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Pilar Bellver :
desnudando el alma de la mujer

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Entrevista realizada por Raúl Tristán


El pasado nueve de noviembre, en ese sanctasanctórum imprescindible de la cultura literaria aragonesa en que, gracias al trabajo y esfuerzo de muchos años, se ha convertido la librería Cálamo (Zaragoza), la escritora Pilar Bellver nos entregaba de nuevo un pedacito de corazón con su última novela La vendedora de tornillos o Tratado de las almas impuras (Elipsis, 2006), «una novela sobre los remordimientos de conciencia: sobre los que nadie debería sentir, los imprevistos, pero muy reales y finalmente insoportables que provoca en la protagonista su trabajo como creativa publicitaria y sobre los que sí debería sentir, pero no siente, a pesar de su educación y de sus prejuicios estéticos —acostumbrada a seleccionar hombres y mujeres de especial belleza para protagonizar sus anuncios—, cuando descubre que puede estarse enamorando de una mujer que ni siquiera es guapa».

Javier Celaya, Director de la Revista Cultural Dosdoce, nos proponía una entrevista con la autora, oportunidad única a la que, por supuesto, no pude ni quise renunciar.

Pero antes de pasar a la misma quiero presentárosla, si es que todavía no habéis tenido ocasión de conocerla.

Pilar Bellver nació en Jaén en 1961. Vivió los primeros años de su vida en Colombia y estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, llegando a ser directora creativa de una agencia de publicidad.

RT: Pilar, para empezar esta entrevista me gustaría saber algo más sobre ti. Naciste en un pueblecito de Jaén, pero parte de tu infancia transcurrió en Colombia, entre Cartagena de Indias y Barranquilla. Un gran salto en el vacío para una niña. ¿Cómo fuiste a parar al otro lado del océano? ¿Qué recuerdos guardas de aquellos años de niña en una tierra extraña, tan diferente? ¿Crees que haber pasado tu infancia en Colombia se refleja de alguna manera en tu obra?

PB: Mi abuelo inventó un coche que decía él que andaba con agua y poco más; una especie de máquina de vapor modernizada. Lo patentó y todo. En su época, un coche era una fortuna y él necesitó desbaratar unos cuantos… En fin, que arruinó a la familia. Sacó a sus dos hijos adolescentes del internado y los puso a currar. Y siguió «invirtiendo». Hasta que mi padre, recién alcanzada la mayoría de edad legal, se casó y decidió que la única forma de salir adelante era irse lo más lejos posible del loco (buena persona, pero loco) de mi abuelo. A Colombia se fue. De emigrante, como tantos españoles. Yo tenía año y medio. Por la misma época, mi abuelo, se fue al Congo Belga (y no es guasa); decía que los países jóvenes le pondrían menos trabas a sus inventos. Del Congo se fue a Liberia. Me preguntas qué huella me dejó mi infancia en Colombia… Por lo poco que te cuento aquí, verás que el realismo mágico de los personajes de García Márquez, nosotros por lo menos, en el caso de mi familia, nos lo llevamos puesto. Pero sí, supongo que sí me marcó el hecho de haber aprendido a hablar allí. Porque allí hablan con otro ritmo de frase. Se supone que nuestro ritmo de frase, nuestra manera de hablar castellano, es emitiendo períodos de octosílabos (últimamente hemos acortado el ritmo hasta casi el monosílabo), por eso se nos decía en la escuela que el octosílabo era nuestro verso más natural. Bien, pues yo creo que en Colombia y en otros países americanos, se habla más bien en endecasílabos y ellos se ponen menos nerviosos que nosotros cuando la frase se alarga para coger vuelo y hacerse más expresiva y majestuosa.

RT: De regreso a España cursas periodismo en la Complutense, en Madrid, la ciudad en la que has vivido y trabajado hasta hace poco. ¿Qué te atrajo, aunque fuera tan sólo por un breve lapso temporal, de la profesión periodística? Has sido directora creativa de una agencia de publicidad, ¿qué te impulsó a dedicarte a ese campo de la comunicación, y por qué lo abandonaste, después de haber cosechado algunos éxitos tan brillantes en este mundillo, como el ser la creadora del primo de Zumosol?

PB: Todo eso que me preguntas, casi punto por punto, es lo que cuenta mi novela, La vendedora de tornillos… (todo eso y unas cuantas golferías más que también fueron el aliño de mi ir madurando como mujer, porque el subtítulo de la novela es El tratado de las almas impuras). Tú preguntas por los caminos: los caminos que nos conducen de un lado a otro en nuestra vida pueden ser muy raros, aunque nosotros mismos no seamos raros o no lo sean nuestros trabajos. El proceso es lo extraño, lo artístico, lo que nos hace únicos, no el resultado. Y las novelas están para contarnos unos a otros esos procesos que nos hacen como personas… y como personajes. No puedo contestarte en dos frases, he necesitado muchas más.

