Un sueño dorado,
del Taller Literario Pluma y Tintero,
por Juana Castillo Escobar

portada libro relatos sueño dorado

El libro, al que hemos bautizado como Un sueño dorado, contiene relatos, micro relatos y poemas de las seis autoras que lo componen. Son, como es natural, historias muy diferentes entre sí ya que las personas que los hemos escrito somos muy distintas. Cada una poseemos un estilo, una voz, que nos es propia. A pesar de ser el resultado de una serie de ejercicios planteados en el Taller Literario «Pluma y Tintero», cada autora le da un enfoque personal, único, los envuelve en una luz que brilla de manera diferente según se trate de una u otra escritora. Hay relatos y poemas para reír, para casi llorar y para pensar.


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Un sueño dorado
ha sido escrito por: Adriana Salcedo; Ángeles de Andrés; Gloria Grau; Isabel Fraile; Pepi Núñez y Juana Castillo.
· Blog del Taller Literario Pluma y Tintero:
http://tallerdeescrituraplumaytintero.blogspot.com/

Un relato de este libro:

Entre patrones *

Isabel Fraile Hernando

El ruido de las máquinas de coser para al unísono. Los dientes que devoran la tela, y las agujas que forman las prendas, quedan inmóviles durante treinta minutos, tiempo destinado por las mujeres que las manejan para descansar.

En ese breve paréntesis, otros dientes entran en movimiento y, algunas veces, palabras más punzantes que las agujas asaetean el aire.

Líneas de fluorescentes, a derecha e izquierda de la nave, emiten un zumbido característico iluminando de forma artificial la labor de las operarias.

Aquella mañana las trabajadoras esperan junto al portón gris que las engulle durante un tercio del día. El encargado de abrir la fábrica no aparece. Y eso, a las siete de la madrugada, en aquel invierno del sesenta y ocho, no es agradable. Al cabo de media hora llega el joven con las llaves. Una de las féminas le increpa de forma descarada:

—¿Qué pasa, Julián, no sonó el despertador?

El muchacho carraspea, no sabe bien qué contestar. Se ha casado hace poco, e imagina lo que estarán pensando en ese momento las mujeres.

—El coche. Con esta helada se quedó sin batería.

Ellas oyen la excusa con gesto adusto, mientras palmetean las manos heladas y sacuden el suelo con sus pies entumecidos. Ya, dentro del recinto, el reloj de fichar hiere con su mordiente sonido cada una de las tarjetas.

El tema de conversación, a la hora del descanso, es pues, el incidente. El enfado de primera hora había dado paso a miradas socarronas y comentarios subidos de tono. Algo distinto en la rutina del día a día, porque allí, entre telas, patrones y encajes de colores, se diluye la vida de las obreras que, unificadas por sus batas azules, semejan hormigas de un mismo hormiguero.

Ahora, descrito ya el entorno, podemos escoger una muestra de las maquinistas. Podemos analizarlas como en un microscopio. Por ejemplo..., sí, aquellas que ríen al final de la bancada. Escuchemos para ver qué hablan.

—Pero bueno, Petri, para ya de reír. Se ve que con la copita entraste bien en calor. Anda que, ¡vaya ocurrencia la de Julián para que se pasara el frío!

—Adela, no te enfades. No me negarás que ha tenido gracia eso de comprar una botella de coñac. ¿Tú no sientes calorcillo en el estómago?

—¿Calorcillo? Más bien diría un ardor de mil demonios. En realidad, a mí no me ha importado tener que esperar esta mañana. Llegaba tarde, otra vez había perdido la dichosa camioneta, y ya sabes en qué se traduce el numerito rojo en la ficha, una mermilla en el sueldo.

—Yo tengo que salir de casa con tiempo, no puedo andar muy deprisa, me fatiga la cuesta, parece que tengo un caballo trotando en el pecho... La que estaba enfadada de verdad era Paca, pobre Julián creí que se le comía.

