Thomas Stearns Eliot o
El sermón del fuego. San Luis, 1888
Londres, 1965

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Jaro Godoy

«We are the follow men We are the stuffed men
Lerning together Headpiece filled with Straw. Alas!
Our dried voices, when We whisper together

Are quiet and meaningless
».
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Somos los hombre vacuos
De viento y hojarasca rellenados
¡Cuál un haz de muñecos desatado!
Al balbucir juntos son quietas nuestras secas voces
Y carecen de significado
.


Poetas como pocos, este inglés escritor de origen estadounidense, hijo de una escritora y un empresario, se radica desde muy joven en Inglaterra adoptando esta nacionalidad en el año 1927.

Enfrentado desde muy dentro de su ser con las palabras, logra la alquimia perfecta entre belleza y formalidad, dotando así a la lengua inglesa de una voz poética potente y de fuertes ecos en el modernismo anglosajón y una innegable influencia en toda la literatura del siglo veinte convirtiéndose en paradigma de escritores en el resto del mundo.

Contaba a su favor, además de su genialidad extraordinaria, su visión tanto metafísica y poética y futurística del hombre y su entorno con excelentes bases, como las universidades de Harvard, Oxford y la Sorbona.

Estudia griego, literatura inglesa, alemán, historia medieval e historia del arte. Más adelante en su licenciatura (1906-1909) ampliará conocimientos sobre la literatura francesa y alemana y la historia de la filosofía. Además, relacionará a la literatura inglesa con las literaturas europeas, sobre todo con la latina y la renacentista europea, religión, haciendo hincapié en el Hinduismo y el Budismo, además del Sánscrito.

Sátira, religiosa, metafísica, poética, su obra empieza a moldearse junto a las preocupaciones acerca del futuro del hombre y sus consecuencias en el mundo.

Sus poéticas obras inmortales se llamarían: Tierra yerma (1922), Miércoles de ceniza (1930) y Cuatro cuartetos (1935-1942). En ensayos podemos citar a La idea de una sociedad cristiana (1919) y Notas para una definición de la cultura (1923) y las obras de teatro Asesinato en la catedral, basada en la vida de Thomas Beckett, Reunión de familia y Cocktail party.

Destacó también en sus trabajos como crítico literario: Ensayos escogidos (1932), Función de la poesía y de la crítica (1933), De poesía y poetas (1957) o Criticar la crítica y otros ensayos (1965).

La coronación de todo este trabajo se ve plasmada al menos en papel y en el ego del espíritu al recibir en el año 1948 el premio Nóbel de Literatura.

Podemos decir que sólo indirectamente el deber del poeta, como poeta, es para con su pueblo; su deber directo es para con su lengua: consiste primero en preservarla, y segundo en extenderla y mejorarla. Al expresar lo que sienten otros también cambia el sentimiento, porque lo vuelve más consciente; permite que las personas se apropien de lo que sentían, y por lo tanto les enseña algo sobre sí mismas. Pero no es que sólo sea más consciente que los demás; también es individualmente distinto, de la gente y de los otros poetas, y puede dar a sus lectores la posibilidad de compartir sentimientos que no hayan experimentado nunca. En ello radica la diferencia entre el escritor meramente excéntrico o loco y el poeta genuino. Tal vez aquél tenga sentimientos únicos, pero imposibles de compartir y por lo tanto inútiles; éste descubre nuevas variaciones de la sensibilidad de las que pueden apropiarse otros. Y expresándolas desarrolla y enriquece el idioma en que habla. (T.S Eliot)

De sus discursos entendemos cómo la «medianoche sacude la memoria… como un loco agitando un geranio muerto», decálogo de todo poeta, defensor y orgulloso de su palabra, cuidar hasta él ultimo detalle, hasta «El último retorcimiento del cuchillo».

T. S Eliot logró como nadie pintar la nostalgia, la angustia, la desazón, la desesperanza de una generación atrapada en dos guerras mundiales, lo hizo a través de su incuestionable presencia poética, a través de sus palabras que como el canto del cisne a medianoche, logran despabilar a toda una generación de durmientes por propia o ajena voluntad.

Eliot toma contacto con la literatura a muy corta edad cuando escribe él prólogo para el libro que su madre editaría bajo él titulo de Savonarola (extenso poema dramático sobre el martirologio de Savonarola y una biografía sobre su suegro), después sus actividades serian tan disímiles que él mismo se encargó de advertirlo: «En América, profesor; en Inglaterra, periodista; sólo a grandes pasos y con sudor, podréis seguir mi pista».

