están listos para cambiar sus ideas sobre la variante si se conjugan factores nuevos y extraños. Donde antes se producía un ataque directo por sistema, ahora pueden cambiarse damas «sólo» para entrar en un final superior, o quizá aceptar un peón «envenenado» para mantenerlo en una defensa heroica, basada en colosales conocimientos teóricos.

El ajedrez no es un mero ejercicio de lógica. Lo que cuenta es el impulso. Un plan puede ser perfecto y estrellarse una y otra vez contra la voluntad superior del enemigo, contra su conciencia superior del juego. Todos los grandes campeones han tenido sus «bestias negras». Tal perdía con Korchnoi. Bronstein con Spasski, Spasski con Stein.

¿Cómo definir el asunto de la «bestia negra»? Si inyectamos al juego nuestra conciencia volitiva, nuestro impulso, la absoluta certeza de que vamos a ganar, que no hay defensa posible contra nuestro plan: la estrategia deja entonces el lugar a la inspiración, a la belleza y sorpresa de una táctica y las piezas se mueven por el tablero como predestinadas a la victoria, sin que nada pueda detenerlas.

Este punto está controlado por el enemigo. No hay problema [12], no lo está realmente para mis piezas. No hay puntos débiles en la posición enemiga; sí las hay para mis bravas huestes. Mi alfil, mi caballo, hasta mi dama, pueden sacrificarse en la más romántica de las muertes para dar paso al peón justiciero que dará mate en la séptima fila.

Nada hay más saludable que jugar ajedrez sobre bases puramente emocionales. Obsesionarse con uno de los caballos de tal modo que toda mi estrategia se ordene a protegerlo. En el tablero no cabe ser sino decididamente impulsivo y original, hasta la más brillante de las victorias o la más romántica de las derrotas.

 

ANEXO 1

BOBBY FISCHER [13]
 

 

«El Ajedrez es la Vida» (Bobby Fischer).
«Todo lo que quiero en la vida es jugar al ajedrez» (Fischer).
«Fischer es el mejor ajedrecista de todos los tiempos» (Kasparov).

 

«Hay ciertas partidas en la historia del ajedrez que provocan enormes oleadas de reconocimiento en todo el mundo ajedrecístico. Son tan espectaculares, que las líneas internacionales de comunicación se ponen de acuerdo para declarar: ha nacido una nueva estrella. Un reconocimiento así acogió esta partida (ante el campeón del mundo, Dr. Max Euwe), jugada por el niño de trece años Bobby Fischer». Diciembre de 1956. (A. Saidy).
 

«Bobby Fischer es uno de los grandes mitos de la historia del ajedrez. Vivió desde niño por y para el ajedrez, que fue su gran pasión. Es uno de los jugadores más completos de todos los tiempos, dotado con un espíritu de lucha encomiable. Su amor se convirtió en obsesión y una vez conquistado el campeonato mundial dejó de participar en competiciones. Su juego de una inigualable precisión, lo convirtió en uno de los jugadores más efectivos de todos los tiempos» (A. López).

 

«Considerado por muchos especialistas como el mejor jugador de todos los tiempos, se convirtió en un mito al renunciar a defender su título tras su brillante victoria contra Spassky en el campeonato del Mundo celebrado en Reykjavik (Islandia) en 1972» (A. López).

 

«Bobby Fischer es, para mí, el mejor jugador de todos los tiempos» (Ljubojevic).

 

«Sólo veintiún movimientos necesitó Fischer para pulverizar a Benkö, un Gran Maestro que había derrotado al genio americano en el Internacional de Portoroz, 1958. La jugada diecinueve es como una bomba que estalla con toda su fuerza sobre el tablero» (Pablo Morán).

 

«Bobby Fischer es para mí el mejor ajedrecista de la historia. Antes de él lo fueron Alekhine y Capablanca» (Timman).

 

«En la historia del ajedrez hay tres genios: Fischer, Capablanca y Tahl» (Najdorf).
 

«Creo que Fischer es el mejor jugador de todos los tiempos» (Gligoric).

 

 

POÉTICA DEL AJEDREZ II

Defensa
 

 «Sólo un jugador fuerte sabe cuán débil es su juego».
Tartakower


2. 1 - Defensa

 

Un sentimiento profundo, un particular temperamento ajedrecístico puede dar lugar a una vocación de juego donde se prefiera defender a atacar. Donde se sienta más cómodo con las negras que con las blancas, esto es, en una posición inicial de defensa, viendo venir al adversario. Cultivando el refinado arte del contraataque.

A partir de esta emoción primordial, que no tiene —y no puede tener— explicación, uno no elige ser como es, la defensa puede convertirse en una épica, en una puesta en ejercicio del noble arte de la resistencia, que sirve mejor al cultivo de la templanza —al no apresurarse en darse por perdido— como virtud espiritual.

