Maneras de vivir
por Carlos Díaz


MANERAS DE VIVIR la vida y la muerte:
Fins que la mort ens separi ('Hasta que la muerte nos separe'), con ANTONIO SIMÓN

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El director de teatro Antonio Simón, después de llevar a escena textos de autores tan variados como Fiodor Dostoievski, Sam Sheppard, Lope de Vega o José Sanchís Sinisterra ahora se decanta por un autor joven francés Rémi de Vos y su obra Fins que la mort ens separi (‘Hasta que la muerte nos separe’), traducción de Jordi Galcerán que podemos ver estos días en el teatro Tantarantana.

—Antonio, con esta obra demuestras que no hace falta hacer una superproducción para que la gente vaya al teatro. Un decorado minimalista y sólo tres actores te han bastado para escenificar tu último proyecto. ¿Esto es fruto de un hecho voluntario o motivado por la tan repetida crisis?

—Es motivado por un formato de producción, de una sala pequeña, alternativa. Es minimalista con un toque de lujo. Es plantear un espectáculo sin pretensiones de adorno pero con una factura de producción de alto nivel. En una sala más grande hubieran aumentado las proporciones pero el concepto no. Estoy en contra de todo lo que sea adornar.

Hasta que la muerte nos separe y curiosamente la vida te separó del protagonista Roger Pera nada más estrenar, ya que sólo hizo la función ese día. ¡Qué paradójico!

—Sí. El inconveniente y la magia del teatro es que vivimos en el aquí y ahora. Y de pronto puede aparecer un incidente, un accidente o en este caso un problema de salud que motivó que tras un exitoso estreno se tuvieran que suspender las funciones durante dos semanas.

—Para Quim Dalmau, ahora el protagonista ¿cuál crees que ha sido el mayor inconveniente a la hora de afrontar este reto?

—Creo que lo más duro cuando tienes que hacer una sustitución es estudiar el texto sin la posibilidad de ir interiorizándolo poco a poco. Aun y así el resultado es espectacular. Además Alicia González Laá y Teresa Urroz
hacen un trabajo excepcional de apoyo y generosidad en escena.

—La obra parte con el reencuentro de una madre con su hijo tras la muerte de su abuela. Si te reencontraras ahora con Roger Pera ¿cómo sería ese reencuentro? ¿Qué le dirías?

—Primero le preguntaría cómo está, cómo está su situación, su estado anímico. He de decir que muy amablemente el día del estreno con Quim nos envió sus mejores deseos y nos comunicó que lógicamente estaba triste.

—¿En algún momento te planteaste suspender las funciones definitivamente?

—Sí, pasó ese fantasma. Encontrar a un actor dispuesto a arriesgarse no era fácil. Pero apareció Quim y estoy muy contento y feliz.

—El personaje que interpreta Alicia se reencuentra con su amor de juventud. ¿Crees que el ser humano peca de no disfrutar el presente, pensar demasiado en el futuro y sobrevalorar el pasado?

—Esta es una tendencia muy humana. Mientras más estás en el aquí y ahora menos problemas mentales vas a tener. Tendrás problemas reales. Precisamente la obra de darse cuenta de lo que tienes y no de lo que te gustaría tener y no tienes.

—¿Cuál es el mejor recuerdo de un reencuentro que se haya producido en tu vida?

—No ha sido en el momento del reencuentro sino a posteriori. Cuando he sentido la sensación de decir: bueno, aquello que acabó mal, ahora está en otro sitio. Hay una especie de sensación de paz.

—La obra también habla del amor, de la muerte y del paso del tiempo. ¿Cómo lleva el paso del tiempo Antonio Simón?

—Yo estupendamente. Tengo 45 años y de momento no tengo ningún problema. Reconozco que pasé la crisis de los 40 pero ahora estoy muy bien. Estoy contento y feliz.

Fins que la mort ens separi también trata de la mentira, del odio, del deseo y de la locura. ¿Cuál ha sido la última mentira que has dicho?

—Mentiras piadosas se dicen muchas.

—Alguien me dijo que no existen las mentiras piadosas.