En 1927, Eliot rompió sus últimos lazos con los Estados Unidos al adoptar la carta de ciudadanía británica, al mismo tiempo que se convertía, en religión, a la iglesia católica. Su posición quedó expresada en una colección de ensayos titulada For Lancelot Andrews, en que se declaró «anglo-católico en religión, clasicista en literatura y monarquista en política», aunque sigue figurando en casi toda antología como poeta Norteamericano.

Provoca un revuelo propio de este siglo al que la pacata sociedad inglesa no estaba para nada preparada, con sus versos del año 1917 Prufrock and Other Observations, nadie había escrito algo por el estilo, algo tan arriesgado, hasta ese momento: poemas de aire enrarecido y estímulos desconocidos como el efecto de una droga nueva y una poética muy cercana a los poetas malditos. Sus versos ambientados e inspirados en cafés de mala fama, buhardillas, cabarets, dejan totalmente de lado los convencionalismos de moda y se apartan claramente del establishment poético de su época, tomando de referentes a poetas como Shelleyy o Keats. Dijo de todo esto, en el año de 1930: «Tengo para con Mr. Symons una gran deuda. De no haber sido su libro, yo no habría oído, en 1908, de Laforgue ni de Rimbaud; probablemente no hubiera comenzado a leer a Verlaine, y sin Verlaine, no hubiera sabido de Corbière. El libro de Symons es, por tanto, de aquellos que han influido en mi vida».

Pero si al universo había que romperlo en pedacitos y volverlo a construir, si había que empezar una guerra contra la estatificación de una época que no encontraba su rumbo en las letras, si las mentes atrofiadas por tanta vaguedad y desconcierto necesitaban su cometa hacia el nacimiento Divino, ahí estaba, en el año 1922, un libro que en español se conocería como La tierra baldía (The Waste Land, traducido por Ángel Flores) que puede compararse a una montaña que cae con toda su fuerza sobre un indefenso pueblo o un iceberg rompiendo el corazón de un barco en mil pedazos. Dividido en cinco partes y con 433 versos, treinta y seis autores y más de cuatro lenguas que le fueron incorporados, Eliot resume la frustración de la humanidad de su época, desolación patética nacida de un montón de huesos amontonados en el cementerio de la frustración. Sin lugar a dudas, el gran poema que se plantó en el medio de la literatura para no ceder su lugar a nadie más, ni entonces ni ahora.

Poema complicado como pocos, puede ser fácil el entender él porqué de tanta confusión e incluso de lo inclasificable del poema al encontrar citas tras citas, versos tras versos, frases tras frases, de cuantiosas fuentes y tan disímiles entre sí, a saber: Spenser, el Eclesiastés, Shakespeare, Milton, Dante, Goldsmith, San Agustín, Gerard de Nerval, Webster, Verlaine y Herman Hesse…, sobre todo teniendo en cuenta que dichas palabras están sometidas al poema como un todo, sin ningún tipo de advertencia al lector, uno de los mejores jeroglíficos creados por una mente inmortal conocedora de los principios mismos de la humanidad y todos sus vericuetos —incluso del mismo inventor de jeroglíficos—, además de pasearse libremente entre la métrica, el pentámetro yámbico o hasta los ritmos sincopados.

Dice Eliot sobre Tierra Baldía: «La experiencia central de The Waste Land es la de ‘la infinita vanidad de todo’». El autor explora dos mundos paralelos: el de la miseria cotidiana y el de las creaciones del espíritu… «Yo Tiresias, aunque ciego agitándome entre dos vidas… Así como todas las mujeres son una mujer —dice—, los dos sexos se funden en Tiresias. Lo que Tiresias ve, es, en realidad, la sustancia del poema», y el final derrotado del poema es: «No hay posibilidad de integración a la vida real, estos fragmentos que he reunido a pesar de mi ruina…», a lo cual sigue una invocación a la paz budista: «Shantih, shantih, shantih, que no es otra cosa que el reposo eterno».