—No me gusta esa mujer, Petri, no me ha gustado nunca. Sabes que disfruta inventando chismes y no le importa las consecuencias que eso pueda tener, ya sabes el dicho...: difama, que algo queda.

—Sí, ya sé a qué te refieres. El bulo del otro día, ¿verdad? Con nosotras también lo intentaron. Recuerda el retintín con que nos preguntan que si somos novias.

—La diferencia es que a nosotras no nos importa. Por mí, como si dicen misa. Pero ya viste lo que pasó..., el ataque de nervios de Conchi, no todas nos tomamos los chismes de la misma manera.

La conversación cambia de tono y las jóvenes se quedan serias.


¿Quién es Petri? Si tuviera que describirla diría que: Petra es una mujer guapa, ojos negros, labios bien formados y dentadura perfecta. De risa franca y contagiosa. Unos años mayor que Adela. Se puede decir que su mentora. Las dos muchachas pasaron, en poco tiempo, de compañeras a buenas amigas. Compartían trabajo y confidencias, formaban un tándem inseparable...

Así la guardo en mi recuerdo y en mi corazón. Muy bien, ¿vas a seguir mucho tiempo contando la idílica amistad? ¿Cuándo vas ha hablar de la enfermedad de Petri? Porque, al fin y al cabo, eso es lo que pretendes, ¿no?

En cambio, has pasado de puntillas sobre el tema, apenas una leve mención. Si nos acercamos a escucharlas es por algo más que una simple conversación de amigas, es porque quieres hacer hincapié en su dolencia. Sí, ya sé que sin animo morboso. Necesitas contar cómo fue su vida cuando la enfermedad, agazapada, se hizo presente a poco de su boda, cómo fue su final al cabo de los años: en la calle, cerca ya de su portal, en un día frío de Noviembre. No te vas a recrear en los detalles, no es tu estilo. Pero tenías que haber pensado antes en cómo ibas a enfocar la historia.

¿A quién le puede importar algo que ha ocurrido hace tanto tiempo? En el sesenta y ocho, decías. Unos años inmersos en la dictadura, momento de grises, como el portón tras el que desaparecen tus protagonistas. ¿A quién le puede interesar la amistad de un par de mujeres en esos años en los que empezaban a cambiar las cosas? Además, ellas eran de las que no protestaban, les bastaba con acudir a su trabajo, con diluirse bajo su uniforme azul... Está bien, continúa, no voy a interrumpirte ya.


Las amigas cambian de tema. Se centran ahora en un concurso recién estrenado en televisión. Su nombre, Un millón para el mejor. Fantasean como la lechera del cuento, lo que podrían hacer con ese premio.

—¿Imaginas, Adela? ¡Poder pagar el piso que acaba de comprar Andrés en Aluche...!

Para Adela es impensable ponerse en el lugar de su amiga. Ella, con dieciocho años, no se plantea esas cosas: casarse, formar un hogar. Sueña con viajar lejos de allí. A veces, al leer las etiquetas de los haces de labor, mira los destinos. Ahora trabajan para Kuwait, sabe que ese país forma parte de Oriente e imagina el lujo descrito en las Mil y una Noches...

El ruido de la bancada principal corta la charla. El trabajo se reanuda y en el hilo musical se escucha una canción de Serrat.

Todas las batas azules se inclinan a la vez sobre las máquinas como movidas por hilos invisibles, ajenas a lo que el destino les depara. Fuera, a pesar de los tímidos rayos de sol, todo sigue siendo gris.

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* Este relato resultó finalista en el III Concurso de Relato Breve «José Luis Gallego».


Un sueño dorado ha sido publicado por Cultivalibros (Madrid, 2008) www.cultivalibros.com - ISBN: 978-84-92519-27-9
• Artículo publicado en el n.º 42 (septiembre-octubre de 2008) de la Revista Almiar.



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    Revista Almiar (2001-2018)
    ISSN 1696-4807
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