En el camino
reportajes


DANI FLACO
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Que las relaciones entre Madrid y Barcelona no pasan por un momento demasiado fluido es algo que uno puede constatar en muchos ámbitos y que se ha comentado aquí al menos en una entrevista —Rojas, mes de diciembre. No deja de ser curioso. En las dos ciudades hay «circuitos», hay cantautores, hay estilos muy semejantes... pero la interacción es escasa.

Dani Flaco forma parte de ese grupo de «charnegos» orgullosos, que utilizan el castellano para sus composiciones y cuya salida natural parece, precisamente, el resto del país. En Barcelona, aseguran Dani y Sandra —la chica de Vicious Records que le acompaña— no pasan sus canciones por la radio. No están en catalán. Nada personal: del disco que acaban de sacar con versiones de grandes éxitos de cantautores en catalán, la más radiada es la de Dani.

Y eso que, afirma sonriendo, no ha hablado catalán en su vida.

A Dani le comparan a menudo con Sabina. La prensa musical española cada vez demuestra menos recursos: todo el mundo se parece a Sabina, al parecer. Basta con tener una guitarra, componer tus canciones y hablar sobre la marginalidad en la gran ciudad y ya eres Sabina. No puedes ser otro. El disco, a mí, no me parece demasiado Sabina, la verdad. Me parece incluso más Calamaro a veces, con un punto «rumba catalana» que aparece y desaparece, con la influencia de Lichis por todas partes.

La propia comparación abruma a Dani. No es que le moleste, en absoluto. Pero no es justa, y resulta demasiado obvio. «Sabina lo ha demostrado todo y yo acabo de publicar mi primer disco, no creo que se pueda comparar...», aunque añade orgulloso «...eso sí, yo he hecho un disco que es mucho mejor que el primero que hizo él».

Con este chico, todo es un poco así. Puntos medios. Una de cal y una de arena. Resulta sorprendentemente fácil hablar con él. Lleva todo el día de promoción hablando con unos y con otros y a mí me han reservado la hora de la cena justo antes de una actuación modesta en «El rincón del nuevo arte» —el martes 4 de abril tiene un compromiso bastante más importante en la Sala Clamores— y tiene la lengua suelta.

No es un tipo que intente caer bien. Es un tipo que cae bien de la manera más natural, con un aspecto que recuerda en parte a Andreu Buenafuente: chistes sobre Operación Triunfo —él habla de Sergio Rivero y yo comento que no hay manera de conseguir una entrevista con Vega, la enigmática rebelde de OT2—, recuerdos de cuando trabajaba en la SEAT, anécdotas de orquestas de verano... pero sin que nada resulte forzado.

Tenemos varios puntos en común y eso facilita la conversación: conoce a Pancho Varona de una actuación en Gavá, dentro del ciclo «Les nits de l´art» para cantautores que él mismo organiza junto a Álex Martínez, otro charnego que intenta abrirse hueco con su primer disco. Es muy amigo de Lichis y compartimos admiración por él. «Dale un abrazo de mi parte», me comenta cuando le digo que voy a verle a la Galileo al día siguiente (no fue posible, Lichis en Madrid es demasiado Lichis como para andar de charletas, explicaciones y abrazos. Sencillamente, no tiene tanto tiempo) y comparte discográfica con Rojas.

Las propias referencias al «circuito», aunque sea el catalán, me recuerdan a Diego Cantero, lo que le convierte en un artista ideal para esta sección de reportajes.

El idioma no es el único problema que tiene Dani Flaco en Cataluña. Se enfrenta a una tradición cultural: los barceloneses no están acostumbrados a hablar mal de su ciudad. La cuidan como un tesoro. Todo lo contrario que los madrileños, si uno se fija. El rock urbano marginal nació en Madrid y no podía haberlo hecho en otro lado. Él también lo reconoce: «Es verdad que no es algo muy habitual, pero la marginalidad siempre tiene su encanto estético. Es fácil hablar de perdedores igual que es más fácil hablar de desamor».

Hay poco amor en su disco. De hecho, su canción favorita es Quizás sea el mar, «porque es la única canción de amor que he conseguido componer». El resto son personajes extremos: prostitutas, drogadictos, desaparecidas cuya cara aparece repetida en decenas de carteles faroleros...El propio título ya tiene un punto de urgencia. «Salida de emergencia» es bastante elocuente para un primer disco, comento, y él asiente, satisfecho.

