El Tío de la mina

Ensayo

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Javier Claure C.


La historia del Tío, personaje mítico en las minas de Bolivia, ha ocupado las mentes de muchos investigadores, antropólogos, escritores y poetas.

Según los historiadores, los mineros bolivianos rendían pleitesía al Tío antes de la llegada de los españoles.

Las palabras del cronista español, Vásquez de Espinoza, revela este hecho de gran importancia histórica: «... un gran edificio de piedras muy labradas de notable grandeza... hay deuajo de la tierra grandes salas y aposentos tanto que hay cierta noticia que pasa por deuajo del río» (Rostworowski de Diez Canseco). «Wari, dios chtónico, auspicia su culto en un templo subterráneo, deuajo de tierra» (Carlos Condarco S, antropólogo orureño).

La cultura Uru

Para acercarnos a la imagen de este misterioso personaje, es necesario remontarnos a la cultura Uru. Los urus fueron los pobladores más antiguos del Continente Americano, cuya formación data de los años 1000 a 1500 a. C. Se habían establecido en las costas del Pacífico y en la parte altiplánica del Alto Perú. Concentrándose en Paria, Orinoca, Salar de Coipasa y a las orillas de los lagos Titicaca, Poopó y Desaguadero que pertenecen a la actual Bolivia. Vivían en las montañas, en sus cuevas hechas de piedra y barro. Se dice que eran solitarios y se sentían bien en los lugares más recónditos del altiplano andino. Eran diestros para la caza, comían pescado crudo, aves lacustres, carne de llama o de cerdo. Hábiles, como ellos solos, para los tejidos, cerámica y diferente tipos de bordados.

Arturo Posnansky (1873-1946), considerado padre de la arqueología en Bolivia, escribe textualmente: «Se les ha preguntado a los urus, si el nombre de su raza era verdaderamente el de uru, y contestaban que así los llamaban a ellos los aymaras por insulto, porque van por la noche a pescar y a cazar, pero el verdadero nombre de su casta es kjotsuñi, lo que quiere decir hombres lacustres. La lengua de los urus no es gutural como el aymara y el quechua, más bien es casi tan melodiosa como la de los chipayas, y una lengua completa, bien combinada y lingüísticamente evolucionada. Su vestimenta es distinta a la de los aymaras, no usan poncho sino un vestimiento largo de lana que va hasta los tobillos y al que llaman ira».

Por otro lado, el Padre José de Acosta, hombre importante en los asuntos del gobierno pastoral de aquella época, relata en una crónica que los urus eran huraños y muy difíciles de comprenderlos. Cuando les preguntó: «Qué clase de hombres eran, los urus contestaron que «no eran hombres, sino urus». El título de «hombre», según los urus, era «para los pobladores que gozaban de ciertos derechos» (Julio Delgadillo V.).

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