Un tema de Ajedrez sobre el que vuelvo es la situación de encontrarse en una posición desesperada —donde la única gloria posible sea resistir hasta caer en la más romántica de las derrotas—, a partir de lo cual puede ensayarse una teoría de «la infinita resistencia». Aquí hay que olvidarse de perder y concentrarse en la esperanza. Se trata de resistir encontrando siempre las mejores jugadas elusivas y maniobras distractivas. Sin rendirse jamás. En esta situación, dilatar hasta hacer tablas equivale a ganar la partida. El ganador es el que consigue el mejor resultado posible dadas las condiciones de cada caso, de modo que —en un plan de contingencia— en una mala situación, empatar es equivalente a ganar.

Para ello se debe jugar creándole problemas al rival, mantener piezas activas en su territorio, esbozar vagas amenazas al rey activando piezas marginales, etc. Todo sirve y puede ser aprovechado para crear amenazas de problemas, lo cual contribuye en mucho a minar la confianza del adversario. «La amenaza es en sí misma más fuerte que su ejecución» (Nimzowich). Mientras hay juego hay posibilidades de ganar, y esto en el ajedrez es un axioma. Se pierde sólo cuando el rey queda ahogado, cuando ya no tiene otra cosa que hacer. Así, hay que mantener abierto el resultado hasta la última movida. Jugar a alargar la partida en una defensa heroica, contando siempre con la ansiedad del jugador que está en ventaja, el siempre quiere ganar lo antes posible, eludiendo líneas demasiado prolongadas.

Para ello se debe primero hacer tablas en la propia mente; es decir encontrando la confianza necesaria para resistir el asedio y conseguir esa posición infranqueable que desconcierte al rival.

 

 

2.2.- Finales

 

Los aficionados al juego de ajedrez evitan estudiar «finales», resultan poco atractivos o a primera vista poco provechosos. Los profesionales y los analistas, en cambio, no tienen más remedio que zambullirse en ellos si quieren perseverar en la profesión. Pero, ¿por qué esa falta de entusiasmo para estudiar esta parte del juego? Quizá porque hay pocas piezas; pero si analizamos el argumento este no es válido ya que se puede aducir la misma razón para justificar un gran interés. Probablemente sea porque los finales son fríos, de fórmula compleja y difíciles de recordar. También porque nadie puede saber con exactitud cuándo se comienza a perder una partida, en qué movimiento se comete el error que moviliza la maquinaria del desastre. Además, las formas de la derrota y los desenlaces inesperados son tantos y oportunistas que parece aconsejable no estudiarlos, y en cierta forma es cierto, al menos los que se producen más a menudo no son los que están codificados en los libros que registran partidas. Sin embargo Capablanca sostenía que analizar finales mejoraba sustancialmente la comprensión del juego. Si conociéramos cómo transcurrirá el final de nuestra vida, ¿no viviríamos mejor orientados? El conocimiento del final puede ayudarle a uno a tener confianza durante el medio juego, y aportarle pistas acerca de qué dirección elegir en los momentos críticos. Esto podrá tener una influencia decisiva incluso si el final no llega a producirse, aunque en tales casos se trata más bien de una influencia potencial.

Además, una vez superada la sensación de extrañeza al tener tan pocas piezas en el tablero, uno se va acostumbrando a apreciar la claridad y las combinaciones que surgen de esa misma falta de densidad. Cabe así considerar el estudio de finales como una forma superior de cultura y su ejecución la más bella poesía.  

 

ANEXO 2

MARCEL DUCHAMP

  

«Todavía soy una víctima del ajedrez.
Tiene toda la belleza del arte y mucho más.
No puede ser comercializado.
El ajedrez es más puro que
el arte en su posición social»
[14].
Duchamp

 

Marcel Duchamp, antes de fallecer (el 1 de octubre de 1968), «dedicaba los días a estudiar problemas de ajedrez, y las noches a recuperarse de su agotamiento mental» [15]. «Una buena partida era tan importante para Marcel (Duchamp) como la composición de una obra maestra» [16] —comentó su amigo y también ajedrecista John Cage.

Cuando se le pidió a Duchamp que definiese el ajedrez, lo hizo así: «Es un deporte violento, lo que no mina sus conexiones artísticas, sino —más bien— las potencia. Si hay que definirlo con una sola palabra, es una lucha». Pero también contribuyó al aspecto científico con una investigación sobre los finales de reyes y peones, reflejada en un libro escrito junto a Halberstad —sólo se publicaron 1.000 ejemplares—, que profundizaba en el estudio de la oposición de los reyes y las casillas conjugadas, a pesar de que, como él mismo admitió, «estas posiciones sólo se dan una vez en la vida» [17].

Al acabar una de sus grandes obras, El gran espejo, que le mantuvo ocupado desde 1915 hasta 1923, dejó los pinceles para entregarse por entero a las piezas y el tablero: «Mi atención está completamente absorbida por el ajedrez. Juego día y noche. Cada vez me gusta menos pintar».

Nacido en Blainville, en una familia de grandes artistas, Duchamp (1887-1968) practicó el cubismo en su primera época, para convertirse después en uno de los precursores del dadaísmo y el surrealismo, a pesar de que el ajedrez ya era importante en su vida: «Cuando juegas una partida es como si diseñaras algo o construyeras un mecanismo a través del cual ganas o pierdes. El aspecto competitivo no tiene importancia. El juego en sí mismo es muy, muy plástico. Eso es probablemente lo que tanto me atrajo hacia él» [18].

