El patio de mi cárcel
(una
película dirigida
por
Belén Macías)
Belén Macías catalana de
nacimiento y madrileña de adopción, ha trabajado como guionista para diferentes
programas de televisión y series como La casa de los líos, Al salir de
clase, La ley y la vida…). Para cine ha escrito el largometraje La
Mula, basado en una novela de Juan Eslava Galán.
Ha dirigido las «tv-movies»
La Atlántida y El monstruo del pozo y las series Un lugar en el
mundo y actualmente La Señora.
Con sus
cortometrajes El Puzzle y Mala Espina ha recibido más de setenta
premios nacionales e internacionales, además de nominaciones como el Goya al
Mejor Cortometraje.
Vamos que Belén no nació
ayer a pesar de lo que pueda pensar algún crítico. Así pues, no es de extrañar
que la productora El Deseo, de Pedro Almodóvar, decidiera apostar por ella con
su película El patio de mi cárcel.
—Belén, el guión es tuyo junto con Arantxa Cuesta
y Elena Canovas. La historia está inspirada en las presas que formaron el grupo
de teatro Yeses. ¿Qué te movió para tratar este tema?
—Yo vengo del teatro. Había visto a las Yeses
alguna vez y me pareció muy interesante la mezcla del drama social y la
reinserción, el afán de superación de unas mujeres por medio del arte, del
teatro.
—Aparece el sida, el lesbianismo… ¿Hay algún tema
que te hubiera gustado tocar pero que por cuestión de metraje u otro motivo no
has podido?
—He reflejado cómo funcionaba el sistema
carcelario en los años 80 y los problemas que existían dentro de las cárceles.
Además de las condiciones duras, sobretodo el lastre de la droga, de la heroína.
Si hubiera trasladado la acción a la actualidad los problemas serían muy
diferentes. Pero la solidaridad entre ellas sigue existiendo hoy en día.
—Después de veinte años ¿el sistema carcelario ha
cambiado?
—Ha mejorado pero yo siempre pienso en el
personaje de Luisa, la colombiana. Las cárceles están llenas de chicas como
ella, que no son delincuentes, sino que la necesidad las lleva a cometer un
delito que no han pensado y que viene provocada de una situación terrible en sus
países. ¿Es necesario que la ley caiga sobre ellas de esa manera? Cuando te
enjuician por narcotráfico, porque llevas una maleta con droga, son nueve años
de condena. Nueve años a unas mujeres que lo han hecho por necesidad es una
cuestión a debatir.
—¿Si la hubiera dirigido un hombre en qué crees
que cambiaría básicamente el largometraje?
—Me imagino que las protagonistas no serían
mujeres, excepto en determinados directores puntuales, porque todos tendemos a
contar cosas con las que nos sentimos identificados. Pero depende de la
sensibilidad del director. De todos modos, yo no he hecho una película para que
guste sólo a las mujeres. Yo no pretendo hacer cine de mujeres sino para todo el
mundo.
Sí te he de decir que quizá ha sorprendido a
determinadas personas que en la película no nos recreemos en lo malo. Pero es
que la gente no va llorando por las esquinas en las prisiones.
—La mayoría de actores y actrices además de querer
hacer un buen trabajo, también les importa mucho su imagen. ¿Fue difícil que
alguna actriz entendiera que no iba a salir especialmente favorecida?
—Sí. Tuve que convencer a algunas actrices
porque tenía claro que no quería unos ochenta estridentes, sino de la calle.
Quería un estilo real. He huido de toda la parafernalia ochentera en cuanto a
moda, porque no me la creía en ese ambiente. El trabajo que ha hecho maquillaje,
peluquería y vestuario es brutal.
Respecto a lo de convencer a las actrices no es
tanto en que estuvieran más o menos guapas sino que se sintiesen bien con los
atuendos o las corporeidades que les hemos dado a los personajes. No ha venido
ninguna chica a decirme que no se sentía guapa.
—Para cualquier actor estos personajes son un
regalo puesto que es un reto mayor hacer personajes muy alejados de su entorno
habitual. Precisamente por ello ¿te dio miedo que se las viera sobreactuadas o
que no se viera a la persona sino al personaje dibujado?
