En el camino

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DIEGO CANTERO
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sonrisas y sueños tras los pasos de Bebe



































































Hay algo desconcertante en Diego Cantero. Es su juventud, pero sobre todo su serenidad. 23 años, venido a Madrid desde Murcia —«me escapo en cuanto puedo, no puedo decir que no vivo ahí»—, metido en «el circuito» de las salas Galileo, Búho Real, Clamores, Libertad 8... salas que apuestan ahora como apostaron siempre y de las que siguen saliendo de vez en cuando algún Jorge Drexler, alguna Bebe.

Una serenidad admirable tras la publicación de su primer disco, aunque él lo considera el tercero porque ya había grabado dos maquetas antes, y hace bien, porque así demuestra que no se avergüenza de su pasado. En cualquier caso, asombrosamente sereno en lo que sí es su primera promoción, Diego me espera con una sonrisa enorme en una oficina de la calle Orense —Mandarina Records— donde ha estado toda la tarde, a veces con entrevistas, a veces haciendo tiempo, de charla...

Hablar con Diego es como hablar con alguien que viniera desde muy lejos y llevara mucho tiempo ya aquí, cuando es una gran mentira. Habla de su pasado como si fuera Bob Dylan y es de una inocencia que estremece, pero en el buen sentido. «Tiene humildad», pensé, y eso es el primer paso para una carrera. El segundo es el valor, y a veces le costaba fijar la mirada, pero no pasa nada, porque yo tampoco se lo ponía fácil, todo el rato los ojos griposos en la libreta de las preguntas.

«Es un buen momento para los creadores», reconoce cuando le comento la aparición de nuevas figuras al rebufo de Bebe, después de los años negros de «Operación Triunfo», cuando parecía que todas las tiendas de discos se iban a convertir en una especie de «Top Manta» con neones. «La gente necesita buenas canciones. También necesita la televisión y que no le exijan demasiado, pero en realidad hay espacio para todos».

Hay veces que uno admira a alguien pero sin embargo escribe —o compone— como otro e incluso lo puede hacer de forma consciente. Se lo comento casi de pasada porque quiero saber con quién se identifica, como si así me fuera más fácil colocarle una etiqueta, saber por dónde debo tirar. «Iván Ferreiro, Andrés Calamaro, Fito Cabrales, Joaquín Sabina...». Levanto la vista de la libreta. Sólo hay algo en común: el gusto por las letras. Pero lo demás, aunque revela un excelente criterio, implica también cierta confusión.

Cuando escucho a Iván Ferreiro sé que no estoy escuchando a Joaquín Sabina y cuando escucho a Diego Cantero sé que no estoy escuchando a ninguno de los otros dos.

Pero está bien. Es una declaración de intenciones: «los creadores», esa es la palabra que sale cada dos minutos de la boca de este chaval de 23 años cuya edad delata el piercing y una afirmación demoledora: «No conozco música extranjera, me quedé en el grunge». Pero no es posible, porque cuando se suicidó Kurt Cobain él tenía 13 años, y las menciones a Pearl Jam o Alice in Chains son más de enciclopedia que de verdadero fan.

Una vez leí: «¿Por qué las cosas parecen más importantes si se dicen en inglés?» y simplemente a Diego no le pasa eso. A Diego lo que le interesa es lo que se cuenta en castellano y no tiene dudas sobre sus tres canciones favoritas: Algo contigo, la versión de Calamaro, Quemando tu recuerdo, de Extremoduro —¿y cómo es que no mencionó a Robe Iniesta antes, si tenía ya a Fito completando el cuadro?— y La Bien Pagá, pero la versión de Bebo Valdés.

A lo mejor, por cuestión de edad, jamás ha escuchado a Miguel de Molina, pienso, aunque luego decido que no, porque sin duda sabe de lo que está hablando y se siente cómodo y me cuenta que cuando llega a casa le gusta escuchar jazz y música brasileña y sonrío porque a mí me pasa lo mismo, y porque me parece una sintonía estupenda para un mundo de sueños.

Los sueños son importantes para Diego Cantero. Aparecen y desaparecen en muchas de sus canciones. «La Mala Rodríguez decidió empezar su carrera con la frase A mí no me saques tu genio, que te lo mato, que es una buena manera de marcar el territorio», le comento, «¿por qué empiezas tú con una canción que se llama Un par de buenos sueños?» y la comparación no le incomoda sino que explica: «Los sueños son deseos, formas que creas en torno a una realidad que no se cumple. Parecía que todo esto no era más que un sueño, es lo que me decían, pero un sueño muchas veces es una manera de inventar un camino para luego poder andarlo».