«Quiere decir muchas cosas», afirma, «de entrada, el mismo concepto personal de que la música es una salida para mí, que he sido un obrero toda la vida. Luego, la misma necesidad que tienen los personajes de las canciones de salir como sea de sus vidas actuales». Temas de cantautor, al menos, él mismo se define así; ahora lo complicado es definir qué es un cantautor, y eso ya no está tan claro.

«Canción de autor, más bien», matizan los dos mientras empiezan a mirar el reloj, porque la hora del concierto se acerca. Estamos un poco en las mismas. Se me ocurre recordar una anécdota de uno de los libros de William Goldman, un premiadísimo guionista y novelista, para poner en duda el concepto «cine de autor». Decía Goldman: «¿Saben quién es el único que dirige, produce e interpreta sus películas, aparte de elegir la banda sonora y cada detalle que pueda surgir? No es Alfred Hitchcock ni François Truffaut, es Russ Meyer (porno, Garganta Profunda)».

¿Qué es lo que convierte a Dani o a Álex o incluso a Rojas, por no hablar, claro está, de los Ismael Serrano, Carlos Chaouen, Quique González, etc. en «cantautores», mientras nunca lo sería Alejandro Sanz? No es una pregunta que espere respuesta. Espera discusión, tan solo. «Quizás, una actitud de denuncia o de ver lo que los demás no ven», explica Flaco. «El problema es que ahora es complicado hacer denuncia política, como antes. Yo nací ya en democracia y tengo la sensación de que las injusticias, aunque existen, ya no son las de antes. Por ejemplo, soy de izquierdas, pero no me veo en la necesidad de andar demostrándolo...».

Es un punto que le puede acercar más a Javier Álvarez que a Ismael Serrano, por ejemplo. O, incluso, que le aleja del primer Joaquín Sabina y le acerca al que él considera su gran maestro —Lichis aparte—: el demasiado olvidado Javier Krahe. «Es el mejor letrista que ha habido en los últimos años», asegura mientras reconoce orgulloso que le felicitó el otro día por sus canciones.

Sus influencias, a diferencia de otros chicos algo más jóvenes —y eso que Dani es extremadamente joven, o, como poco, está en la mejor edad: esa fantástica generación del 77— no se quedan en la música en español. «El primer disco que recuerdo haberme comprado fue New Jersey, de Bon Jovi». Compaginando su carrera en solitario, tiene una banda con la que hace versiones de clásicos estadounidenses. Al citar las tres mejores canciones de la historia, resulta que ninguna es en castellano: Like a rolling stone, de Bob Dylan —«ser una bala perdida o una que va a alguna parte», remeda en Esa hora, otro homenaje a la SEAT— The Joker, de Steve Miller Band y Sultans of Swing, de Dire Straits.

Curiosamente, Robe Iniesta y Extremoduro no le dicen nada. Por primera vez en muchas entrevistas, ni siquiera he sacado a la Mala Rodríguez a colación. Estoy perdiendo facultades.

Quedan cinco minutos, así que café rápido en la misma calle Segovia y nervios muy bien llevados. «No va a venir nadie», le dice, divertido, a Sandra. «Vamos, al menos yo no se lo he dicho a nadie, ni siquiera a los de prensa, así que como no vengan los que suelan ir a tomarse una copa allí...». Nos despedimos hasta el martes en Clamores. «Me ha molado la entrevista», me dice mientras enciende un cigarrillo. «Claro», digo yo, «eso es porque decidí no hacerte la última pregunta».

Flash-back al principio de la entrevista: Al encontrarnos, en el bar El Viajero, había otra compañera. De una televisión, creo, no podría asegurarlo. Mientras charlaban, Dani le dijo muy serio «llevo todo el día contestando por qué me llaman Flaco, así que te agradezco que no lo preguntaras». La taché del cuestionario pero, aclaro, según su página web, la cosa no tiene misterio. Se llama Daniel y está delgado. Eso es todo.

El asesino es el mayordomo.

Caminando la calle Segovia hacia arriba acabo en la calle Toledo y al girar a la izquierda llego a la Plaza Mayor y pienso: parece increíble que este tipo no sea madrileño.


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Entrevista por Guillermo Ortiz López
Imágenes en el artículo cedidas para esta entrevista © 2006
Página web de Guillermo Ortiz: http://www.guilleortiz.com/


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