—Sí. Era mi primera preocupación. Pero me tiré
a la piscina. Lo que hemos hecho por ejemplo con Ana Wagener es un riesgo enorme
tanto para ella como para mí. A mi me gustan las actrices como ella que se
implican a este nivel, que se arriesgan.
—El trabajo de todas las actrices es indiscutible.
Casi sería un insulto hablar de una u otra por temor a obviar alguna. ¿Es de lo
que te sientes más orgullosa de la película?
—Sí, absolutamente. Yo miro el cine desde la
perspectiva de los personajes y en función de ellos. Además yo vengo de una
escuela de teatro, la Resad, y allí me enseñaron toda la base.
—Con esta película has dado a muchas actrices la
oportunidad de brillar como nunca antes nadie les había dejado. Y más aún
teniendo en cuenta que la productora que está detrás es El Deseo, es decir, que
hay dinero suficiente para que todas las presas fueran actrices archiconocidas.
¿Qué te llevó a no caer en esa tentación facilona?
—Yo no quería ningún nombre. Sólo quería buenas
actrices. Yo no hablo por nombres, porque Candela Peña y Blanca Portillo, que
son «los nombres» son unas actrices excelentes y el resto son actrices poco
conocidas pero que yo las admiro muchísimo a todas. Yo admiro a mis actrices,
mis actrices me admiran a mí, y caminamos juntas.
Excepto Candela y Blanca, el resto fueron
escogidas por casting con Rosa Estévez.
—Con los tiempos de crisis que corren ¿pobre del
preso que le den la libertad ahora?
—Sí, precisamente una de las cosas que me
importaba reflejar en la película es que muchas de las chicas no tenían sitio
donde ir, no tenían una estructura familiar.
—¿Crees que más de uno si le dan a escoger
preferiría quedarse en la cárcel?
—No, creo que nadie lo escogería. El personaje
de Isa dice que es muy difícil vivir en libertad sin sentirse libre porque ella
está enganchada a la heroína. Con Isa quería retratar que hay mucha gente que no
se conforma con la vida que les ha tocado. Entonces luchan o con buenas formas y
consiguen grandes cosas o de malas formas y no lo consiguen.
—Los que no estamos entre rejas creemos que somos
libres. ¿Pero lo somos?
—Creo que la libertad es un sentimiento que se
tiene, más que que se vive. Incluso estando encerrada puedes encontrar tu
resquicio de alguna manera. Pero la libertad es algo que tienes que sentir.
—¿Lo peor es acostumbrarse a la vida que nos ha
tocado vivir?
—Eso es lo peor que te puede pasar en la vida.
—¿Pero crees que podemos elegir o el que no elige
es porque no quiere?
—No todo el mundo puede elegir y los que no
pueden elegir tienen que luchar por hacerlo. Este mundo no está organizado para
que todos tengamos esa libertad.
—Belén, si fueras a prisión ¿qué necesitarías
tener en el patio de tu cárcel?
—El arte. Yo si fuese a prisión supongo que
pasaría por todas las fases que se pasa a nivel emocional pero enseguida lo que
haría es estar ocupada todo el tiempo y dedicarme a todas las cosas que cuando
estás fuera no puedes hacer.
—¿Consideras que existe una manera de vivir
dignamente en prisión o eso es imposible?
—Sí, existe una manera digna de vivir en
prisión y en todas partes.
—¿Crees en «el mal bajío»?
—Sí, no soy nada espiritual pero es un concepto
que me llama mucho la atención. Puede parecer un poco ingenuo pero me parece un
concepto real.Viendo localizaciones para la película fuimos a un poblado gitano
y había dos chicas de treinta y pico años con once y catorce hijos. Era verano,
hacía mucho calor, y había una tinaja de agua y una niña preciosa de cinco años
que se estaba bañando allí desnuda. Y yo tengo un hijo de cuatro años y pensaba
las oportunidades que va a tener mi hijo y las oportunidades que puede tener esa
niña. Todo eso entronca con ese mal bajío. Toda esa gente no tiene posibilidades
reales de salir de donde están. Ni siquiera la posibilidad de tener una casa.