RT: Y por fin terminas decantándote por la escritura. Con la publicación de La tercera vez (1997), tu primera novela, premiada además a nivel nacional, inicias tu andadura, y con La vendedora de tornillos o El Tratado de las Almas Impuras (2006), lanzas tu tercera novela, en la que una directora creativa decide dejar atrás su vida. En el camino se nos aparece Veinticuatro veces (2000), en la que la protagonista descubre en el cementerio de un pequeño pueblo, una lápida con esta extraña inscripción: «María Bielsa Veinticuatro veces»…

PB: En esa novela puedes ver otra parte del camino, del proceso hacia ser lo que soy. En un pueblo pequeño, la adolescencia se convierte en una de dos: o te haces una señora de ese pueblo como tu madre y como las demás, o te haces un mundo de fantasía propio (la fantasía es una forma de expresar esperanzas) con la esperanza de escapar de semejante destino. Toda mi vida ha sido, hasta ahora, un haber salido corriendo de aquello que me esperaba. A ver si a partir de ahora le dedico algo de tiempo a averiguar hacia dónde he estado llegando, si me permites decirlo así.

RT: Veo ante todo mujeres, mujeres que se saltan las normas, los convencionalismos, y que lo dejan todo por luchar por sus ideas, por su vida… Y que en ocasiones deben recordarse a si mismas que no hay que lamentarse por el camino emprendido, que lo hecho hecho está… Mucho de autobiográfico en tus páginas. Dejarlo todo, huir de aquello que al final no es sino una prisión, retomar el sendero olvidado, o quizás descubrir uno nuevo… ¿?

PB: Ves mujeres porque en mis novelas son las protagonistas. No puedo profundizar, con verdadera hondura, es decir, como escritora, en los sentimientos y en las preocupaciones de los hombres porque yo no soy hombre; es más, ¿quién soy yo para usurpar la voz de un hombre y atreverme a hablar por él? Eso es algo que llevan haciendo los hombres toda la historia de la literatura, pero es algo que, por respeto, yo nunca haré. Igual que no me atrevería a contar la vida de una mujer ecuatoriana que viene aquí a limpiar nuestros retretes, por muy mujer que sea ella y por muy solidaria que sea yo con su situación… Ya es hora de que nos demos cuenta de que la literatura debe ser un ejercicio de ética, aún más que de estética, y un intento de honestidad… y yo, honestamente, ya veo bastante difícil ahondar en lo nuestro como para ponerme a hablar de lo que no sé.

Si cuento y denuncio el mundo de la publicidad, de la empresa privada, de la corrupción generalizada en la empresa privada (que parece que sólo nos escandaliza la corrupción cuando la ejercen los cargos públicos), si hablo de la ética del trabajo, o más bien de la falta de ella, es, primero, y esto es importante, porque soy una privilegiada y puedo hacerlo (hay una inmensa mayoría que no puede o no tiene cauces para hacerlo) y, después, porque sé de lo que hablo, lo sé desde dentro y perfectamente.

¡Ah! Se me olvidaba… en mis novelas, además, y ése es también un ejercicio de honestidad personal, aparecen mujeres que se enamoran o están a punto (como es el caso de mi última protagonista) de enamorarse de otras. Porque el amor y el deseo entre mujeres es y seguirá siendo todavía un asunto «poco tratado» en la llamada literatura con mayúsculas. Y eso también hay que contribuir a remediarlo.

RT: Ahora alguna pregunta para nuestros amigos escritores. Sé que Antonia Kerrigan es, o ha sido, tu agente literario, ¿contemplas esta figura como imprescindible, determinante, para todo escritor que quiera salir de su círculo local, o consideras que, sencillamente, puede ayudar, pero no resulta vital? ¿Cómo te ha influido a ti su presencia?

PB: No sé si mi caso es exportable fuera de mí. Yo vivo en el campo, en la Sierra de Cazorla, en una casa bastante apartada de cualquier parte (pero con todas las comodidades tecnológicas, no me entiendas mal, el campo ya no es lo que era… por eso ahora ya es habitable para ex urbanitas como yo), desde tres o cuatro años. De vez en cuando «bajo» a eso que llaman civilización, a mi viejo Madrid o a Granada, pero lo cierto es que vivo apartada de los ambientes literarios cosmopolitas. Para mí, la figura de la agencia literaria ha sido no ya cómoda, sino vital. Sin embargo, mi primera novela larga, Veinticuatro veces, la envié a Lumen yo directamente y Esther Tusquets, sin conocerme de nada, al cabo de varios meses, me escribió diciendo que le había encantado, y que la publicaría. Supongo que tuve la suerte de que Lumen fuera aún la editorial independiente y «rara» que fue con Esther como dueña y señora. Y destaco lo de señora. De todas formas, no me imagino mis novelas, ni con agente ni sin agente, publicadas en ningún grupo editorial multinacional.

RT: Pilar, eres una escritora que te prodigas bastante poco en los ambientes literarios, ¿te consideras una versión light de Pynchon o J. D. Salinger?

PB: Yo es que soy de pueblo. No me hagas preguntas raras. Hablo cuando tengo algo que decir y, cuando no, o para no decir nada, mejor me callo.

RT: Para terminar, la pregunta obligada: ¿te encuentras trabajando ya en tu próxima novela? Si es así, ¿podrías deleitarnos con un aperitivo sobre ella?

PB: Estoy trayendo a la actualidad un mito clásico griego, poco conocido, pero muy interesante desde mi perspectiva narrativa.

RT: Ha sido un placer poder conversar contigo, Pilar.


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RAÚL TRISTÁN, (Zaragoza; España). Es escritor, columnista, redactor, corrector de textos y medioambientalista.

Web del autor: http://www.raultristan.com/







Revista Almiar (Madrid; España) / n.º 32 / febrero-marzo de 2007
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