El corazón es el país
más desgarrado

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Juan Carlos Moraga


1.


De estas casas/ no ha quedado/ más que algún/
fragmento de muro.

G. Ungaretti
[i]


La bomba de fósforo blanco estallando en el edificio es monumental, la bola de fuego, la nube de humo… la imagen recorrió el mundo.

El edificio demuestra la magnificencia bélica como hace treinta años lo hacía una adolescente corriendo en Vietnam, quizás en Hanoi, vestida solamente con las marcas que sobre el cuerpo le dejó el napalm.

La elección del material no es casual (apareció con su flamígera gloria en Corea, Vietnam, Faluya, Chechenia…): la nube de humo espeso oscurece las calles durante las incursiones diurnas, y durante la noche las ilumina.

Hace unos días, médicos noruegos denuncian el uso de un explosivo experimental conocido como DIME (siglas en inglés de Explosivos de Metal Inerte de Alta Densidad), capaz de amputar los miembros sin destruir el resto del cuerpo.

La guerra ya no es un arte, sino una ciencia.

Para la mayoría era difícil imaginar Gaza como un lugar donde existen edificios de mediana altura, edificaciones al estilo monoblock

La distancia y los medios nos hacen imaginar calles estrechas y casas de barro, campamentos de refugiados y poco más que eso: un espacio de miseria pre-moderna, donde se ve hasta en lo más mínimo el supuesto «choque de civilizaciones» (casas precarias, fanáticos religiosos, niños arrojando piedras a tanques de ultima generación).

Pero los edificios que estallaron en Gaza, esos monoblocks que nos pueden hacen pensar en los barrios periféricos de Santiago, Buenos Aires o París, son reflejo de nuestra miseria, moderna, urbana y occidental.

Los edificios en llamas son nuestra modernidad, nuestra posibilidad futura, las imágenes que nos llegan desde Gaza no son más que nuestro occidente.


2.


De tantos/ que me amaban/ no ha quedado/
ni eso siquiera
.
G. Ungaretti


Todas las guerras, sean revolucionarias o imperialistas, consisten en un enfrentamiento violento, la cruel ecuación de matar más y mejor, o resistir más y mejor, hasta que alguien se cansa, hasta que alguien se rinde, o se comprende la inutilidad o la imposibilidad de la empresa…

Toda guerra puede ser reducida a cifras:

- Durante la guerra entre Israel y Líbano, en el 2006, 1.200 personas murieron en 34 días de contienda.

- Pese a la superioridad militar israelí la guerra contra el Líbano fue un fracaso: fue imposible derrotar a Hizbulá, quienes incluso se fortalecieron, además de que el conflicto generó un profundo sentimiento de derrota y rechazo al interior de Israel.

- En enero de 2006, Hamas gana las elecciones obteniendo el 65% de los escaños del Parlamento Palestino.

- Los bombardeos de Hamás sobre el territorio israelí han dejado un total de 32 muertos a lo largo de 7 años.

- Israel retiró hace ya más de tres años a sus soldados y Kibutz de la Franja de Gaza.

- Hace dos años Gaza sufre un duro bloqueo económico, con el fin de disuadir a la población de retirar su apoyo a Hamás.

- En el año 2007 Hamás expulsa de Gaza a la mayoría de las fuerzas leales al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas.

- Gaza posee una superficie de apenas 10 por 40 kilómetros, y en ella viven casi un millón y medio de palestinos.

- De estos, dos tercios viven en la pobreza y la tasa de desocupación sobrepasa el 40%.

- Un tercio de la población es menor de 18 años.

- Hamás es una fuerza de 16.500 hombres armados, a los que en el territorio de Gaza se les unen otros miles de milicianos de otras fracciones palestinas (como Yihad Islámica), sin contar a los civiles descontentos, iracundos, desesperados.

- El 27 de diciembre del pasado año comienza con una guerra entre palestinos e israelíes, con un saldo de 1.100 victimas a la fecha.

- Iniciado el conflicto, y en apenas 24 horas, el Ejército israelí realizó 160 ataques aéreos. La duración aproximada de un bombardeo aéreo es de 4 minutos.

- La ONU ha informado que el 45% de las victimas son mujeres y niños.

- El ejército de Israel en lo que va del conflicto ha sufrido menos de 20 bajas, 4 de ellas por «fuego amigo».

Toda guerra puede ser reducida a cifras.

Sólo cifras.


Jean Luc Godard (en primer plano)


3.


Pero en el corazón/ ninguna cruz ya falta.
G. Ungaretti


Jean-Luc Godard [ii] realiza en el año 1974 la película Aquí y en otro lugar (Ici et ailleurs), montaje final de un film que habría de llamarse Jusqu'à lavictoire, rodado en Palestina en la primavera de 1970. En ella prima una visión desencantada del discurso revolucionario (que expresaba los últimos estertores del movimiento del 68), la experiencia palestina y su propia practica política.

Cuando el film es rodado, la lucha de liberación palestina era un elemento central del proyecto panarabista y dentro de los tantos otros movimientos de liberación nacional que florecían en América, Asia y África. Para Godard, y toda su generación, cumpliendo una estricta ecuación revolucionaria (formación de una vanguardia, lucha guerrillera, trabajo político y guerra popular) la victoria era inevitable.

