Economía de guerra

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Juan Carlos Moraga



Para Dafne y Juan,
por aguantar un hijo Subprime



1. Leyendo el diario

«Ahora más que nunca es importante que los mercados del mundo se mantengan abiertos, que los países continúen trabajando para atraer inversiones extranjeras, que continuemos el comercio recíproco, que continuemos insistiendo en un buen acuerdo de Doha y continuemos impulsado la apertura» (Carlos Gutiérrez).

Sin duda lo mas impresionante de los últimos días han sido las portadas de los diarios, me los compré todos, los leí todos… conocí el terror.

El tono de los titulares no es catastrófico sino apocalíptico; las noticias catastróficas nos cuentan que es lo que pasó, las montañas de cadáveres y la ayuda internacional, los datos de color y los «médicos sin frontera» que dan su generosa ayuda a cambio de tan poco.

Esto es apocalíptico: los diarios nos narran una concatenación de debacles, caídas, quiebres y derrumbes bancarios, amenazan con que a cada segundo el mundo está más al borde de un default global, la economía mundial parece haberse convertido en un valle de lágrimas, donde todo es dolor y rechinar de dientes. Y que recién comienza…

Un fantasma recorre Europa… El fantasma de la crisis. Y Rusia, el eslabón más débil de la cadena, cotizó con una caída del 19,10%. Inmediatamente los ministros de economía de la Unión Europea que salieron a anunciar el aumento de garantías estatales sobre los ahorros (se habló de subir de 10 mil euros a 40 mil o incluso a 100 mil) e iniciar las intervenciones estatales para intentar evitar así las corridas bancarias que se iniciaron con el cierre de Lehman Brothers y frenar la meteórica caída de los mercados.

La última gran crisis en Rusia devino en una revolución socialista, la última gran crisis en Alemania (pienso al leer que la bolsa de Frankfurt cerró con una caída de un 7,07%) devino en algo bastante más complejo y trágico…

Un fantasma recorre EE.UU.… El fantasma de la crisis. Y el día lunes (quizás el más negro de la última tanda de «lunes negros») el secretario de comercio norteamericano, Mr. Carlos Gutiérrez, pidió a los países de Latinoamérica mantener abiertos sus mercados frente a la crisis, al tiempo que reconoció que el país del norte evalúa la posibilidad de reducir drásticamente las importaciones.

Con esta declaración, que mezcla la ironía y la paradoja, se pone sobre el tapete la polémica acerca de las medidas proteccionistas que adoptarán los diferentes países para frenar la caída de los mercados, la desaceleración del crecimiento y evitar el colapso que significaría la entrada de los excedentes de producción procedentes del sudeste asiático, China y Brasil.

Mr. Gutiérrez, y otros tantos funcionarios que intentan apagar el incendio financiero que comenzó hace unas semanas, dan cuenta de que el billón de dólares no es suficiente para salvar la economía yankee y, peor aún, amenaza con pasar de salvataje a salvavidas de plomo: Serán los contribuyentes quienes rescatarán a los bancos y a las grandes empresas, sin consulta ni consentimiento. «El problema es que cuando se socializó perdidas por el sistema bancario (Argentina, Tailandia, Chile) llegó a costar entre el 20%, 30% o el 40% del PBI. Estados Unidos ni en la peor crisis tuvo que costear el 3%/4% de su PBI» (Katz, 2008).

El recuerdo de la gran crisis del ’29 y sus consecuencias regresan a la memoria de todos, también debería regresar el hecho de que la salida de la gran depresión de los años ’30 (la reactivación económica, el auge industrial, la seguridad bancaria y la american way of life toda) no fue gracias a Keynes, ni al New Deal que nos enseñan en el colegio, no fue gracias a la intervención del Estado, sino que a través de una gran guerra mundial…

2. Un Tigre de Papel

«Nosotros estamos viendo ahora el “síndrome de la manada de lobos”. Los lobos son buenos para atacar a sus presas como equipo, pero se vuelven contra los más débiles de su grupo si el hambre prevalece. Cuando Lehman cayó, Washington Mutual se convirtió en la próxima víctima, seguido por Wachovia. Cuando Wachovia se fusionó con el Citicorp, la gente empezó a ver a National City. Esto continúa hasta que el último lobo no encuentra nada para cazar» (Kenichi Ohmae).

«América» tiene miedo, desconfía, desconfía de sí misma, se sabotea (vale la pena echar una mirada sobre el silencioso pero polémico incidente entre los bancos Wachovia, Citigroup y Wells Fargo). Como lobos con hambre y miedo, esta crisis revela la naturaleza intrínsecamente egoísta del capitalismo, su crueldad y su indiferencia, su necesidad febril de mantener y aumentar la ganancia, aun cuando el país se hunde, aun cuando el mercado se hunde. «Ésta es una crisis crediticia y de solvencia que va más allá de la falta de liquidez. Nadie le presta a nadie y nadie le cree a nadie (ni siquiera a los más confiables) y todo el mundo está acaparando la liquidez inyectada por los bancos centrales. Y como la liquidez va hacia los grandes bancos, el resto del sistema no tiene acceso a los fondos y están bloqueados los mecanismos de transmisión de créditos» (Roubini, 2008).

Es matemática pura.

Los yunaitesteits se encuentran en una situación crítica. Déficit comercial, consumo inflado, un déficit fiscal que suma y sigue… Se suma a esto que el dinero que se inyectó a los bancos, y que ahora promete salvar también a las empresas más importantes, no protegió ni redujo las cifras de los millones de deudores hipotecarios, quienes continúan con deudas impagables y a las puertas del remate inmobiliario.

