Archivo histórico de Margen Cero





Salvador Novo y el erotismo
de Espejo y Nuevo amor

por Nadia Contreras

Para Georges Bataille, el erotismo es sin duda «la aprobación de la vida hasta la muerte». Esto quiere decir, parafraseando a Guillermo Pozo Pradas [1], «un desfilar hacia la muerte… en su instante infinito del placer y búsqueda de una desnudez fundamental».

Erotismo, como ya lo sabemos viene de la palabra Eros, Dios del amor en la mitología griega. Sin embargo, más que estudiar el origen del término erótico y la diferencia entre vida meramente sexual y de placer, trazaremos algunas de sus líneas en la poesía de Salvador Novo, contenida en los libros Espejo y Nuevo amor, ambos publicados en 1933.

1. Trazos de vida. Su breve estancia en Torreón

Salvador Novo López, hijo de Andrés Novo Blanco y Amelia López Espino, nació un 30 de julio de 1904 en la Ciudad de México (algunos de sus biógrafos dirán que en Torreón), y murió en la misma ciudad en 1974.

Fundador, junto con Xavier Villaurrutia, de las revistas Ulises (1927) y Contemporáneos (1928). Sus principales obras son: XX poemas (1925), Nuevo amor (1933), Espejo (1933), Seamen Rhymes (1934), Décimas en el mar (1934), Romance de Angelillo y Adela (1934), Poemas proletarios (1934), Never ever (1934), Un poema (1937), Poesías escogidas (1938), Dueño mío. Cuatro sonetos inéditos (1944), Decimos: "Nuestra tierra" (1944), Florido laude (1945), Dieciocho sonetos (1955), Poesía (1915-1955, incluye Poemas de infancia), Sátira (1955) y Poesía (1961).

De los seis a los doce años, Novo vivió por segunda vez en Torreón, y fue entonces que comenzó a escribir sus primeros versos. La primera vez, fue como escala en su camino a Jiménez, de donde junto con su padre, habrá de regresar huyendo de los avances de las huestes villistas.

Es también, en este lugar, donde la orientación sexual de Novo sale al descubierto ante el desafío moral imperante, el refinamiento, incluso el repudio y la hostilidad. Más adelante se dirá que Novo, será el Oscar Wilde mexicano, porque ambos gustarán del teatro, la literatura, el escándalo, «la ironía convertida en arma contra los ataques a sus personas».

En la infancia del poeta hay varios acontecimientos que valen la pena rescatar y que serán fundamentales para su obra futura:

1. El hermano de su madre caerá víctima de las balas revolucionarias en un incidente marcado por la confusión.

2. En la biblioteca del tío encontrará el terreno al que dedicará mayor parte de sus capacidades y desarrollará su gran talento: la literatura.

3. Los últimos años de su educación primaria habrá de cursarlos en escuelas exclusivamente para niñas.

4. «Su curiosidad por la literatura y por el sexo se verá caracterizada por la duda y la incertidumbre y algunas de sus lecturas sufrirán la censura materna, sus relaciones personales estarán marcadas por la ambigüedad y la culpa» [2].

Si decíamos al principio que el erotismo es un «desfilar hacia la muerte… en la búsqueda de una desnudez fundamental», la infancia, como se verá reflejado en la poética de Novo, no es un don que la naturaleza otorga, sino una «capacidad que necesita habilitarse». Sin embargo, esto será mucho después, cuando la duda y la incertidumbre, sean sólo el recuerdo de una infancia negada al placer, en palabras de Sigmund Freud.

2. El comienzo de una vida literaria

Después de abandonar la escuela de Leyes, el talento de Salvador Novo florecerá. Desde 1920 colaboró en revistas literarias y en 1924 fue uno de los redactores de las Lecturas clásicas para niños. De 1927 a 1928 dirigió, con Xavier Villaurrutia, la revista Ulises, que iniciaba en México la modernidad literaria, y luego escribió en la revista Contemporáneos, que daría nombre al grupo de vanguardia a que perteneció.

