Roberto Zarco: el amor te
inspira desde el pasado

___________________________

entrevista por Pedro M. Martínez


Hace calor en Madrid. Antes se decía que esta ciudad «tiene nueve meses de invierno y tres de infierno» y, ahora, en la segunda semana de agosto se confirma, de largo, el refrán. Camino buscando la sombra por la Calle Sagasta, arrepintiéndome de no haber cogido un sombrero; delante de mí una joven vestida de blanco hace figuritas de portfolio de modelo a la gente consciente del atractivo que tiene su cuerpo, ríe y luego entra en una tienda de yogures helados.

El bar donde he quedado con Roberto Zarco está cerrado por reforma, así que cuando él llega tenemos que buscar otro. Probamos con varios, pero encontramos cierres echados por todas partes, así es Madrid en agosto: carteles que dicen «volvemos en septiembre, perdonen las molestias». Terminamos en la segunda planta de El Comercial, un valor seguro a estas alturas del mes: aire acondicionado que quita el sofoco y algo parecido a un campeonato de ajedrez en la sala lo cual garantiza un ambiente sosegado.

Roberto es un jovencísimo escritor a quien conocí a través de Internet. No, no piensen ustedes que fue en los «muros» del omnipresente Facebook, todavía quedan otras alternativas en Internet que las redes sociales. La trayectoria de este poeta me impresionó: comenzó a escribir su primer libro de poemas (Retazos de una inocencia desbocada) a los dieciocho años y ya tiene una segunda obra casi terminada. Una cuidada página web y varios vídeos con entrevistas circulando por la red completan la impresionante actividad de Zarco que, también, estudia, trabaja (no sean ustedes mal pensados, este tópico lo escribo yo, él no me lo contó así) y participa en una ONG.

Pulso la tecla de play de la grabadora justo cuando la camarera nos trae algo de beber y unas patatas fritas, miro la agenda…

—¿Cuándo te diste cuenta de que querías escribir?

Retazos de una inocencia desbocada—Fue a los dieciséis años. Empecé a escribir poesía por hobby. La verdad es que siempre he escrito poesía, o reflexiones, como quieras llamarlo, así que llevo cuatro años escribiendo… Una amiga me dijo que porqué no publicaba mis poemas y entonces me busqué una editorial pero me hizo una oferta leonina —dudo aquí sobre entrecomillar esta última palabra, pero no, la dejo así porque haberlas haylas (algunas editoriales)— y durante un tiempo anduve como un poco asqueado… Luego me llamaron de Anubis e hicimos una coedición.

—Una pregunta que considero que no es ociosa en estos tiempos que corren: ¿a ti te ha gustado leer?

—Si te soy sincero leo ahora más, porque siempre he escrito antes que leer. He comenzado a leer más a través de la escritura, ahora leo más, mucho más…

Le comento que, por lo general, se ha llegado a la escritura a través de la lectura y no al revés: «Yo he llegado a ella sobre todo a través de la música, de cualquier tipo de música». Las canciones son para él poemas, a través de ellas se inspira: «Dejo correr la música y en dos minutos tengo el poema…».

—La pregunta del «millón»: ¿Para ti qué es la poesía? —supongo que esta cuestión debería habérsela planteado más tarde...

—Ahora mismo es como mi vida. Anoche, sin ir más lejos, no podía dormir y me puse a escribir. Para mí es una obligación escribir cada noche, no dejo de pensar en ese momento. Sobre todo me inspiro por las noches, todos los autores seguramente se inspiran por las noches; alguien me dijo que la mente despierta a la creatividad cuando está cansada, que aparece entonces la creatividad. ¿Quién no pasa un momento solo por la noche…? Es cuando la mente se pone a escribir sola, además está el silencio…

—Pero, ¿escribes en otros lugares?, ¿eres de los que escribe en cualquier parte?

—Alguna vez en el trabajo… Cojo el papel ese del datáfono, ya sabes, y un boli, esto que no lo sepa mi encargada —sonríe—, y rápidamente escribo las cosas que se me ocurren, las frases que me sirvan para luego hacer un poema. Y en la universidad mucho, cuando estoy escribiendo en el ordenador… en la universidad he hecho muchos poemas, y eso que estoy en el primer curso. Cuando voy en el autobús escribo en el móvil.

—¿Escribes en el móvil? Eso me parece un poco complicado —uno acepta las nuevas tecnologías, ya lo saben ustedes, pero viene de varias generaciones atrás.

—El autobús es incómodo, no tienes dónde apoyarte y entonces cojo el móvil, es un método más moderno. Y no creas, soy muy lento escribiendo, pero siempre pongo las palabras completas para luego entenderlo bien.

—Voy a citarte a otro escritor. Es un poeta argentino que se llama Luis Benítez. Él dice que «un tema surge inicialmente como una sensación difusa» a la cual llama «el fantasma», ¿tú percibes así el momento de la inspiración?