Poetas como pocos, con una voz autorizada por el tiempo y por el respeto religioso sobre la palabra, aun nos queda lo más si se quiere ambiguo en su producción, ambiguo por las enseñanzas subliminales, muchas veces escondidas bajo el fango de la ignorancia o la inercia mental de sus coetáneos; él mismo nos dice:

«Vosotros sois seres a los que nada ha ocurrido, excepto el choque incesante de los acontecimientos exteriores. Habéis pasado la vida en un sueño. Ninguna pesadilla os despierta. Os digo que la vida sería intolerable si despertaseis. Vosotros no conocéis el pernicioso olor que no emana de ninguna alcantarilla, inaccesible a los plomeros y que sólo es percibido de noche. Vosotros no conocéis la voz muda del dolor en la habitación en ruinas a las tres de la madrugada, No hablo de mi propia experiencia, sino que intento daros comparaciones que os sean familiares. Yo soy la vieja casa en que todo pasado está presente y ninguna degradación es redimible».

La belleza influye al mundo

«Sé que por belleza queremos significar toda suerte de cosas». —dice— «Pero la ventaja esencial del poeta no consiste en tener un mundo hermoso que describir, sino la capacidad para ver tanto debajo de la belleza, como la fealdad; de ver el tedio y el horro y la gloria». ¿Cuánta de esta belleza ha sido dispersada por los vientos literarios alrededor del mundo?, demasiada o quizás no toda la que debería: W. H. Auden, Stephen spender, y C. Day Lewis, en Inglaterra, y Conrad Aiken, Horace Gregory y Archibald Mac Leish, en los Estados Unidos. «Nadie nos ha enseñado más que Eliot», declaró Mac Leish. Allen Tate se une a este homenaje comentando: «Yo sólo he tenido dos maestros y uno de ellos es Eliot».

Desde nuestro español poetas como Pablo Neruda y Humberto Díaz Casanueva. Este último, después de expresar su disconformidad con las ideas políticas y religiosas de Eliot, concluye: «A pesar de todo ¿cómo no confesar que me han cegado los rayos de su poesía y que su contacto es una de las experiencias más puras y profundas que yo haya tenido en mi vida?».

El hombre detrás del poeta fumaba pipa o era el poeta detrás del hombre que vestía con una sutil despreocupación de dandy, aficionado a la soledad, a las bebidas suaves como el borgoña y a los juegos de concentración como el ajedrez; el mismo se describió entre sarcástico y burlón:

How unpleasant to eet Mr. Eliot! With his features of clerical cut,
And his brow so grim And his mouth si prim
And his conversation, so nicely Restricted to what precisely
And if perhaps and but. How unpleasente to meer Mr. Eliot!
With a bobtail cur In a coat of fur And a porpentine cat
And a wopsical hat: How unpleasant to meet Mr. Eliot

(Whether his mouth be open or shut!)

«¡Qué desagradable es toparse con el señor Eliot! Con sus rasgos
de tipo clerical y su frente ceñuda y su boca puntuda y su modo de hablar
tan puntilloso, limitado tan sólo a lo forzoso al ‘Sí, Pero y quizás’
¡Qué desagradable es toparse con el señor Eliot, con un rabón perrillo callejero,
en un abrigo de piel, y un gato ‘porpentino’ y un extraño sombrero:
¡Qué desagradable es toparse con el señor Eliot!
Lo mismo si habla que si tiene la boca cerrada».

Durante los años 1917-1925 sufre un colapso nervioso, empezando a psicoanalizarse; a finales de 1915 contrae matrimonio con Vivien Haigh-Wood, (una joven más simpática que hermosa, hipersensible, y con un sentido del humor que llegaba a veces a la crueldad. Sus padres pertenecían a la clase media alta de la sociedad Eduardiana. Según Ackroyd, Eliot llegó virgen al matrimonio y Vivien fue para él tanto una revelación sexual como emocional), aunque al decir de muchos muy pronto se arrepentiría de dicho matrimonio; en 1930, su esposa contrae una enfermedad mental y separados viven hasta la muerte de Vivian en 1947; en 1957 se casa con Valerie Fletcher, hasta entonces su secretaria, y en el año 1943 llega su obra maestra: The Four Quartets. Hombre iluminado por luces que jamás veremos o entenderemos, aunque falta no haga, quijote de oro en una selva de barro, guerrero inmemorial, con su palabra salvando el ideal de un mundo en bancarrota, pisando tierras baldías, desiertas de moral, de dioses, de voluntades aquel que escribió: «Y el viento dirá: 'Aquí yace gente decente y sin Dios; su único monumento es el camino de asfalto / y un centenar de pelotas de golf perdidas'».