No obstante, Salvador Novo, en esa sed de otredad, que también es el erotismo, tendría que vivir y leer lo suficiente para consolidar una obra como Espejo y Nuevo amor. En Poemas de adolescencia (1918-1920), veremos apenas sus primeros destellos, las mortificaciones del estudiante, la familia, el amor nombrado apenas, el temor a Dios.

«¡Oh, la anciana que tuvo exclusivo amor
en los brazos sin mancha y abiertos al sol!...

De pronto una escena, hay erótico exceso
y en la secas mejillas un púdico rubor,

porque la niña gusta de que se den un beso,
y ella se signa y dice: ¡perdónanos señor».

Dios es casi el eje temático en estos poemas, su preocupación moral. Veremos, también, su admiración y estima para con Xavier Villaurrutia:

«Por la cruz inicial de tu nombre, Xavier,
y por la V de vida que late en tu apellido,
yo columbro tus ansias brillantes de no ser
y escucho el ritmo de tu corazón encendido».

En XX poemas (1925), la vida que se va, el tiempo, las ciudades que lentamente se transforman; son temas que el poeta resumirá de la siguiente manera:

«El alma tiene prisa de viajero
como si fuera a despedir
a su pasado a la estación.
Los trenes son exactos en partir».

3. Espejo y Nuevo amor

Para 1933, en que se publican ambos libros, hablamos de un Salvador Novo, rejuvenecido en su poética. Nietzsche diría: «Con el placer como hilo conductor, el hombre deja de ser un artista siendo él mismo la obra de Arte».

Vemos por eso, una poesía que se disfruta en su vuelta a la espontaneidad, gratuidad y profundidad del tiempo. Es el hombre completo que suele caminar entre avenidas y el miedo y la duda, por lo tanto, no tienen cabida. «Cuanto pude sentir y expresar… está dicho y sentido en esos poemas» afirmó, en torno, al libro Espejo.

Tal vez se tenga razón al afirmar que si no hay erotismo no hay amor. Pero el erotismo en Novo, no se refiere sólo a la simple explosión del cuerpo, su vivencia sexual, sino a su propio encuentro, a su autoconocimiento. Nos dirá, entonces, a través de estos poemas que «cuanto más nos conocemos, más eróticos podremos ser».

El poema para Salvador Novo, será un universo en donde la vida de los sentidos toma forma y la hace vibrar amorosamente:

«Amar es ese tímido silencio
cerca de ti, sin que lo sepas,
y recordar tu voz cuando te marchas
y sentir el calor de tu saludo».

No obstante, no se queda en la mera observación, sino que quiere fusionarse en ese amor omnipresente, que se veía entonces en la poesía de vanguardia. Así como Gilberto Owen, Novo, mira a lo extranjero y se deslumbra con escritores franceses como Apollinarie, Gide y Proust; sin olvidar el poeta inglés T. S. Eliot y el dramaturgo italiano Luigi Pirandello. A pesar de esto, no se queda allá, sino que regresa casi sin darse cuenta al «México de la modernidad literaria», mientras modelaba su propia manera de decir del mundo.

Emmanuel Carballo escribirá en Protagonistas de la literatura mexicana que Novo es un ser que llama a las cosas, por prohibidas que éstas sean, por su nombre de pila. Sin embargo, no es el hecho de nombrarlas, sino como el erotismo, de ambicionar siempre un poco más, incluso para acortar la vida en la muerte:

«Todos hemos ido llegando a nuestras tumbas
a buena hora, a la debida,
en ambulancias de cómodo precio
o bien de suicidio natural y premeditado.
Y yo no puedo seguir trazando un escenario perfecto
en que la luna habría de jugar un papel importante
porque en estos momentos
hay trenes por encima de toda la tierra
que lanzan unos dolorosos suspiros
y que parten
y la luna no tiene nada qué ver…».