—Siempre se necesita a alguien que te ayude desde fuera, mientras que tú estás en tu mundo…Lo importante es la realidad que cada uno vivimos y esos fantasmas quizá son los que hay en cada uno. A lo mejor las cosas no son como uno las ve, cada uno se monta su propia película, por decirlo así, pero esa película es lo más importante porque nadie está viendo tu vida, nadie puede conocer lo que has sentido en el amor porque no lo ha vivido. Para mí la poesía es y ha sido una experiencia —Roberto habla con rapidez, a veces de manera impulsiva, algunas frases las trunca dejando un breve espacio en blanco al final que, sin embargo, comprendes perfectamente.

—¿El amor es lo que más te inspira?, ¿el amor a una mujer concreta…?

—En este primer libro hablo de lo que sentía hace un año y medio. Sí hay una persona, pero he escrito de lo que pasó después de la relación. Seguramente ella sepa que va por ella, lo dejo intuir. En estos poemas hablo de momentos concretos, pero sobre todo de los que se refieren al del post-amor…

—¿Se escribe mejor poesía cuando se sufre o se ha sufrido?

—Las cosas felices inspiran poco. Los que han enloquecido han sido genios y, además, los más incomprendidos. Del sufrimiento han salido los mejores escritores, los mejores pintores y los mejores músicos, pocos artistas han crecido a través de una felicidad aunque es posible que de una ilusión lo pudieran hacer. Una tristeza momentánea, un momento de bajón inspira más. La creatividad creo que nace de las desilusiones.

—En una de las entrevistas que te han hecho citas a Paulo Coelho, a Miguel Hernández…

—Yo he escrito más que leído. El tipo de poesía que ellos hacen creo que es demasiado «clásica» para los tiempos que corren. La entiendo y la respeto, la leo, pero no me acaba de…, seguramente hay gente que le llene mucho. Me parece que lo que hago se acerca más a los autores contemporáneos, como Luis García Montero, a mí me tira el verso libre que no te limita la creatividad.

—Pero el verso blanco, ausente de métrica, tiene que tener un ritmo interno... —le interrumpo.

—Sí, lo mejor es hacer un juego de palabras con ese ritmo interior que tú dices, no limitarse a la métrica. Los versos que riman, aun sin querer, son los mejores.

—¿Se puede decir que eres un escritor sin influencias?

—Sí, seguramente. Tengo más influencias no poéticas que poéticas. A quien más he leído es a Jorge Bucay, pero la principal es la música, sobre todo fuera del pop, de lo comercial, que para bailarlo en las discotecas está bien pero para pensar o reflexionar no, no es la adecuada, al menos en estos tiempos que corren… —le digo aquí que si no tiene un cierto complejo al respecto debido a que algunos puedan decir de él que le falta bagaje— Mi influencia es la música y poco más, y lo que he vivido hasta ahora. En el mundo que vivimos lo clásico cansa a la gente de mi edad, a no ser que hayas leído a muchos autores clásicos y que te hayan sido trascendentes, lo denso aburre. Respeto mucho, por supuesto, a estos autores pero a la poesía que ahora hacemos lo de ellos no le pega nada, a mí por lo menos no. La lectura enriquece, pero a través de esa lectura no llega la inspiración, yo doy mi opinión a través de lo que ven mis ojos no como lo ven otros.

—¿Te gustaría más ser músico que escritor?

—No.

—¿Y tú te ves escribiendo toda la vida? —en esta ocasión Roberto no contesta con la rapidez a que la ya me he acostumbrado durante nuestra conversación. Medita durante un instante…

—Se ha hecho un eco en el silencio… (sonríe). Yo creo que sí. De momento lo tendré que compaginar, pero quiero seguir publicando y expandir mi punto de vista, mi opinión sobre lo que me ha rodeado y me rodea, es muy importante para mí.

—¿Por qué escribes…?

—Para mí es una liberación. En momentos de vacío, escribir y soltar la imaginación a volar es muy gratificante.

—¿Poesía intimista o poesía social?

—El intimismo para mí va relacionado con lo social. La ciudad ha creado un vacío existencial en el que han influido las nuevas tecnologías. Este vacío seguirá creciendo y se van a perder muchas tradiciones. Se va a seguir deshumanizando la ciudad, por nosotros: falta de cariño, de amor, de contacto personal… la moda es no hacer caso de todo eso. Se ha perdido la bondad, para que te traten en serio hay que ser un cabrón y a mí eso no me va. Hay gente que piensa que la dureza es buena y se sienten maduros a los veintiocho o treinta años, cuando les queda mucho por recorrer.

