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Entre bancarios y
«pijos» (Varsovia, al fondo)

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Marcin Kolakowski

























Sławomir Shuty (Sławomir Mateja) nació en 1973. Además de ser escritor es fotógrafo y director. Colaboró con las revistas Rastro, Lampa, bruLion, y sigue escribiendo para Ha!Art. Fue uno de los fundadores del Club Artístico Galería T.A.M. Recibió el premio Paszport de la revista Polityka por su novela Zwał («por un oído profundamente literario, por la pasión y coraje a la hora de pintar el retrato de la sociedad polaca»).


























Agnieszka Drotkiewicz (1981) hizo la licenciatura en Relaciones Interculturales en el Instituto de Ciencias Orientales, en la Universidad de Varsovia, y de momento estudia en la misma universidad en la Facultad de Ciencias Culturales. Colabora con varios periódicos (Lampa, Aktivist) donde aparecen sus ensayos acerca de temas de actualidad. Paris London Dachau es su primera novela.

Desde el punto de vista formal la novela de Shuty es un conjunto de apuntes de un joven empleado del departamento de atención al cliente de un banco grande. Sirviéndose de la perspectiva literaria más apasionada, la del monólogo interior, el autor ataca el mundo de las grandes empresas donde cada empleado está expuesto a la humillación y al peligro de volverse un simple elemento de la gran máquina del capitalismo. Tanto el protagonista principal como los demás son personas que se han convertido en artículos del mercado laboral, participantes pasivos de un juego poco comprensible, unos atontados por la competición que sólo les permite descansar durante los fines de semana.

Se trata de una historia aguda y brutal, llena de humor que ataca sin misericordia la hipocresía y el cinismo, la frustración y la alineación además de tratar el tema general de la soledad. Shuty incorpora en su novela varios registros contemporáneos: el nuevo lenguaje del marketing, los small-talks de la oficina, lo coloquial de los chats y de los eslóganes publicitarios, el lenguaje de la prensa rosa y sobre todo el registro de la gente de éxito con toda su grandilocuencia falsa. La coexistencia del mundo de las mini-citaciones, del sampling y del collage se parece mucho a una sopa de setas. Unas son comestibles, otras no tanto. En el caso de la técnica de «hacer la pesca en la sopa», o sea de sacar varios elementos de la realidad que nos rodea y convertirlos en literatura, no resulta difícil averiguar que alguien ya ha hecho todo esto antes, que alguien ya ha sacado unas u otras setas. Masticamos lo masticado, lo que, al fin y al cabo, tiene en el caso de Shuty algo sorprendentemente fresco.

El joven cracoviano se revela como un gran luchador y contestador de los «milagros» del capitalismo. Su crítica de la nueva realidad polaca es la más directa y la más fuerte de todos los escritores jóvenes:

«Te despiertas cubierto de un fluido interior y ya tienes que aprovechar las buenas noticias de las grandes cadenas de radio que se dedican a poner continuamente los very very best of. Quieras o no, aunque te duela el corazón, el culo ó las piernas, tienes que dejarte “hogarizar”, tienes que afeitarte hasta que se vean tus huesos, limpiarte la nariz y los ojos, y por más asqueroso que parezca, tienes que ponerte a cantar las cancionetas de los anuncios. Cadenas de radio alternativas, señores y señoras, han sido castradas correctamente. Esta movida de democracia da palizas a la libertad de la palabra y a toda acción innovadora insubordinada con la fuerza de su propaganda y de su terror discreto».

Los retratos de la vida de una oficina son unas pinturas excelentes aunque, de vez en cuando, algo exageradas. Tanto estos retratos como también los de las experiencias narcótico-alcohólicas del protagonista u otras situaciones de la vida «en directo», tienen un rasgo muy característico: no deben ser consideradas como creaciones serias. Son ellas precisamente las que obligan al lector a leer el texto con una cierta distancia e indirectamente. Si uno no lo hace, la novela de Shuty nos puede resultar una obra literaria banal si no cursi. Las exageradas escenas de la vida de una oficina, como la siguiente cita lo demuestra, nos impiden tratar el texto de Zwał de modo directo:

«Te viene un tal pringao y empieza con sus movidas. ¿Qué coño dice el mierda éste? Aquí tenemos una atmósfera familiar, atendemos agradablemente al cliente, ¿qué se le ocurre a ése? Piensa que no tenemos nada que hacer sino escuchar sus putas historietas, ¡coño! Ya sabes, te viene un quinqui y se pone a quejar: que la salud, que la familia, que los alimentos. ¡Qué se vaya a la mierda! Yo le daría una paliza que te cagas. ¿Qué le ocurre al capullo ése? Me dan por culo sus problemas sentimentales...».