En el erotismo, el poeta se contempla jadeante ante la vida; aniquilado en esa sed de amor y de placer que no se sacia:

«Tú, yo mismo, seco como un viento derrotado
que no pudo sino muy brevemente sostener en sus brazos una
hoja que arrancó de los árboles
¿cómo puede ser que nada te conmueve
que no haya lluvia que te estruje ni sol que rinda tu fatiga?».

Lejano al soneto, el lirismo se adelanta a su obra y el ritmo toma fuerza hacia lo íntimo, hacia lo personal, como si cada poema fuera una confesión. El poeta está condenado a desmenuzar sensaciones y reacciones de su propio decadentismo, como se verá en el siguiente fragmento:

«Aún ahora al escribir, estoy haciendo una cosa diferente.
Me dije: tengo que escribir un hondo poema
y he de expresar en él todo el dolor que sufro
ante la evidencia de que envejezco».

El paisaje final de ambos libros, es de una predisposición a la soledad, al desamparo, como ocurre también, en algunos poemas de adolescencia, de los que Novo dirá: «Encuentro entre los ecos que les dan voz, las simientes de lo que más tarde germinaría en la mía: la circunstancia, el humorismo y la desolación».

Pero es aquí donde el erotismo culmina, en su propia destrucción, para renacer al igual que el ave fénix, de las cenizas al deseo y la libertad.

«Mientras ruedan los siglos sobre nuestros ojos
otros hombres disecan los cantos que cantamos
y palpan con orgullo los débiles sueños nuestros.
Con firme mano escriben su sueño.
Así nosotros
dejamos nuestro signo sobre la huella antigua».


4. Consideraciones finales

Es difícil agotar en un breve estudio todas las posibilidades poéticas que nos ofrece la obra de Salvador Novo. Esto es sólo un intento y ojalá sea el inició de un estudio más profundo y detallado, no solamente a un libro, sino a toda su obra. Quiero sin embargo, hacer notar que Salvador Novo, no sólo fue destacado poeta del grupo Contemporáneos, sino que su gusto por los viajes y la cocina dejan textos inolvidables. Por ejemplo, el texto siguiente que hace referencia a la tortilla:

«Es nuestra comestible cuchara y el seguro tenedor para el cuchillo de nuestros dientes. Cortada en cuatro perfectos triángulos de cateto curvo, que perfectamente se pliegan a la presión de nuestros dedos a forrar, capturar y enriquecer el sabor del bocado de carne, o el chicharrón guisado, o los frijoles, o el arroz, y el último triángulo recoge hasta el último vestigio de salsa, y desaparece dentro de nuestro deleite».



[1] Tomado de: http://www.kalathos.com/actual/detail_gpozo.php
[2]
Texto tomado del periódico El siglo de Torreón. s/f. Copias.

___________

Nadia Contreras. (Quesería, Colima, México, 1976). Egresada de la Facultad de Letras y Comunicación y de la maestría en Ciencias Sociales por la Universidad de Colima. Es autora de los poemarios Retratos de mujeres (Secretaría de Cultura de Colima, 1999) Mar de cañaverales (La luciérnaga editores, 2000) Figuraciones, eBook (Crunch! Editores, 2003), Agua inicial (El cálamo, 2003), Lo que queda de mí y Primeras líneas sobre Olga Lucía (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2003); En la cicatriz de la luz (Letras Vivas, 2004). Poemas suyos aparecen en las antologías Selección de poesía mexicana contemporánea, Español-Portugués (Bianchi Editores/Ediciones Pilar, 2002) y Árbol de variada luz, antología de poesía mexicana actual 1992-2002, estudio, selección y notas de Rogelio Guedea (Universidad de Colima, 2003). Recibió Mención Honorífica en el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2001, y es Premio Estatal de la Juventud Colima, 2002, así como Premio a proyectos culturales en la categoría de poesía, 2003, otorgado por el Instituto Mexicano de la Juventud. Tiene inédito el libro de ensayos La otra forma de amar en la poesía de Alejandra Pizarnik. Actualmente es catedrática en la Universidad Autónoma de La Laguna, Torreón, Coahuila.


contreras_nadia[at]yahoo.com.mx




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