Cuando Godard, cuatro años después, monta Aquí y en otro lugar la situación política en medio oriente había cambiado radicalmente: el sueño panarabista se desmoronaba tras el conflicto entre los palestinos y Jordania, la sangría irracional de atentados como los de Munich, y la violenta respuesta del Mossad, el progresivo abandono del proyecto socialista de liberación nacional frente a la triunfante «revolución islámica»…

Godard plantea que la victoria de una revolución inconclusa, se cantó demasiado pronto y demasiado fuerte, como espectadores ansiosos. Y el fracaso fue porque la revolución no era en otro lugar, sino aquí y en otro lugar. Que la guerra no era sólo en otro lugar, sino aquí y en otro lugar…

¿Qué nos llama la atención del conflicto Palestino-Israelí?

¿Su persistencia? ¿Su trasfondo ideológico? ¿La desigualdad de las fuerzas? ¿La resistencia palestina que péndula peligrosamente entre la heroicidad y el fanatismo suicida? ¿La paradoja de un Israel llevando adelante matanzas que pueden ser consideradas genocidas, con guetos y campos de concentración incluidos? ¿Los cuerpos destrozados que vemos por la BBC? ¿Las explosiones cinematográficas que vemos por CNN? ¿La revista Times explicando porqué Israel no ganará la guerra? ¿La revista Nesweek explicando la amenaza que representa Hamás? ¿El choque de civilizaciones? ¿El choque de barbaries?

Quizás lo que nos llama la atención es poder ver en rutilante technicolor las explosiones de las bombas de fósforo sobre Gaza y tener la tranquila certeza de que esto no alterará nuestra cotidianeidad (quizás habitamos monoblocks como los que vemos arder).

El espectáculo de la guerra llena nuestros noticieros, alimenta la incesante y elefantiásica producción de información para nuestro cotidiano consumo. Delante de nuestra pantalla la violencia se vuelve escena, todo se transforma en artificio e ilusión. El imperio de la imagen absorbe lo real y nos devuelve el sistema fetichista de la apariencia y alienación generalizada [iii].

Miramos la guerra homogeneizada con nuestra programación diaria, una parte más en el infinito cúmulo de información.

Y ahí, más allá del bien y el mal, las imágenes pierden su valor, su referente, su historicidad.

Vemos la guerra como una larguísima película de acción.


4.


Mi corazón/ es el país mas desgarrado.
G. Ungaretti


«Quien mata a un hombre, mata a todos los hombres. Si salvas a un hombre, salvas a todos los hombres», son líneas del Talmud.

El aforismo talmúdico sintetiza la preocupación ya ancestral por el problema del otro en la filosofía judía. Luego vendrán Spinoza, Marx, Wittgenstein, Buber, Adorno, Levinas… este aforismo, y sus consecuencias filosóficas, problematiza más los hechos y actos que ocurren hoy en el territorio de Israel que la experiencia de las persecuciones, los progroms y el mismo holocausto.

¿Dónde esta el Otro?

Jean Baudrillard alguna vez escribió que la peor de las alienaciones no es ser despojado por el otro, sino estar despojado del otro; y tener que producir al otro como entelequia hedonista.

Solipsismo. Encerrado inventando a un otro. Otro que no es igual a mí, siquiera distinto a mí, sino inferior…

Las imágenes de Gaza, y su mayúscula violencia, quizás están por esto condenadas a no decirnos nada. La violencia cotidiana y silenciosa sumada a la violencia audiovisual masificada, despoja de realidad a la guerra que vemos por televisión, alienada, disminuida, hace surgir la ilusión de que la guerra es en otro lugar y que los que mueren son otros.

Pero la guerra es Aquí y en otro lugar.

Sólo eso quería decir...





[i] Los epígrafes de cada uno de los fragmentos del siguiente artículo son versos pertenecientes al poema San Martin del Carso, de Giuseppe Ungaretti, mientras el poeta servía como soldado voluntario durante la primera Guerra Mundial.

[ii] Entre 1968 y 1974, el director francés J-L Godard junto a J-P Gorin forman el Grupo Dziga Vertov, proyecto artístico de orientación maoísta que intentaba, desde nuevas formas expresivas, llevar adelante un cine testimonial y militante.

[iii] Debord, Guy, La sociedad del espectáculo, Pre-Textos, Valencia, 1999.




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Juan Carlos Moraga Fadel. Nace en Santiago (Chile) en 1983, en 1999 se radica en Buenos Aires, donde cursa estudios de Sociología y Filosofía. Ha publicado variados artículos para revistas (en papel y virtuales) y presentado ponencias en congresos y simposios sobre los temas más variados. El tema central de sus investigaciones son la fotografía y los problemas de las nuevas corrientes estéticas. Actualmente trabaja como docente en la Universidad Católica de La Plata.

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Otros artículos del autor: Economía de guerra | Nuestros modelos de espanto. Roberto Bolaño y la Novela Criminal

ILUSTRACIÖN ARTÍCULO: Godard pochoir, By James Stencilowsky [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons.