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Arqueología del odio,
de Roberto Luviano

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Obed González


Todo libro tiene la necesidad de ser leído, no existe libro sin lector.

El autor tiene que salir a la caza de humanos que fijen su mirada en ese sueño empapelado. Vuela como serpiente con alas en busca de la víctima que le dará la vida eterna.

Todo artista anda en busca de la inmortalidad, y en el caso de Roberto, no es la excepción. Lo primero que observamos en los escritos de Luviano, es el movimiento musical que navega con sirenas y fardos en una rapsodia de dolor y naufragios de horas completas. Las sirenas esculpen las figuras del odio: la belleza sólo es un ritual pagano, una palabra mal dirigida por la batuta del mar como el mismo autor lo escribe. Los poemas son acuosos y el hombre es sólo un ser desquiciado que se halla sumido en la tesitura de una negritud terriblemente dolorosa.

Los textos que presenta Roberto en Arqueología del odio me remiten un tanto a Baudelaire en el sentido del dolor que causa la belleza y desde la perspectiva de la concepción del poeta de que poco importa la creencia de la existencia o no de Dios.

La obra está llena de rituales y tiende a identificarse con la cultura oriental: «Mientras los samuráis agonizan bajo el canto de las sirenas, las geishas tristes tocan notas grises con sus pianos».

El odio sale en una nota de un clarinetista y se clava en el pecho de un ángel en forma de pétalo.

El libro contiene seis poemas de largo aliento de verso libre. El autor prefiere decir con palabras cómo siente y percibe su universo y deja atrás la métrica usada por los clásicos o modernistas, que también en el verso libre se usa la métrica; pero Luviano no desea hacer uso del ripio, puesto que éste destrozaría toda honestidad de sus palabras, fragmentaría su esencia poética.

El tiempo es un arma cruel que destruye todo, hasta los relojes. Las imágenes que realiza son profanas y permiten que el hombre sea un demonio de Dios. La forma en que distribuye el poemario, da la sensación de estar en el mar, navegando en aguas turbulentas, pero a la vez rítmicas, con una música que sale de un caracol creado con palabras hasta hundirse lentamente para descansar en un cementerio de espuma.

Arqueología del odio es un poemario que al leerlo agudiza la lucidez, se encarga de llevar al lector en proyectil a latitudes donde no se puede ser feliz. La capacidad del mal está en el grado con relación al dolor que el sujeto soporta.

Roberto Luviano busca en cada rincón de un pentagrama oscuro, la luz del odio, como si cada movimiento arrancara de una mordida rabiosa el siguiente; logra corcheas de violencia, notas blancas y negras de blasfemias y rencor hasta lograr una vehemente rapsodia.

Desde lo más íntimo del autor salen como puñales afilados versos terriblemente nostálgicos y antiguos; como si estuviese buscándolos por mucho tiempo, como si en cada vestigio encontrado comenzara a reconstruir su propia historia.


Arqueología del odio. Luviano, Roberto,
Ed. Tintanueva Ediciones, México, 2003.

- Libro ganador del IV Premio Nacional
de Poesía Tintanueva
2003


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OBED GONZÁLEZ
(1969), México, D.F. Profesor de Español en el Desarrollo Educativo Ignacio Zaragoza y Maestro de oratoria en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Ha publicado cinco libros en México y uno en Argentina. Sus textos están incluidos en libros de cuento y poesía de México, Argentina y España. Publica para revistas de México, Brasil, Argentina, Uruguay, Canadá, España e Italia.
tn_obed[at]yahoo.com.mx






Revista Almiar (Madrid; España) / n.º 35 / agosto-septiembre de 2007
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