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El Caso Estrauss (El escándalo que
precipitó el final de la II República),
por
José C. García Rodríguez
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Prólogo de
Juan Manuel Martínez Valdueza
Prefiero caer
en el tópico de la alabanza a dejar en el tintero la magnífica impresión que me
ha producido la lectura de este libro. José Carlos García Rodríguez ha cogido el
asunto del estraperlo y, de una vez por todas, con maestría, nos lo presenta
claro y conciso, limpio de rebabas demagógicas, y listo para que los españoles
de hoy tengan en su mano un poco más de información básica de su próximo pasado,
que de forma tan peregrina se quiere ignorar o, lo que es peor, reinventar. Bien
apunta en su
Introducción
—y no les voy a desvelar la estructura de este ensayo; no es mi tarea— que pocos
conocen hoy el origen del término
estraperlo.
Por eso su trabajo es oportuno.
Sí quisiera,
por mi parte, referirme al marco en el que se desarrolla la historia que nos
cuenta, y que no es otro que el famoso
Bienio Negro,
gentileza cainita que nomina el periodo de gobiernos de centro-derecha de la
Segunda República. Nadie con un mínimo pudor intelectual puede hoy poner en duda
el carácter democrático de dichos gobiernos. Como tampoco los ataques
antidemocráticos que sufrieron —revolución del verano de 1934, gobierno sin
representación parlamentaria en diciembre de 1935, suspensión y disolución de
las Cortes en enero de 1936, por poner algunos ejemplos—, tanto por parte de las
izquierdas, revolucionarias o no, como de la Presidencia de la República. El
caso Strauss, con independencia de su contenido y alcance, tiene todos los
ingredientes y forma parte de esos ataques, perfectamente diseñados, y cuyo fin
desde su principio fue la destrucción de la
república de todos
para dar paso a la
república de algunos.
Y por un breve periodo de tiempo lo consiguieron. Bien es cierto que mucha
izquierda y mucho centro de buena voluntad se vieron envueltos en esta dinámica,
de la que no supieron, o no pudieron, sustraerse.
Una de las
cosas que más me sorprenden de aquella época, tan reciente, y debo confesar que
me asusta, es la poca entidad que tenían valores tan rotundos y claros como son
el derecho y respeto a la vida —por ejemplo—, y por el contrario la suma
importancia dada a las corruptelas de menor cuantía. Esa sociedad entera fue
capaz de enterrar a una organización y una clase política por míseros delitos de
guante blanco, —el caso Strauss— y al mismo tiempo ensalzar y aupar a otras que
clamaban por la destrucción del contrario y por la guerra civil, y no sólo de
palabra sino con la rotundidad de los hechos. Esta paradoja no se entiende sin
hacer intervenir en la reflexión otros factores como son la propaganda por un
lado y los complejos por otro.
José Carlos García
Rodríguez en este estudio no escudriña el alma de sus protagonistas. Prefiere
ser notario de sus hechos, relator de sus minucias a sabiendas de que, como dice
Alejandro Lerroux en sus memorias: «…
sin ninguna pretensión, todo lo más acarreo materiales para la gran Historia
haciendo historia pequeña. Aquélla nos refiere, por anécdotas recogidas de la
segunda, la influencia que tuvo la nariz de Cleopatra en los destinos del mundo
pagano».
Quiero llamar
la atención sobre un personaje, con mucho el actor principal y protagonista del
mariachi republicano, antes del 14 de abril, durante su vigencia, e incluso
después: Indalecio Prieto Tuero. A él y a sus hombres de confianza los
encontramos
siempre
en todos los episodios más oscuros y críticos de ese periodo. Y también
siempre
en la penumbra. Y cómo no, ¡también lo tenemos en el caso Strauss!
Para terminar,
¿qué fue de los ocho hombres que la comisión de investigación del Congreso
señaló con su dedo, al tiempo que cerraba definitivamente la puerta a la
posibilidad de una
república para todos?
El destino no fue generoso en esa época con casi nadie en España, y la violencia
desatada meses después los arrastró como a la bruma el amanecer. José Valdivia y
Garci-Borrón, el que fuera director general de Seguridad de septiembre de 1933 a
junio de 1935, fue detenido en agosto de 1936 por el Frente Popular y
posteriormente asesinado. El mismo fin esperaba a Rafael Salazar Alonso que,
escondido, fue detenido el 31 del mismo mes por milicianos de la FAI, juzgado
por un Tribunal Popular y ejecutado en la cárcel Modelo de Madrid el 23 de
septiembre. Al comandante Eduardo Benzo Cano, gobernador civil de Madrid,
presidente de su Diputación y subsecretario del Ministerio de la Gobernación con
los ministros Salazar Alonso y Eloy Vaquero, un Tribunal de Honor dependiente
del Gobierno de Burgos dispuso su separación del servicio y su baja en el Arma
de Infantería el 21 de julio de 1937. El hijo del ínclito y martillo de herejes
Vicente Blasco Ibáñez, Sigfrido Blasco-Ibáñez Blasco se presentó a las
elecciones de 1936 por el partido Centrista de Manuel Portela Valladares sin
salir elegido. Vivió su melancolía en el exilio de Chile y de Francia hasta que,
tímidamente, regresó a España en 1977, donde moriría cinco años después. El otro
hijo de famoso, aunque adoptivo, Aurelio Lerroux y Romero de Oca desaparece en
la noche de la historia como queriendo hacer olvidar su rocambolesca aventura,
que tanto dañó a su padre y a España. Juan Pich i Pon murió en París en 1937, a
los cincuenta y nueve años. El excelente novelista, natural de Mataró, Santiago
Vinardell Palau, terminó también su fantasía asesinado en Vicálvaro (Madrid) el
28 de septiembre de 1936. Y por último, del teniente coronel de Estado Mayor
Miguel Galante Roudill, no sabemos más que, en diciembre de 1936, a su esposa
Rafaela Tejón Baquera el Gobierno de Burgos le concedió una pensión alimenticia
al estar su marido anclado en zona republicana. Algún día sabremos más.
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José Carlos García Rodríguez es un
enólogo,
periodista y
escritor natural de
Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1948.
Especializado
en obras de temática turística, gastronómica y enológica, ha sido galardonado
con numerosos premios, entre ellos, el Andalucía de Turismo 1995, el Nacional de
Turismo de Andalucía 1998, los Premios de Turismo Everest, en 1984, 1986 y 1989,
el Premio de Periodismo
Joaquín Turina 1999 y el Nacional de Periodismo Juan Manuel Barba Mora de
Exaltación de la
Manzanilla 2003. En el año 2005 quedó finalista del IV Premio Internacional
Fogón Sant Julien-París con su relato El sabor de las mareas. Su libro
1845-1995: Las Carreras de Caballos de
Sanlúcar de Barrameda (1995), fue declarado Libro de Interés Turístico
Nacional.
Ha escrito una treintena de libros de viajes, casi todos ellos en
Everest. Además es autor de obras biográficas, entre ellas,
Francisco Pacheco, pintor, poeta y tratadista de arte (1991),
Turina y Sanlúcar de
Barrameda (Fundación El Monte, 1999) y
Pedro Badanelli, la sotana española de Perón (Akrón, 2008). Su última
obra es el ensayo El caso Strauss. El escándalo que precipitó el final de la
II República (Akrón, 2008), primera monografía que se edita sobre el
escándalo de la ruleta straperlo.
Web:
http://www.josecarlosgarciarodriguez.com/

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