La dinastía celestial
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Fermín Castro



Hace algún tiempo escribí un artículo acerca del Santo Grial, su significado e interpretaciones. Recibí entonces numerosos e-mails de personas interesadas por dicho misterio y que hacían referencia al libro de D. Brown como fuente fidedigna para el estudio de estos temas. Lo cierto es que es una novela policíaca y nada más, está deficientemente documentada y desde mi punto de vista torpemente escrita, además ni siquiera el tema que utiliza tan burdamente es nuevo ni original. Respondí a los e-mails agradeciendo el interés mostrado. Esperé pacientemente a que remitiera la moda del adinerado Sr. Brown para retomar esta senda del misterio y lo he hecho movido por la lectura de un libro apasionante: El Grial Secreto de los Merovingios, de Carlos Cagigal y Alfredo Ros, editado valientemente por Nowtilus. No estoy en absoluto de acuerdo con todos los postulados de estos autores pero sí lo estoy con el fondo del libro, con su «aura». Hay un gran misterio en torno a la dinastía Merovingia y una clara vinculación de la misma con el primitivo cristianismo, anterior a ese terrible Leviatán en el que se transformó la Iglesia Medieval.

La primera pregunta es: ¿Quiénes fueron los Merovingios? Como definición aceptemos que eran los caudillos de la tribu de los cicambrios, rama del pueblo de los francos. Añadiremos que comenzaron a reinar en el s.V siendo el rey Meroveo el que dé nombre a la dinastía. También podemos decir que reinaron hasta el siglo VIII siendo apartados del poder por los mayordomos de palacio, una especie de primer ministro de la época. Dicho así no hay nada misterioso ni especial en esta dinastía. Pero ya sabéis que en esta cita mensual acostumbramos a mirar con ojos apasionados. La leyenda afirma que Meroveo fue creado gracias a la intervención por un lado de su padre el rey Clodión y de un ser sobrenatural de naturaleza marina que las crónicas describen como Bestea Neptuni Quinotauri Similis.

Gracias a tan extraña concepción los merovingios obtuvieron la gracia de la precognición, la telepatía, lo que nosotros denominaríamos hoy como PES (percepción extrasensorial). Para mayor asombro de sus contemporáneos los primeros reyes hicieron gala de una extraordinaria longevidad.

Para la mentalidad de aquella sociedad tales «poderes» les colocaba sólo un escalón más bajo que Dios, a la misma altura que los ángeles quizás. Su capacidad para sanar mediante la imposición de las manos y su innata habilidad para comunicarse con los animales les hace aparecer ante el pueblo como reyes sacerdotes en estrecha comunicación con Dios. Quisiera subrayar ahora que todas estas habilidades extraordinarias no eran nuevas ni desconocidas, el santoral esta plagado de hombres que tuvieron este tipo de dones, con una diferencia muy importante y es que estos santos no eran reyes poderosos.

La leyenda continua afirmándonos que en sus cabellos residía la fuente de su poder y de su comunicación con Dios, ni siquiera en esto eran originales pues sólo hay que recordar la Historia de Sansón, por ello cuando eran derrocados se les rasuraba el pelo para que perdieran la gracia de Dios, era una forma de «castrarlos» espiritualmente.

En fin, la leyenda nos habla de unos hombres extraordinarios, de personalidades muy especiales, pero la historiografía oficial se refiere a ellos como reyes holgazanes, malvados y asesinos. ¿A qué se debe esta inquina? No encuentro mucha diferencia en sus actitudes políticas y militares con respecto a la de otros reyes y gobernantes contemporáneos de aquella época. Su brutalidad en la batalla, el hecho de que utilizaran la fuerza de las armas para dilucidar querellas y conflictos, que buscaran el asesinato y la tortura de sus enemigos no es una brutalidad diferente a la utilizada por sus enemigos, ni siquiera es muy diferente a la utilizada hoy en día como tristemente podemos ver si atendemos a las noticias actuales. Entonces, ¿qué es lo que les hacia ser tan odiados? A nadie se le escapa que la historia de la Edad Media se puede resumir como la historia de la lucha de la Iglesia por la gobernar el mundo y la resistencia de los poderes laicos a esa dominación. En este contexto, ¿qué hubiera ocurrido si surgiera una estirpe divina, descendiente del mismísimo Jesús el Cristo, que aunara en su corona el poder laico y el poder espiritual? ¿Qué hay de malo en que Jesús hubiera tenido descendencia? Recordemos que hasta el s. XII no estaba prohibido el matrimonio de los sacerdotes, ¿Por qué negar que la Virgen Maria no tuviera más hijos si en la propia Biblia se nos da el nombre de hermanos de Jesús? ¿Por qué ninguno de los evangelios coincide a la hora de describir el momento de la resurrección del Mesías? ¿Por qué no aceptar la relación claramente expuesta en la Biblia entre Jesús y Maria Magdalena?


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Fermín Castro González, nació en Palma del Río (Córdoba). Licenciado en Geografía e Historia -Especialidad Historia Contemporánea- ha participado en numerosos cursos de su especialidad y también en talleres literarios. A partir de diciembre de 2005 colabora periódicamente con sus artículos en la Revista Almiar - Margen Cero. CONTACTO CON EL AUTOR viriato73@hotmail.com


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