El camino, sí, no la meta, que aún queda lejos, Diego, y el trabajo, su palabra favorita, «aunque, sí, la suerte cuenta tanto como el trabajo o más, hay muchos en el circuito que hacen mejores canciones que yo, que las cantan mejor que yo, que tienen más talento...», comenta cuando aparece Match Point en la conversación. El camino, decíamos, promete ser largo y desde luego que ahora mismo es tortuoso. «Estoy agotado», fue la frase con la que me recibió antes de la entrevista, y no sé si era una forma de pedir ayuda.

Normal que se agote: giras y promociones, y a veces fuera, pero casi siempre dentro del circuito: Alicante, Molina de Segura —su pueblo natal— y la FNAC de Madrid los días 18, 19 y 20 de diciembre para «llegar fuertes al verano y hacer una buena gira». Ahora me doy cuenta: se me olvidó preguntarle si era su primera gira y si tenía pánico a la ausencia de ideas que a veces provoca el cansancio.

Aunque sí charlamos un poco de por dónde van los nuevos proyectos: «Quiero centrarme más en el pop y menos en la canción de autor».

No nos engañemos: Toma, su primer disco, en el que hay canciones preciosas como la que da el nombre al LP y Ojalá, es un disco enteramente «pop» aunque en directo pueda sonar a otra cosa. Lo mismo le pasaba a Bebe, que está irreconocible en Pafuera telarañas, al menos para los que la escuchábamos en el Búho Real.

Fuera y dentro del circuito. Dentro y fuera de las discográficas y las post-producciones.

Pero está bien, es un buen disco, y lo valora en su justa medida, y hay un rasgo de artista que se manifiesta cuando le pregunto por su canción favorita y en seguida me aclara: «No tiene por qué ser un single», claro que no, a ningún artista le gustan sus «singles». «Losa a losa», acaba respondiendo, «quizás porque es la última que hice para el disco y creo que es en la que mejor consigo transmitir lo que quiero contar». Y es que no es fácil, pero de repente un día te das cuenta y..., pero, por edad, a Diego, aún le debería de quedar un poco.

Como soy un chico curioso —«yo tengo 28 años, tampoco soy tan mayor» le aclaro, porque he adoptado un tono quizás demasiado paternalista— le pregunto por el dichoso «circuito» y le pido que me aconseje con unos cuantos nombres: «Alejandro Martínez, un chico de Barcelona, Joaquín Calderón, el sevillano... Paco Cifuentes, también... pero sobre todo Aaron Sáez, que es muy, muy bueno».

Los cuatro parece ser que tienen una especie de espectáculo conjunto en la sala Galileo de Madrid y que su siguiente actuación será el 9 de diciembre, y si a mí me parece interesante saberlo no veo por qué no va a ser interesante contárselo a ustedes.

Así que, con eso acabamos la charla, no demasiado larga, porque es tarde, casi las nueve de la noche, y los dos estamos cansados y sólo él se irá a acostar con una sonrisa enorme, sabedor de que ha hecho un gran trabajo sorteando a las fieras críticas de la prensa y se despide, muy contento, diciendo: «Me ha gustado mucho la entrevista», lo que suena casi a una disculpa por su recibida —aquel «Estoy muy cansado»— y yo le digo «Eso se lo dirás a todos», y él parece ponerse nervioso pero matiza «no, no, de verdad...».

Pero ya lo he comentado antes: yo también estoy un poco cansado, así que sonrío, él sonríe, me acompaña a la puerta, le explico el plan. «Aunque sé que no todos vais a llegar, pero merece la pena igualmente», y él lo agradece, y cuando llego a casa una amiga me dice que su hermana de 13 años tiene unos post-its en la mesa con su nombre y me doy cuenta de que sí, de que probablemente llegue y quizás se acuerde de esta entrevista y entonces, cuando me acuesto, descubro yo también una sonrisa enorme en mi cara.

Porque todos tenemos sueños.


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Entrevista por Guillermo Ortiz López
FOTOGRAFÍAS publicadas originariamente en la página
de Diego Cantero: http://www.diegocantero.com/
© 2005
Página web de Guillermo Ortiz: http://www.guilleortiz.com/
 

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