De hecho, sus tres cuadros con motivos de ajedrez nacieron entre 1910 y 1912. Luego ganó varios torneos, como el Campeonato de París (1932) y uno en Nueva York, además de formar parte de la selección francesa en cuatro Olimpiadas: La Haya (1928), Hamburgo (1930), Praga (1931) y Folkestone (1933). Entre sus compañeros de equipo estuvo el campeón del mundo Alexánder Aliojin (o Alekhine), exiliado en Francia. Éste se encontraba enfermo el día del encuentro Francia-EEUU en Hamburgo, de modo que Duchamp tuvo que defender el primer tablero ante Frank Marshall, uno de los mejores jugadores de su época, y logró hacer tablas.

 

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Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, mención Filosofía Contemporánea y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Antropología y Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. Profesor de la Escuela de Periodismo, Profesor Adjunto Escuela de Psicología y de la Facultad de Arquitectura UNAB Santiago. –Miembro del Consejo Editorial Internacional de la Fundación Ética Mundial de México. Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Argentina. Miembro del Consejo Editorial Internacional de Revista Praxis – Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional UNA, Costa Rica. Miembro del Conselho Editorial da Humanidades em Revista, Universidade Regional do Noroeste do Estado do Rio Grande do Sul, Brasil y del Cuerpo Editorial de Sophia –Revista de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador–. –Secretario Ejecutivo de Revista Philosophica PUCV. –Miembro de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) con sede en Bruselas, Bélgica. Director de Revista Observaciones Filosóficas. Profesor visitante en la Maestría en Filosofía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. – Profesor visitante Florida Christian University USA y Profesor Asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado –UCM. Eastern Mediterranean University - Academia.edu. Académico Investigador de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, Universidad Andrés Bello. –Investigador Asociado y Profesor adjunto de la Escuela Matríztica de Santiago –dirigida por el Dr. Humberto Maturana. Consultor Experto del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC)– Artista conceptual. Crítico de Arte. Ha publicado el Libro: Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización, Colección Novatores, N.º 28, Editorial de la Institución Alfons el Magnànim (IAM), Valencia, España, 2008. Invitado especial a la International Conference de la Trienal de Arquitectura de Lisboa | Lisbon Architecture Triennale 2011. Traducido al Francés - Publicado en la sección Architecture de la Anthologie: Le Néant Dans la Pensée Contemporaine. Publications du Centre Français d'Iconologie Comparée CFIC, Bès Editions , París.

 

E-mail: adolfovrocca@gmail.com

Web del autor: http://www.danoex.net/adolfovasquezrocca.html

 

 

NOTAS:

[1] ZAILLIAN, Steven, Searching for Bobby Fischer, Paramount Pictures, 1993.

[2] ORTEGA Y GASSET. J., El origen deportivo del Estado. En Obras Completas. Volumen II. Madrid: Revista de occidente. 1996. P. 607 – 624.

[3] DUCHAMP, Marcel,  Cartas sobre Arte: 1916-1956, Editorial Elba, Madrid, 2010.

[4] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, El Concepto de Filosofía y la Noción de Problema en Wittgenstein, En Nómadas 13 | Enero-junio 2006. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, Universidad Complutense de Madrid. http://www.ucm.es/info/nomadas/13/avrocca.html

[5] DUCHAMP, Marcel, Cartas sobre Arte: 1916-1956, Editorial Elba, Madrid, 2010.

[6] WITTGENSTEIN, L, Investigaciones Filosóficas, 133.

[7] «Para una respuesta que no se puede expresar, la pregunta tampoco puede expresarse. No hay enigma. Si se puede plantear una cuestión, también se puede responder» (L: Wittgenstein, Tractatus Lógico-Philosophicus, 6.5).

[8] Las cuestiones de filosofía no son problemas a los que se ha de responder, sino perplejidades que deben ser eliminadas [Wittgenstein].

[9] WITTGENSTEIN, Ludwig, Investigaciones Filosóficas, 111.

[10] LIZALDE, Eduardo, De Buda a Fischer y Spassky dos mil años de ajedrez. Editorial Posada Editorial, México, 1972.

[11] FISCHER, Bobby , Mis 60 Memorables Partidas, Editorial Fundamentos, Madrid, 1986.

[12] –No hay solución porque no existe ningún problema– (Marcel Duchamp).

[13] KASPAROV, Gary, Mis geniales predecesores (Vol. IV – Fischer), 1ª edición, La Roda (Albacete): Ediciones Merán. 2006.

[14] DUCHAMP, Marcel, Cartas sobre Arte: 1916-1956, Editorial Elba, Madrid, 2010.

[15] GARCÍA, Leontxo, Duchamp: los jaques de un gran pintor, El País, España, domingo 29 de julio de 2012.

[16] CAGE, John, Silencio y Escritos al oído, Madrid, 2002.

[17] DUCHAMP, Marcel, Escritos, Editorial Galaxia Gutenberg, 2012.

[18] DUCHAMP, Marcel, Cartas sobre Arte: 1916-1956, Editorial Elba, Madrid, 2010.

 

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