—Bueno, digamos mentiras estratégicas. Pero intento ser una persona honesta. Nunca diré una mentira para herir o para conseguir algo de una manera deshonesta. Pero mentiras estratégicas muchas veces las dices sin darte cuenta.

—Como por ejemplo en la entrevista, que ya has dicho alguna mentira estratégica.

(Risas) Claro.

—¿Reconoces haber odiado a alguien?

—Sí.

—¿A algún actor?

(Se lo piensa unos segundos y responde) En un momento determinado sí. Pero en el momento. Porque el odio es una cuestión visceral. El problema es cuando se queda enquistado. A algún actor u otra persona. Eso es muy humano. El peligro es la gente que cree que no odia a nadie. Esto es muy peligroso porque hay gente que no contempla su lado sombra. Aunque yo evidentemente no odio a nadie.

—¿Qué es lo que más te provoca deseo en esta vida?

—Depende del momento. Por ejemplo este verano que estuve de vacaciones en el Caribe, me moría de deseos por pegarme un baño en aquellas aguas impresionantes. A mí lo que más me mueve en la vida es buscar. Soy un buscador. Llámale sabiduría o simplemente buscar sentido a las cosas.

—¿Cuál es la última locura que has hecho?

—Reconozco que soy una persona poco dada a las locuras. Pero de tanto en tanto me bebo un par de botellas de vino con los amigos.

—¿Consideras que eres un director que arriesga o precisamente porque no eres dado a la locura prefieres ir sobre seguro?

—Estoy en un momento de mi carrera que el concepto del riesgo lo veo de una manera muy diferente a como lo veía hace diez años. Para mí ahora arriesgar en el teatro no es crear un sello personal a la última moda. Para mí el riesgo es el trabajo que hago con los actores.

Fins que la mort ens separi (‘Hasta que la muerte nos separe’) es una comedia que siguiendo el modelo de Molière quiere retratar los vicios de carácter de nuestra sociedad haciéndonos reír. Antonio ¿te resulta fácil reírte de ti mismo?

—Sí, mucho. A veces me he reído incluso demasiado de mi mismo, y eso tampoco es bueno. Esto ya lo superé.

—¿El mejor antídoto para la muerte es reírse de ella?

El mejor antídoto para la muerte es contemplarla cara a cara. Lo que te hace vivir es saber que vas a morir. No tiene sentido la vida si no contemplas la muerte.

—¿Antonio Simón tiene más miedo a la vida o a la muerte?

Creo que miedo a la muerte no se tiene. Lo que siempre se tiene es miedo a la vida. Otra cosa es miedo a morirse. Ese es otro tema. Miedo a morirse es lógico. Tengo miedo yo y todos. Pero no a la muerte. Si tu vida ha sido más o menos plena, la muerte la ves como el fin de una etapa. A nadie le gusta morirse, eso por supuesto.



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Carlos Díaz

fue finalista como mejor actor en el Premio Espectador de la Revista Teatre Bcn por el personaje de Sra. Lucia en la obra Una Noche de Ópera, de La Cubana y Premio Ondas por el programa Tarde de Todos, en Onda Rambla. Ha trabajado en numerosas obras de teatro: Grupo de teatro La Cubana: Una Noche de Ópera (Dir. Jordi Milán); Las Tres Hermanas, de Anton Chejov (Dir. Jordi Oliver); Pigmalión, de Bernard Shaw (Dir. Nancy Tuñón); Romeo y Julieta, de William Shakespeare (Dir. Nancy Tuñón); cine: Va a ser que nadie es perfecto (Dir. Joaquín Oristrell); Agujeros (Dir. Jan Latussek); Impedimentos (Dir. Doménech Gibert); televisión: Serie El Show de Cándido, en La Sexta; serie Hospital Central, en Tele 5 y serie Lobos, en Antena 3 Televisión, entre otros títulos. Dirigiendo y presentando el programa Contigo en la Tarde fue líder de audiencia en la programación de SomosRadio.

CONTACTAR CON EL AUTOR: http://carlosdiazactor.es/


Imágenes en el cuerpo del artículo (cedidas para esta entrevista)
publicadas originalmente en:

http://www.tantarantana.com/

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