El artesano de palabras

Fue un poeta de esos que no dudaron un instante en sacrificar en el altar de la vida su sangre y poner sobre el baldío intelectual de la época, la renovación del alma, a través de una revolución cultural con un sólo miembro, al menos al principio, para desentrañar la enfermedad que corroía a toda una civilización en completa decadencia; desde un vacío inmemorial supo construir una nueva dinastía que hoy asombra con la vastedad de sus herederos, construyó un mapa donde el hombre se pueda encontrar y de donde podamos partir en busca del arte en estado puro y natural.

Con voluntad de artesano, fabricó sus palabras en marfil. En completo éxtasis dio a conocer un nuevo camino, un camino que no es fácil de recorrer por sus miles de abanicos y bulevares espirituales. «Es una especie de poema póstumo escrito para una civilización muerta». Según las palabras de Stephen Spender, fue el sembrador de visión divina que vio en un campo desolado el campo perfecto para sus semillas de belleza y esperanza.

Entre Dios, el hombre, la vida, la muerte, el tiempo, lo fugaz, lo eterno, reflexiona el poeta dejándose llevar por caminos que necesitaban ser caminados, pero caminos que necesitan de visitantes, y acercarse a Eliot sin miedo, casi con el mismo irrespeto con que vivió y escribió sus mejores obras, el gran maestro de la palabra nos invita a leerlo de la mejor manera posible, sin limites, sin reglas, sin limitaciones, sólo por el placer de leer en una tierra baldía o entre cuatro cuartetos o reflejarnos en el retrato de una dama y otros poemas.

Deberemos también entender la situación reinante en esos años, la frustración de empezar un siglo que cada uno de sus días prometía ser bajado desde el mismo Olimpo, la electricidad suplantaba a las velas y al carbón mineral, la población entraba en el progreso y en el corto camino hacia la civilización Boston era, a comienzos de siglo, una ciudad cosmopolita donde más de un tercio de sus seiscientos mil habitantes eran extranjeros. Siendo uno de los centros manufactureros más importantes, no había dejado de destacarse por sus artistas, escritores, museos, salas de concierto, bibliotecas y centros de educación. Su museo de Bellas Artes exhibe, desde entonces, una buena colección de estatuaria griega y otra de cerámica y pintura japonesa. La biblioteca pública albergaba cerca de un millón de volúmenes e incluía unos siete mil en portugués y español y otros tres mil de y sobre Shakespeare, además de una extensa colección sobre etnología y antropología. Había diecisiete salas de teatro, una orquesta sinfónica, otra filarmónica y una compañía estable de ópera.

París vivía uno de sus gloriosos momentos: La Belle Epoque, el París de los sueños de grandeza de una burguesía que olvidaba los años difíciles y que estaba encantada de tener una Ciudad Luz donde albergar, en sus espléndidos salones, a zares, emperadores, reyes, maharajás, los príncipes y las princesas, los nuevos ricos, los banqueros, los apaches y los anarquistas.

De pronto y sin aviso previo cayó el telón dejando ver una nueva realidad que no guardaba recuerdo de nada que había existido hacía cinco minutos atrás, una guerra mundial que empezaba y con ella los fantasmas que jamás abandonarían a los hombres ya a finales de 1914. En sólo unos cuantos meses los ejércitos británico y francés habían perdido millares de sus hombres. Las jóvenes élites de sus ejércitos habían sido diezmadas. En las trincheras, húmedas y llenas de ratas, millones de soldados hacinados combatían, entre la monotonía y la muerte, frente a las poderosas ametralladoras, los bombardeos de los zeppelines y el gas venenoso de los alemanes. Guerra que en una sola batalla, la de Somme, dejó, entre muertos, heridos o capturados a medio millón de ingleses, y que hizo exclamar a Kipling: «¿Quién nos devolverá a nuestros niños?».

Eliot escribe a partir de aquí, desde las trincheras de un mundo alienado entre matanzas sin sentido y toda perdida de creencias que habían sostenido los pilares de una «sociedad moderna»; desde el corazón de jóvenes viejos, hastiados, desilusionados de toda religión, de todo dios y sin mas fe en ninguna institución, política o religiosa, ciego para ver cualquier camino hacia el olvido y un nuevo comienzo.

Entre estos poemas encontramos la idea de abandonar el «todo pasado fue mejor» y empezar a construir un ahora que puede ser enderezado a base de sabiduría, un renacimiento, un regenerarse a partir de una muerte total, y un nuevo puerto partiendo del dolor pero teniendo la meta de alcanzar la redención a través y por medio del amor, un jardín de jacintos y una muchacha símbolos de un amor perdido, conjurando «las miles de almas de los muertos en las batallas que ahora cruzan el puente de Londres, con los ojos fijos a sus pies. Cadáveres plantados por la muerte y que sólo el perro ‘el amigo del hombre’ puede desenterrar».

