Acerca de cosas
más bien baladíes
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Claudio Rizo


Confieso que a veces me molesta eso de recordarme los años que he vivido. Por más que «objetivamente» aún no haya llegado ni a la mitad de mi recorrido. Pero la subjetividad siempre determina aquello a lo que dirigimos nuestra mirada. Nuestra subjetividad. Si tuviera 60 años, por ejemplo, quizás pensaría que sería una suerte volver a los 36; si fueran 18 los años trascurridos desde mi nacimiento, ese hipotético joven treintañero sería a mis ojos un más que talludito adulto. Así es cómo solemos ver la vida. Y el mundo. Como un algo en el que no hay estancamiento. En lo que todo fluye (¿se acuerdan del filósofo?). Que cambia de aspecto según el momento o las circunstancias de quien observa. De ahí que algunas veces, entre en dura contradicción con lo que consideraba en mi adolescencia como «inamovibles» verdades, aunque fuera acerca de cosas más bien baladíes. Las mías.

Valgan unos ejemplos. Pocos.

De jovencito he idolatrado a personalidades que de ¿adulto? me han llegado a parecer, si no chabacanas, sí desde luego mediocres en prestaciones y estímulos. El paradigma de personalidad «caída» que mejor luz arroja a este respecto lo representa la súper, súper guay Mercedes Milá. Su tránsito de periodista valiente y pizpireta de mediados de los ochenta a charcutera reparte hostias en un día de plaza, recientemente, me supera, y me sume en profundas depresiones. Si tuviera psicólogo me desaconsejaría con vehemencia tragarme semejante exhibición de ego vacío. De prohibicionismo superado. De falso feminismo que parece buscar revancha, antes que igualdad. Aunque a lo mejor es mi perspectiva la que se equivoca. Ya lo avisé. En cambio, hay otras personas, bastantes, que no me han alterado aquellas consideraciones que de mozo me fabricaba. Cierto. Y así, tras 15 años sigo pensando que si bien Sánchez Dragó, Ruiz Mateos o incluso el Padre Apeles, fueron, y son, imprescindibles singularidades para que el paisaje cultural y/o trompetil español no decaiga en su simpatía y riqueza de colores, tampoco las nefandas concepciones que de Cela, Umbral o Fernando F. Gómez, tuve, han variado con la llegada de los nuevos tiempos. Esta última tríada se me hacía especialmente infumable (sus personalidades, digo, no sus artes; lo siento); ayer, en sus presencias, y aún hoy, en sus ausencias.

Aunque todo esto sólo son ejemplos. Pero me pasa. Será la mente. Tan caprichosa ella...


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CLAUDIO RIZO
es un autor que reside en Alicante (España)

sin @ para evitar el spam claudiorizo(at)hotmail.com

Lee otros textos de este autor: Correo sin asunto; Aparentemente solo (relatos) y Querido pitillo (artículo).

* IMAGEN EN ARTÍCULO: Mercedes Milá, By 20 Minutos (http://www.20minutos.es/imagen/508267) [CC-BY-1.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/1.0)], via Wikimedia Commons.