Párrafos como el de arriba son un puro juego literario, un juego de palabras y una sátira del lenguaje de personas supuestamente cultas, pero en situaciones familiares. Además, lo que no puede notar el lector español, a través de estas variaciones semántico-sintácticos: Shuty demuestra la riqueza y el verdadero sabor del lenguaje de la calle polaca. Ridiculizando ese tipo de lenguaje el autor critica el registro hipócrita del marketing, de los anuncios y de la «amable atención al cliente». Y es esa la sátira que proporciona a su obra una dosis enorme de lo cómico.

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La protagonista y la voz principal de Paris London Dachau, Basia, es una joven de talento, original y terriblemente enamorada. Terriblemente porque ama sin reciprocidad. Después de que su novio la haya dejado, la chica se dedica tanto a contemplar su pérdida y a digerir de manera cursi una vida feliz con su ex pareja, como a festejar y acudir a los salones intelectuales de Varsovia. El mundo de Basia transcurre entre conferencias y talleres de círculos intelectuales de los estudiantes, bares de moda, cosméticos caros, ropa de marca, programas televisivos, canciones de Björk y de PJ Harvey —todo esto llena el posconceptual-posmodernista mundo que ella denomina como lans-macabre [1].

En el monólogo interior de la protagonista tropezamos con una serie de historias sobre el vacío de la vida urbana intelectual y el dilema recurrente de las mujeres escritoras que no sabiendo si más vale ser Virginia Woolf ó Anais Nin, sacrifican su talento en el altar de una adicción romántico-sexual. El sufrimiento que ocasiona el abandono se parece a la situación en un campo de concentración, a Dachau, constata la autora. Después de ser abandonados de repente perdimos todo lo que teníamos, todo un mundo:

«¿Quién soy? Tú me enseñaste todo. Me vestía para ti, apagaba pitillos en los tacones, saltaba como un personaje de sitcom o callaba lo más que podía. Estaba la esencia de vis vitalis que sobresalta la monotonía, que busca piedras azules en el suelo. No tanto como tú, pero tanto como para que te sientas siempre contigo».

No obstante Paris London Dachau no es sólo una novela de amor y de rechazo amoroso. Es también una imagen despiadada de Varsovia consumida por el concurso de belleza y de guayez, por unos juegos macabros de deporte social cuya disciplina principal es la promoción de la propia persona.

La autora se sirve de la técnica del collage. Su novela está construida en gran parte por asociaciones libres sacadas de lecturas humanísticas y de los anuncios omnipresentes. La multitud de contextos literarios y culturales tiene el objetivo de demostrar que ya se ha escrito todo en cuanto a las relaciones entre sexos y que todo tipo de discurso caerá siempre en el esquematismo. Sus observaciones van entonces intercaladas por extractos de novelas y por palabras de canciones. A menudo la sintaxis de Drotkiewicz son unos verdaderos fuegos artificiales. Las frases más llenas de asociaciones y de juegos de palabras impresionan mucho si uno se esfuerza a descifrar sus significados ocultos como si se tratara de la poesía. Apuntalada, la obra se desviste ante el lector y le muestra toda su belleza esplendorosa y barroca.

Así, vemos a Basia vestida de citas. La joven tiene la sensación de que ya había sucedido todo, que todo no es más que una sopa digerida de emociones ya vividas y ya descritas. Desde luego, Paris London Dachau se revela no sólo como una historia de amores, sino también como un juego literario estupendo y un retrato generacional muy conseguido. Drotkiewicz plantea en su invento cómo la literatura puede enganchar hasta el extremo de hacer que la vida y su escritura se acoplen en una relación amorosa totalizadora.



[1] Lans se refiere a lo de «lanzarse» o «promoverse» de manera muy exagerada.

Ilustración artículo: Warsaw7ob by DocentX - Own work. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons.

Marcin KolakowskiMarcin Kolakowski, ha realizado estudios en la Universidad de Viena, Austria (Erasmus), en el Liceo Pemberton, Toronto, Ontario, Canada y en el Liceo Czacki, Varsovia, Polonia. Durante cuatro años realizó una Licenciatura en estudios Interdepartamentarios de Europa Occidental, en Varsovia (Filologías Alemana, Española y Francesa). En 2006 prepara la tesis final para su Licenciatura en Filología (en torno al Monólogo Interior). Desde el mes de agosto de dicho año colabora con la Revista Almiar (Margen Cero)
@ coueq (at) yahoo.co.uk

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Revista Almiar / n.º 29 / agosto-septiembre de 2006
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