Sus hijos lo van a tener muy duro.
Creo que el mal bajío se puede romper pero hay
mucha gente que por sus circunstancias no puede salir de ahí. ¿Y por qué ellos
son los elegidos para eso y nosotros no? Es una cuestión filosófica que siempre
ando dándole vueltas porque yo no me puedo aferrar a nada religioso porque no
creo en ello.
—Disculpa la vulgaridad, pero ¿te consideras una
persona que ha nacido con una flor en el culo?
—No, para nada.
—¿A pesar de haber hecho tu primera película con
la productora El Deseo?
—Si me hubiera pasado con veinte años pues sí,
pero esto es fruto del trabajo, de muchos años currando. Es más, ahora no puedo
parar a tomarme un año sabático para pensar en mi siguiente película. Tengo que
seguir currando porque tengo que sacar mi niño adelante y no me puedo dar un
respiro. Acabo de estrenar la película y me incorporo ya al equipo de la serie
La Señora.
Todo lo que he currado en cine ha sido por mi
misma. Mis padres no trabajan en cine y arriesgué mi dinero en mis cortos. Nunca
me subvencionaron a priori. Siempre nos dieron ayuda después, cuando el corto
había funcionado.
—Tengo una curiosidad: En un determinado momento
aparecen unas imágenes del concurso Un, dos, tres. ¿Por alguna razón en
particular escogiste este programa y justamente el día en que participaban Luis
Escobar y Pitita Ridruejo?
—Eso fue por azar. Pero sí quería el Un,
dos, tres porque era algo que veían las presas en los ochenta. Además he
hecho pequeños homenajes a las cosas que me inspiran y me gustan. Por ejemplo
soy una enamorada de Víctor Erice y le he hecho mi homenaje particular con El
Sur. Hay muchísimos guiños en la película a gente cercana mía.
—Para acabar te propongo un juego que te sonará:
el «yo quito». Juego que además ya hay blogs que lo utilizan. Ya sabes
que hay una regla: no se pueden desear cosas buenas. Solo se quitan cosas
malas.
—Voy a citar un poco a Óscar Wilde. Yo quito a
la gente que ve intenciones feas en cosas bellas.
Yo quito a la gente que prejuzga las cosas sin
conocerlas de primera mano.
Yo quito la violencia verbal auspiciada por las
grandes palabras vacías.
Y yo quito en general la violencia del mundo.
Yo quito el mal humor.
Jugué con ella y le dije
los «yo quito» que yo pensaba. No los transcribo porque en estos momentos la
entrevistada es ella. Sólo voy a citar uno que le dije: —Yo quito la muerte. A
lo que ella me contestó:
—Pero eso es imposible. Creo que más que quitar
la muerte, lo que tendríamos es que saber aceptarla. Nos tendrían que enseñar a
aceptar la muerte.
—Belén espero que sigas queriendo jugar a hacer
cine para que salgan películas tan auténticas como El patio de mi cárcel.
Una película que provoca ganas de vivir.
______________________________ CARLOS
DÍAZ,
fue finalista como mejor actor en el Premio Espectador de la Revista Teatre Bcn
por el personaje de Sra. Lucia en la obra Una Noche de Ópera, de
La Cubana y Premio Ondas por el programa Tarde de Todos, en Onda Rambla.
Ha trabajado en numerosas obras de teatro: Grupo de
teatro La Cubana: Una Noche de Ópera (Dir. Jordi Milán); Las Tres
Hermanas, de Anton Chejov (Dir. Jordi Oliver); Pigmalión, de Bernard
Shaw (Dir. Nancy Tuñón); Romeo y Julieta, de William Shakespeare (Dir.
Nancy Tuñón); cine: Va a ser que nadie es
perfecto (Dir. Joaquín Oristrell); Agujeros (Dir. Jan Latussek);
Impedimentos (Dir. Doménech Gibert); televisión:
Serie El Show de Cándido, en La Sexta; serie Hospital Central, en
Tele 5 y serie Lobos, en Antena 3 Televisión, entre otros títulos.
Dirigiendo y presentando el programa Contigo en la Tarde fue líder de
audiencia en la programación de SomosRadio.