Bajo un nuevo régimen hay que derribar las paredes troyanas, desde las catacumbas del orgullo hay que tender los puentes, vamos por tierras ya no tan baldías, derribando soldados de soledades, de orgullo, tendiendo la mano al hermano, iluminando los abismos de la esterilidad, saciando la sed de la decadencia, montando desde los escombros, una nueva ciudad iluminada, una dinastía de seres amantes de la humanidad. En Las tres voces de la poesía, Eliot sostiene que «habla consigo o con nadie», «está oprimido por una carga que debe dar a luz para sentirse aliviado, está obsesionado por un demonio contra el cual se siente impotente, porque sus primeras manifestaciones no tienen rostro, ni nombre, ni nada; y las palabras, el poema que compone, son una especie de exorcismo contra el demonio».

El camino final sobre tierras baldías

En la bruma del acontecer, editó The Criterion y vivió angustiosos problemas económicos y conflictos emocionales. Se sabe que varios de sus amigos, Pound entre ellos, crearon un fondo para recaudar dinero y ayudar financieramente al poeta, pagando algunas de las cuentas para cuidar su salud, agobiada por el estéril trabajo en Lloyd´s Bank y los conflictos con su primera esposa.

Su rostro, habitualmente pálido por el exceso de trabajo, podía verse ahora sobre un oscuro traje de calle; ese mismo año, cumplidos los diez de su matrimonio, Eliot comenzó a comentar a sus amigos sobre la posibilidad de una separación definitiva de su esposa. La salud de Vivien estaba totalmente destruida y había estado yendo y viniendo de diferentes casas de reposo tanto en Inglaterra como en el continente, la separación definitiva de Vivien llegó con el año 1932, al aceptar Eliot la cátedra Charles Eliot Norton en Harvard. Ella moriría, en enero de 1947, a la edad de cincuenta y ocho años. La vida social inglesa, que tanto atrajera a Eliot, era para entonces de una insoportable frivolidad, mientras tanto la sociedad cambiaba su rumbo y su moral, los nobles y los ricos habían decidido negar toda moral y pretendían creer que nada en este mundo merecía ser tomado en serio. «La Cafe Society —recuerda José Luis Villalonga— puso de moda el divorcio, la pederastia y los viajes al extranjero. El adulterio se tornaba, entre gentes bien nacidas, en un deporte que convenía practicar según las reglas del arte, la Cafe Society hizo mucho por el mejoramiento de las condiciones de vida de sus mujeres. Ellas tuvieron acceso a las bebidas fuertes, al tabaco y a los placeres hasta entonces inéditos del amor físico».

Aparece entonces en mitad de la segunda gran guerra Four Quartets, «donde los muertos hablan a los vivos», un vaso de agua fría a las mentes y cuerpos de miles y miles de individuos que paseaban en medio de trincheras cubiertas de sangre, basado en el libro de los libros, habla del hombre habitando un jardín, una ciudad de oro y piedra, fuego y rosas dantescas.

A partir de entonces un exilio voluntario, su conversación al catolicismo inglés y su poesía, lo dejaran para siempre en la literatura universal como el iluminado que todo lo veía y todo lo traducía, un iluminado que ni el tiempo podría reducir a cenizas un hombre de ayer de hoy y de mañana, siempre naciendo a las puertas de un infinito Paraíso, donde hombre y poeta se dan la mano, y vuelven a nacer.

T.S. Eliot murió el 4 de enero de 1965.

«Todo poema es un epitafio».


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* IMÁGENES ARTÍCULO (orden descendente): T S Eliot Simon Fieldhouse, Simon Fieldhouse (Simonfieldhouse at en.wikipedia) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], from Wikimedia Commons | Thomas Stearns Eliot by Lady Ottoline Morrell (1934), By Thomas Stearns Eliot with his sister and his cousin by Lady Ottoline Morrell.jpg: Lady Ottoline Morrell (1873–1938) derivative work: Octave.H [Public domain], via Wikimedia Commons | Le Chateau d'eau and plaza, Exposition Universal, 1900, Paris, France, See page for author [Public domain], via Wikimedia Commons | Going over the top 01, By Ivor Castle [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons.

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