EL YO ATEMPORAL
Luis María Guglielmetti



Metafóricamente se nos denomina polvo de estrellas, haciendo alusión a los materiales primarios que componen nuestro cuerpo, pero el concepto tiene alcances adicionales, porque lleva implícito el principio de universalidad con el que hemos sido gestados por la inteligencia universal. La creación, nos ha dotado de un potencial excepcional que yace sumergido y activo en las facultades de nuestro ser.

Los incipientes conocimientos que poseemos nos inducen a pensar, mas allá de la medicina, que existe una complejidad psicobiológica que nos hermana con el universo todo. El individuo, se sospecha, posee un potencial ilimitado en sus capacidades cognitivas y somáticas. La singularidad evolutiva que llevamos, está oculta en las manifestaciones de esta temporaneidad. Somos más de lo pensado, tal vez sin límites evolutivos físico e intelectivos con un destino de perfección inimaginable.

El concepto del yo lleva implícito el ser psicosomático, con facultades extraordinarias. Está formado por una interioridad, la mente, y una exterioridad, el cuerpo. Ambas en continua interacción influyéndose y modificándose mutuamente. Es algo imperceptible, pero ocurre como todas las funciones de nuestra integridad. Estos ajustes dan como resultados lo que somos y cómo estamos.

La interioridad está en contacto permanente con las emociones procedentes de la lingula e hipotálamo, que son las receptoras de todas las experiencias que vivimos a diario y que habitualmente son aceptadas tal como se presentan. Ingresan, mediante los sentidos, se cargan emocionalmente y no siempre llegan a la conciencia. No obstante, la zona emocional está en permanente relación con el área prefrontal y compite con ella en la toma de decisiones. Tiene éxito cuando se trata de emergencias que se relacionan a la preservación del individuo, pero crea errores cuando rige las conductas que deben ser tomadas. También las emociones se depositan en el inconsciente, porque nunca llegan a ser examinadas por el razonamiento. Es la responsable de la memoria profunda. Está en contacto permanente con este área, otorgándole color e intensidad.

La percepción que se tiene del cuerpo, es el resultado de la imagen modificada que la mente da de ello. Existe un ajuste permanente para aceptarla, de acuerdo a nuestras convicciones, dando por resultado una visión personalizada de lo que somos físicamente.

Otro tanto ocurre con el yo extracorporal; si bien no existen limites para definir nuestra imagen interior, está dibujada por las interpretaciones que le damos a las acciones y pensamientos. Existe un velo que esfuma la realidad y la modifica para hacerla coincidir con los deseos y las convicciones que tenemos. Estas van cambiando a lo largo de la vida. Pero siempre la mente es la rectora de nuestro destino tanto físico como espiritual.

Somos lo que pensamos

La mente tiene un inmenso poder trasformador capaz de llevarnos a los extremos de la conquista intelectiva artística y laboral. Modifica la realidad corporal al extremo de ver lo que deseamos e imaginar lo que nos falta. No se trata sólo de percibir, sino de trasformar las intimas estructuras del cuerpo y sus funciones.

El concepto de unidad psicofísica
se cumple totalmente

Cuando la mente actúa también lo hace el cuerpo armónicamente de acuerdo a lo pensado. Esta acción tiene un correlato en el organismo y cada uno de sus sistemas. Existen zonas como los músculos, el aparato digestivo o el respiratorio que nos muestran más claramente sus alteraciones funcionales y psicoplásticas (reales modificaciones estructurales) con más claridad. Llega a cada uno de los sistemas y alcanza hasta en la delicada capacidad inmunitaria. El sentirse bien o mal cursa por la doble interpretación que da la mente al cuerpo y viceversa.

La salud es un estado mental

Si alguien por algún motivo siente una molestia con frecuencia es interpretada como anormal. Se le puede dar carácter de banal e inocuo o importante y dañino. Si se rechaza el síntoma, queda establecido el estado de salud: Si, por el contrario, es tomado como un anuncio, se ratifica el concepto de enfermedad y comienzan a desarrollarse los síntomas y signos del proceso, que empieza siendo funcional y termina en una patología estructural y orgánica.