A esto se suman las crecientes cifras de desempleo (en lo que va de 2008 han desaparecido más de 600.000 empleos y se fija en un 6,02 %, uno de los más altos desde la recesión de 2001) que sin duda se dispararán en los próximos meses.

Y a esto se suma que en abril el gobierno había anunciado que 28 millones de personas necesitarían vales de comida para poder llevar comida a sus mesas, ya que sus ingresos, mermados por las deudas y créditos, no se los permitían. Se calcula que en el «país de las oportunidades» sólo el 25% tiene un salario que cubre sus necesidades.

A esto se suma que en el antes de la ultima crisis ya eran 51,7 millones los que ya vivían en la pobreza y 50 millones no tienen seguro médico.

¿Puede ser que ahora «América» se esté hundiendo? «América», nosotros te salvaremos por los favores concedidos.

Por suerte EE.UU. tiene varios elementos a su favor: es la mayor economía del mundo, tiene un poder militar que lo avala en casi cualquier decisión que tome, tiene los billetes de la Reserva Federal y, por supuesto, el Dólar. Cuando hay una crisis en un país todos se escapan, y sin embargo, los europeos, los chinos, los japoneses, todos los grandes, compran bonos en dólares y bonos del tesoro.

¡Claro! Unaitesteits es el país al que todos los otros países recurren cuando quieren salvarse o que sus clases dominantes entren al elegante club del primer mundo Y es que
el capitalismo está seguro que se protege a sí mismo si fortalece la estructura financiera de EE.UU.

Quizás Mao tenía razón.


3. Botsuana


«América salva a los Republicanos Españoles/ América Sacco & Vanzetti no deben morir/ (…) América cuando tenía siete años mamá me llevaba a las/ reuniones de una Célula Comunista (…) discursos eran gratis todos/ eran angélicos y sentimentales acerca de los/ trabajadores todo era tan sincero que no tienes/ idea de que gran cosa era el partido en 1835 (…)/ Madre Bloor de la Huelga de la Seda de Ewig-Weibliche/ me hizo llorar (...). Todos tienen que haber sido espías» (Allen Ginsberg).

Me atrevo a pensar que pronto la «América profunda» mostrará su verdadera cara, con ese miedo tan anglosajón (tan de Hobbes, tan de Betham…) como primer motor. Cuando los rednecks sureños, caucásicos, protestantes, y protofacistas tengan que rematar sus casas y se vean obligados a vivir en carpas o remolques, entonces saldrán a plantar cruces en llamas y apalear negros y latinos, igual de pobres y marginados.

El Klan tuvo su auge no tanto durante la reivindicación de los derechos civiles de los afroamericanos, sino cuando la única distinción posible, la única reivindicación posible, para esos blancos pauperizados e ignorantes era la violencia hacia el otro.

Mientras, otros rednecks, e incluso otros negros y latinos, seguirán enriqueciéndose ahora no sólo con sus deudas bancarias sino también con sus impuestos.

También me atrevo a pensar que en los medios, de entre todas las lecturas posibles, prevalecen quizás dos grandes líneas: por un lado el optimismo bonachón que ve a las puertas el gran cambio social y la caída inevitable del sistema, sin masas, sin enfrentamiento, Made in Casa Blanca y for export, por el otro una tendencia que apunta a generar una especie de solidaridad culposa. Como en el citado poema de Ginsberg, con la crisis «Se me ocurre que soy América», y así cada opinión, hasta la más crítica, parecía hacernos levemente responsables.

Ambas tendencias no son más que fruto del sentido común, ya sea de izquierda o de derecha, simplificación sutil de una aparente dicotomía que reduce todo a que, o bien esto se termina, o bien somos todos culpables del problema.

Y cuan engañoso es el sentido común, «En la obra de Bernard Shaw, Santa Juana, uno de los protagonistas dice que es obvio que el sol se mueve alrededor de la tierra. Basta con mirar. ¿Quién ha visto alguna vez a la Tierra moverse alrededor del Sol? Es de sentido común que el Sol se mueva alrededor de la Tierra. Lo cual es una perfecta demostración de la estupidez del “sentido común”» (Cliff, 1994).

Incluso me atrevo a pensar que mientras los viejos libros descansen en las bibliotecas (o si cuando los abrimos no los leemos con nuevos ojos) el mundo, e incluso la crisis, parecerá un accidente, un error, una oportunidad perdida más y no podremos distinguir, como señalaba Tony Cliff, que aunque «no es lo mismo ser un hambriento en Etiopía que ser un jubilado en Europa. Y que ser un jubilado en Europa es diferente de ser un desocupado en Europa. (…) Y sin embargo, el capitalismo es la causa del desempleo, de la hipotermia y del hambre en Etiopía. Y como todos estamos en el mismo barco (aunque en diferentes lugares y condiciones) no existen soluciones separadas» (Cliff, 1994).

Dejarnos llevar por el sentido común y olvidar un legado teórico que nos caracteriza como miembros (más o menos heterodoxos, más o menos reformistas, más o menos postmodernos) de ese singular infinito que llamamos izquierda, es rendirse ante un mundo que parece ancho y ajeno.

Y sus consecuencias y pesares aparecerán para nosotros como males más o menos llevaderos, y sus cambios los veremos en televisores más o menos planos, en blanco y negro o en color.

Pero no todo está perdido. Aún queda una esperanza: 0,34 % subió la bolsa de Botsuana. Fue la única del mundo que cerró en alza el último «lunes negro».


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ILUSTRACIÓN ARTÍCULO: Fotografía por Pedro M. Martínez ©