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Saldos de cielo y Tierra,
de Alejandro Ondorica Saavedra
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por
Obed González


El poeta español Jaime Gil de Biedma quien era parte de la Escuela de Barcelona en la década de los cincuenta, comentó que la importancia de la experiencia en cuanto a testimonio de la vida tenía como punto de partida su poesía.

En Saldos de cielo y Tierra, de Alejandro Ondorica, su poesía de vida o biológica le permite regresar con la punta húmeda de su dedo índice a las huellas de su juventud, volver a recorrer ese camino que nos llena de luz el rostro manifestado con una sonrisa.

El libro de Alejandro posee la magia de hacernos recordar también a nosotros esas pillerías de adolescencia, aquellos besos robados a la vida que todavía nos quedan en la boca como suspiro a Dios.

En la narrativa de del libro hay dos vertientes que son interesantes y que apuntala muy bien su autor:

Una: la descripción detallada de los ambientes; pero aún más la descripción de forma poética. Ahí es donde Ondorica aplica lo dicho por Gil Biedma en cuanto a lo señalado con respecto a la experiencia de vida desde el punto de partida de su poesía. La poiesis intrínseca del autor de Saldos de cielo y Tierra la manifiesta a través de las descripciones. Por ejemplo la siguiente que pertenece al cuento La faena de Silvana, del segundo párrafo, página 32:

«La hacienda parecía un castillo de hadas, de blancura extendida hasta el casco abombado junto a una alta torre, luego una serie de estilizadas columnas que bordeaban el patio de entrada, atrás de la horizontalidad de las caballerizas y el aro perfecto del redondel».

La descripción es poética: «atrás de la horizontalidad de las caballerizas y el aro perfecto del redondel», además de detallada, esto habla del alma de poeta del autor, que además sabe cómo llevar de forma ágil una historia.

Otra vertiente acertada es la manera de manejar los diálogos y el humor. Tal vez esto sea lo más difícil para un narrador, humor y descripción del lenguaje son de suma importancia para cualquier persona, no cualquiera lo realiza de forma eficaz, mucho menos frente a un papel en blanco. En mi percepción personal veo acertado la inclusión de la palabra güey dentro de los diálogos rememorados por Alejandro, eso habla de su interés hacia la generación actual, haciéndole ver que esta palabra no tiene nada que ver con la moda, que es un código utilizado por varias generaciones y que habría que realizarse un estudio para saber su origen y etimología dentro de la cultura popular de México.

Los 19 cuentos que Alejandro Ondorica nos comparte están llenos de vida, que tal vez sea lo más importante de Saldos de cielo y tierra, lo digo porque conozco al autor y sé de su sensibilidad, preocupación y gusto por la juventud y lo humano —quien ha sido maestro alguna vez, sabe de lo que estoy hablando—. Si a esto le agregamos la manera para saber redactar y relatar una historia, sabremos que estamos frente a un libro que en cierta forma es un diario, un diario que Alejandro Ondorica comienza como su raíz, como su origen, como su ombligo… en un Regreso a Aztlán.


Saldos de cielo y Tierra
(Ed. Porrúa, México, 2006)



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Alejandro Ondorica, (México, D.F., 1946). Servidor público, escritor y poeta. Ha escrito los siguientes libros: Ciudad de amores e Inmediaciones del delirio con el cual obtuvo el VII Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2005.

Obed González, (México, D.F., 1969). Maestro y escritor. Ha escrito cinco libros, obtuvo el Segundo Lugar internacional en el Primer Certamen Interdisciplinario de Arte 2007 en el género de ensayo en Argentina y Mención Honorífica del Primer Concurso Mundial de Poesía Erótica 2007 en Lima, Perú. (Correo electrónico: tn_obed [at] yahoo.com.mx).



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Revista Almiar (Madrid; España) / n.º 41 / agosto-septiembre 2008
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