Un dolor torácico puede ser interpretado como muscular o por el contrario anginoso. La consecuencia de esta interpretación nos hará sentir en el primer caso sano y en el segundo enfermos. En este último, hasta que la causa no sea aclarada, se acompañará de palpitaciones, ansiedad, transpiración fría, temblores, insomnio y una florida sintomatología adicional.

Muchas enfermedades comienzan por la interpretación que damos a lo que sentimos. El punto de partida siempre es un conflicto real o imaginario. Si una persona, luego de un fuerte disgusto o una pérdida material, comienza a tener dolores abdominales, interpreta a su manera las molestias. En este caso particular, se ha producido un espasmo en el esfínter de Oddi que cierra el paso de la bilis al intestino. De perpetuarse, la vesícula biliar se dilata por la obstrucción que crea el mencionado esfínter y, luego de un tiempo, la bilis estancada se convierte primero en barro biliar y luego en cálculos. Estos cálculos, con el tiempo, llenan la vesícula que termina por ser excluida, infectada o carcinomatosa. En ocasiones elimina su contenido y al hacerlo puede obstruir el Wirsung del páncreas. Esta complicación en los casos graves desarrolla una «pancreatitis aguda» que puede terminar con la vida del enfermo. Explica porqué algunos problemas banales reiterados pueden matar a una persona.

Se puede estar enfermo
sin enfermedad

Quien esté pasando momentos de inseguridad o temor sin estar enfermo, puede enfermar. El recuerdo de seguridad que daba la madre protectora cuando el niño estaba enfermo, hará que inconscientemente desee volver a repetirlo y para conseguirlo enfermará. Sobre esta interpretación subconsciente se desarrollará una enfermedad psicosomática, que tendrá características propias e incapacitará en la medida que los síntomas avancen, haciendo estériles los esfuerzos médicos hasta que se haga el diagnóstico correcto.

Los medicamentos poseen una doble acción. Una es farmacológica y otra es sugestiva. Esta última se llama efecto placebo y con frecuencia es mucho más importante que el primero.

El efecto placebo es utilizado ampliamente para tratar el componente psicosomático que toda enfermedad tiene. En ocasiones la medicación sin principios activos, suele dar poderosas respuestas a enfermedades funcionales y orgánicas correctamente diagnosticadas.

La agresión del medio social, la insatisfacción y el cansancio pueden producir una acumulación de «fatiga» que se deposita en los músculos lisos o estriados y otros sistemas. Ellos son los receptores de la energía excedente creada en los conflictos y temores.

Luego de un tiempo de estar sometido a las agresiones personales, ambientales, físicas o psicológicas, comenzarán a producir tensiones musculares, en las zonas de expresión: Cara, cuello y hombro, También en las áreas viscerales. A partir de ese momento aparecerá una disminución de la irrigación de la mucosa gastrointestinal de acuerdo al estado de los órganos, espasmos bronquiales, trastornos esfinterianos y/o alteraciones de la mucosa colónica en su parte distal. De mantenerse, el estómago y duodeno tendrán ulceras y el intestino grueso colitis ulcerosa.

Otro tanto puede pasar con las arterias coronarias receptoras del stress y los factores de riesgo cardiovascular provocando angina de pecho, infarto de miocardio y muerte. El sistema arterial favorecido por las arteriosclerosis sumará factores y acciones funcionales como la de renina-angiotensina, alteración de la membrana celular con patología electrolítica y espasmos sostenidos que provocarán desde una hipertensión arterial leve a una maligna y terminal.

En toda actividad la mente puede crear
una respuesta exitosa o una catastrófica

Al imaginar una situación peligrosa se la anticipa somáticamente. La fuerza que tiene una idea sea de placer o angustia está determinada por la cantidad de excitación operante dentro del cuerpo. A la idea o anticipación de peligro, se comporta como si esa situación estuviera presente. El proceso de imaginación se basa en estas reacciones del organismo.

