Matrix reverbera
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Guillermo García



1. Comencemos por deslindar los dos sentidos del vocablo «matriz»: el biológico y el técnico. El primero liga la expresión al concepto de maternidad, esto es, a la gestación natural de vida. El segundo, en cambio, la vincula a la producción en serie de objetos a partir de un patrón estable. Matrix (Andy y Larry Wachowski, 1999), el film, cruza y amalgama ambas acepciones. Obsérvese detenidamente la estética de la película: las líneas, los contornos de las máquinas, nos hablan de un mundo técnico biologizado, imaginaria replica «distópica» a una humanidad hace mucho lanzada por el camino de la hipertecnificación.

2. Así, en Matrix las máquinas representan por su forma el estadio último, la parodia grotesca de lo vivo. Artefactos que, en sí mismos, figuran una posteridad de lo orgánico de la misma manera que los humanos sobrevivientes se sirven de una tecnología degradada, también ella postrera.

3. Leamos con más detalle. El relato propone una inversión conceptual inédita en el género. Varía plenamente aquí el clásico esquema humano-antihumano concertado según el modelo de filmes como Terminator (James Cameron, 1984), donde el conflicto gira en torno a la oposición hombre versus poderosas entidades robotizadas que por todos los medios persiguen ocupar su lugar, desplazarlo mediante el exterminio. Y el factor de variabilidad radica ahora en que las máquinas no pueden aniquilar a la humanidad precisamente porque necesitan de ella (léase: de la energía que lo orgánico humano genera) para «sobrevivir». Este giro conceptual se torna esencial cuando de formular un esquema de roles en la historia se trata. Se tienen así las siguientes categorías de personajes:

3.1. Máquinas biologizadas. La representación de estos mecanismos no deja lugar a dudas: formas medusantes, plásticas, donde las líneas duras han cedido paso a las curvas fluctuantes y un tipo de movilidad no rígida, casi subacuática. Ese sesgo biologizado, además, se halla subrayado por el carácter vampirizante de los mecanismos: necesitan de los «humanos» no como sujetos sino en su función de objetos productores de energía. Entonces, y en tanto entidades des-subjetivizadas (plenamente cosificadas), conforman estos últimos otra categoría.

3.2. Humanos-serializados. En efecto, las máquinas en Matrix representan el estadio último del imperio de la ciencia en su puro aspecto de tecnología, esto es, en lo que tiene de instrumentalidad, cálculo y programación. De este modo, mientras los hombres «verdaderos» han desaparecido casi en su totalidad, puede decirse que han sido sustituidos por otros producidos en serie (cultivados, en verdad) por las primeras. En esa planificación del cultivo leemos la transformación del sujeto en objeto por obra de la técnica. En efecto, nada diferencia a esta humanidad «dormida» de los objetos producidos en serie por la industria. Sin embargo, este esquema se verá alterado por la incidencia de una tercera categoría que, en tanto generadora de tensión, articula el relato.

3.3. Los humanos, quienes, a su vez, pueden ser deslindados en «recuperados» y «genuinos». Estos últimos constituyen un resto, un residuo del orden natural perdido y resisten confinados en la ciudad de Sión. No obstante, su rol consiste básicamente en rescatar a los humanos serializados, vale decir, en tornarlos sujetos.

3.4. Los «recuperados», aquellos que en verdad importan a la historia pues a dicho grupo pertenece Neo, el protagonista de la saga, recorren el camino inverso de los objetos producidos en serie y sometidos al régimen del puro intercambio. Ellos pasan del sueño pasivo de la objetualidad a la problemática realidad del sujeto consciente. Puede decirse que al despertar a lo real-real adquieren una conciencia crítica hacia lo real en apariencia, es decir, hacia lo virtual generado por las máquinas.

3.4.1. Los humanos recuperados toman distancia de «la fábula», entrando y saliendo de ella a voluntad, alterándola. En verdad, cumplen la función de un virus al que por todos los medios la instancia productora del simulacro debe destruir. Aquí entra en función otra categoría actancial del relato, antagonista plena de los saboteadores.

3.5. Los «antivirus» representados por los agentes de la Matriz.

4. En el film, tal como ocurría en la breve parábola filosófica nietzscheana, las máquinas son, literalmente, las productoras de la fábula. Genial alegoría de los Hnos. Wachosvsky quienes, didácticos, dan su propia versión de un texto de Friedrich Nietzsche tan ceñido como problemático: «Cómo el mundo verdadero terminó convirtiéndose en fábula».

4.1. Neo, el elegido, versión posmoderna del superhombre, es quien ha tomado conciencia plena del carácter artificioso, «inventado», del mundo. Y obra en consecuencia.

5. Chequear y pasar en limpio: en los últimos años toda una serie de films de fantasía y ciencia ficción han rondado en torno al carácter simulado, arbitrario o «inventado», en el sentido que Nietzsche le da a este vocablo (Erfindung), de la realidad en relación al sujeto en ella sumido: The Truman Show (Peter Weir, 1998), Ciudad en tinieblas (Alex Proyas, 1997), El piso trece (Josef Rusnak, 1998), Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997) e incluso su lánguida remake, Vanilla sky (Cameron Crowe, 2001).

5.1. En la notabilísima Simone (Andrew Niccoll), una de las películas más inteligentes —y desapercibidas— del año 2002, el decaído director de cine que interpreta Al Pacino le dice a su actriz virtual: «Sos el asesinato de la realidad».

6. Y en el origen, inevitable, pareciera estar siempre Borges. En ese magistral relato de ficción especulativa que es Tlön, Uqbar, Orbis Tertius (1940) se cita a Bertrand Russell, quien «supone que el planeta ha sido creado hace pocos minutos, provisto de una humanidad que ‘recuerda’ un pasado ilusorio».

6.1. Además, una de las escuelas filosóficas del planeta Tlön especula que «mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres». Nihilismo borgeano o el mundo devenido texto.

7. Antes de cerrar: Matrix, la película, ¿revisa la disyuntiva clave del pensar tardomoderno operada entre el mundo verdadero y el aparente? Y si esto es así, ¿redefine al nihilismo en las postrimerías «hipermediáticas» del siglo nihilista por excelencia?

7.1. A fin de ensayar un principio de respuesta, rever el filme a la luz de la interpretación que el filósofo italiano Gianni Vattimo hace de la «fabulación del mundo» profetizada por Nietzsche en el citado capítulo de El crepúsculo de los ídolos. Esto es: como progresivo debilitamiento del principio de realidad (del sentido del ser) originado en la información generalizada y el consumo de masas.

7.1.1. Para erigirse, la Matriz exige un mundo plenamente informatizado e íntegramente consumido.

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Guillermo García (Argentina, 1966) es licenciado en letras y se desempeña como catedrático de Literatura Latinoamericana I y II en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Ha publicado ensayos de crítica literaria en diversos medios nacionales y extranjeros. También es autor de un libro de poesías, Evidencias (2003).
ggarciart[at]yahoo.com.ar

Lee otro artículo de este autor: Pavana o la reescritura de la historia.

ILUSTRACIÓN: Alch Bot, By Own work (Derivated work from File:Android.jpg)
[CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons.





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