—El tiempo, como el amor, está también muy presente en tus poemas…

—El tiempo… es complicado. Cada momento que pasa deja de ser presente. El amor, a no ser que tengas una relación en ese momento, cuando se corta, es una inspiración del pasado hacia este presente que ya estás viendo sin esa persona, sin esa compañera de vivencias. El tiempo es relacionar tres cosas a la vez: el futuro es una ilusión, el presente es un quehacer, un trabajo diario (porque no te queda otra) y el pasado es una desilusión, lo que pudo ser y no fue... El pasado trastoca al presente y viceversa. Casi todo lo que he escrito está relacionado con el pasado, que es la experiencia que has ido sembrando para ahora recoger la cosecha.

—El futuro, ¿es ansiedad?

—Es el deseo, o ansiedad por el deseo, inquietud porque algo aparezca y te saque de la rutina, te despierte. Si hay un altibajo que lo haga y eres capaz de seguir con ilusión se puede conseguir todo.

Pienso aquí en la poesía como arma cargada de futuro, ya lo dijo otro poeta. Miro a mi espalda y compruebo que los jugadores de ajedrez han ido recogiendo tableros y piezas; este deporte tiene su especial poética: el número de partidas que se podrían jugar excede al de los átomos que hay contenidos en el universo. Probablemente, las posibles poesías que se pueden escribir superan también con creces la estimación que realizó Claude Shannon sobre el árbol del primer juego de guerra que se inventó. Regreso a la mesa, con Roberto Zarco:

—Tu primer libro, Retazos de una inocencia desbocada, se presentará oficialmente en
el próximo mes de octubre…

—El seis de octubre, a las ocho de la tarde, en el Centro de Participación Ciudadana de Móstoles, gracias a la Vocal de Cultura del Ayuntamiento —me comenta también que el libro se puede adquirir ya a través de Internet y me resulta obligada la siguiente pregunta.

—¿Tú crees que Internet ha sido, o es, una ayuda para los escritores noveles?

—Sí, para los que empiezan, sí. Para los que ya estaban ha sido afianzarse aún más. Los que empezamos podemos divulgar nuestros libros por la red, sin que se vea tu obra en una librería ésta no va a existir.

—No has presentado todavía tu primer libro —me interrumpe para matizar que es que «entre el trabajo y los estudios no he tenido tiempo, hasta ahora»— y ya tienes casi terminado otro que se titula Con fecha, minuto y hora. En tu web has escrito que «La esencia es el diamante que se esconde en cada poema» y para los lectores de Retazos de una inocencia desbocada es evidente la relación de una y otra; la segunda que estás acabando, ¿es más de lo mismo…?

—Es una evolución. En mi segundo libro los poemas están con fecha y hora, cada lector puede hacer un «juego» entre el poema y lo que estaba pensando el autor al escribirlo, qué hacía, qué le inspiraba. En Retazos se trata de descubrir sólo el primer significado.

—Y, para terminar, te he traído una frase de tu amigo Pablo Hásel, recogida de una de sus canciones: «Te cambio mi inspiración porque algo vaya mejor», ¿tú serías capaz de eso?

—Sobre esa frase he pensado mucho… y, sí, muchas veces lo haría.


Una conversación termina en la hoja de papel en cuanto se le pone un punto que llamamos «final», pero, como saben bien ustedes, en la realidad no ocurre así. Como dijo hace unos momentos Roberto «cada momento que pasa deja de ser presente», aunque podamos intentar perpetuar mediante palabras escritas el pasado, el presente y el futuro que se nos va segundo a segundo. Poesía para cada momento que nos inspiró y tiempo para alejarse de lo rutinario leyendo un poema. El escritor tiene el deber de darle cuerda al reloj del sentimiento para que las noches puedan estar menos solas. Roberto Zarco es un autor ambicioso, quiere manejar la delicadeza de esos engranajes que marcan el tiempo para que el pasado sea presente enriquecido de experiencia y recuerdo. La poesía está en el camino, pero hay que andarlo con ilusión, fuerza y, también, con el altruismo que no requiere más explicación: hay que ser capaz de cambiar la inspiración, el bien que más puede amar un escritor, porque algo vaya a mejor.

Camino por la Calle Sagasta. La noche palia el sofoco de este día de agosto; ahora no veo a chicas vestidas de blanco. La tienda de helados de yogur está cerrada. Hemos hablado de poesía y ahora vuelvo a casa…



___________________

Web personal del autor del reportaje: www.martinezcorada.es

- Web de Roberto Zarco:
http://www.robertozarco.com

- Imágenes en el artículo remitidas por el entrevistado.


Vídeo:

Entrevista realizada el 7 de mayo de 2010 en los estudios madrileños Abismo Creaciones - www.abismocreaciones.com (Dirección y realización: Jorge Verdú Benhamú. Sonido: Church Deezet).








Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012.
Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información