Quien estando en la intimidad del hogar en medio de la noche en un ambiente distendido y placentero siente un ruido, puede crear respuestas disímiles. Si se piensa que la causa del ruido fue un gato en el tejado, no se producirán alteraciones dentro del contexto emocional. Pero si se piensa en un ladrón, todo el organismo entrará en un estado de emergencia, tanto más intenso cuanto más impresionable sea la persona. Como consecuencia, se tensarán los músculos, se agudizará el oído, aumentará la frecuencia cardiaca y la tensión arterial, se focalizará la atención hacia la posible causa y se estará en condiciones de adoptar respuestas automáticas e inconscientes de defensa. La calma volverá cuando se descubra que el origen del ruido fue un gato.

El pensamiento decide el éxito o el fracaso de una decisión. Es una fuerza plástica que obra en todo el organismo. Este proceso se llama psicoplasia y siempre es la consecuencia del contenido del pensamiento y la seguridad que se tenga de él, provenga de una persona o de una convicción. Refuerza el carácter al permitir la obtención de las metas. Modela el cuerpo por la acción psicoplástica y las conductas alimentarías, lúdicas y laborales que trae aparejada.

Una persona de firmes convicciones desarrolla una actividad acorde a su manera de pensar y en función de ello establece patrones de actividad, que lo mantendrán dentro de lo estético cultural y laboral. Hay diferencia entre un sedentario conformista y un activo buscador de metas y logros materiales y espirituales.

La mente forma al hombre y al cuerpo y lo mantiene en la edad que se propone tener: He visto durante muchos años de profesión a ancianos de 40 y jóvenes de 70 años. Existe una edad biológica y una cronológica y no necesariamente tienen que coincidir. Este complejo psicofísico no sólo depende de la acción trasformadora de la mente si no del estilo de vida elegido.

El hombre creador está en permanente evolución y para ello requiere un cuerpo acorde a sus propósitos. No todos lo pueden lograr, pero el estado de confianza consolida una mente atemporal. Es la que se necesita para mantener una capacidad creadora y sin tiempo. El correlato se mantiene siempre y es coincidente con el viejo aforismo: «La función hace al órgano y el uso lo mantiene». También tiene asidero aquello de: «Cuerpo sano en mente sana».

Existe, a mi juicio, un trofismo orgánico con raíces enclavadas en nuestra persona profunda. La que decide cuánto se debe tener, qué tiempo durar para alcanzar las ansiadas metas. Aquellas que están mas allá del tiempo y de la edad. Siempre estuve convencido que al cuerpo hay que decirle lo que necesitamos, para llegar donde queremos más allá de todo plazo. También que estamos fuertemente convencidos de la capacidad restauradora para mantener las funciones dentro de los parámetros necesarios.

Es una cuestión de convicción. La mente permite modificar funciones orgánicas y anular o activar movimientos. Crear o abolir apetito. Provocar sobriedad o ebriedad a voluntad sin la presencia de fármacos o alcohol. Desarrollar afectos u odios, placeres o disgustos. Curar fobias y establecer confianza. Anestesiar fuera de los parámetros fisiológicos y crear anestesias operatorias, Recuperar parálisis sin materia. Reemplazar personalidades y adaptar deseos a pedido del interesado.

Con la mente todo, sin la mente nada. En última instancia, no se hace más que buscar las respuestas dentro del tremendo potencial implícito de nuestra condición humana, estimular a la persona profunda, para alcanzar la salud, el éxito, la determinación, el placer, el sacrificio, la confianza y hasta la fe, fuente de todos los logros humanos.

LUIS MARÍA GUGLIELMETTI es médico psicosomatólogo, sofrólogo y psicodeportólogo. Ha realizado trabajos de investigación para mejorar el juego mental, cursos sobre Psicogolf y CD personalizados para corregir defectos mentales del golfista. Ha publicado el libro La mente al servicio del golf
y, próximamente, el titulado Pensamientos ganadores en el golf. Es colaborador de revistas y portales en Argentina, México, Venezuela y España (La web de golf y Golf área).

CONTACTAR CON EL AUTOR: luismaria(at)drguglielmetti.com

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