El talento y
el valor










una serie de reportajes por

Guillermo Ortiz López
 



Dani Mateo, una Noche Sin Tregua cualquiera


En una de las pausas —el público entra y sale, cansado, adoctrinado, obediente...— me dedico a dar vueltas en torno al plató de Noche sin Tregua, pequeñísimo en comparación con lo que aparenta en la tele, aunque sé que ya debería estar acostumbrado a eso... De las paredes están colgadas fotos de la segunda generación de Nuevos Cómicos, los que llegaron después de Eva Hache, Agustín Jiménez, Paco León, etc.

En ese repaso de fotografías se puede ver cómo empezaron: sus gestos de seguridad, de confianza, de complicidad... pero probablemente ninguno imaginaba cómo iban a acabar: Joaquín Reyes en La Sexta, El País y Telecinco; Ernesto Sevilla, en Antena 3 y Cuatro; Julián López, en Cuatro; Don Mauro, en Antena 3; Ángel Martín, en La Sexta; Ricardo Castella, también en Cuatro...

Dani Mateo, de momento, pese a un paso fugaz por TVE este verano —que prefiere no recordar, así que no iré más allá— se queda en la nave madre. Un tipo que te da su teléfono la primera vez que lo ves —grabación de Smonka— y lo hace con una sonrisa no puede ser mal tipo, aunque lo importante no es eso. Lo importante es ser capaz de mantener el sentido del humor durante seis horas de grabación, lidiar con toda clase de entrevistados, desde los más callados a los más incallables, desde raperos de Brooklyn a actores adolescentes... y salir siempre bien parado.

Siempre lo he dicho: el problema que tiene uno con Dani es que va a una velocidad mental distinta. Para cuando has encontrado respuesta al primer vacile, él ya te ha hecho tres. Sin enterarte. Un desastre para gente tan lenta como yo. Por eso, quizás, ya ha desistido de vacilarme y me toma en serio y se dedica a charlar conmigo entre entrevista y monólogo y pasamos de Bergman a Eto´o como si fueran partes de una misma cosa.

Que lo son, desde luego.

Y aparte de Dani, la incomparable Arantza —«tú y yo nos hemos comido unas cuantas horas de rodaje juntos, ¿verdad?», acerté a decirle a las nueve y pico de la noche, los dos con los ojos casi colgando— y un grupo de colaboradores sin el que sería imposible trabajar tanto y con tanta intensidad: empezando por Quique, el conductor, siguiendo por David, el director y pasando por Marcos, Gadea, Luz, Alejandro, Nuria y muchos otros a los que no me llegaron a presentar o, desgraciadamente, olvidé su nombre.

Igual que ellos, probablemente, habrán olvidado el mío.

Un chico de Barcelona en plena capital

Sería bonito que todo fuera como La Hora Chanante: que hubiera meses para preparar entrevistas, pensar reportajes, visitar grabaciones... No, señores, esto es televisión y, además de en el grupo de espectadores pagados, perezosos, inquietos, rebeldes en ocasiones, se nota en el ritmo de las redactoras y las productoras. Otro ritmo, más frenético.

Quique, el chico que me recoge en la calle Serrano —Paramount Comedy— y me lleva a Torrejón me pone sobre aviso: son una gente increíble, todo el rato trabajando, pero siempre con buen ambiente, siempre con risas, da gusto formar parte de eso, aunque sea como chofer.

Sí, claro, tiene razón y yo esperaba que tuviera razón. Noche Sin Tregua es ahora mismo el estandarte de la cadena, mientras siguen las dudas sobre si La Hora Chanante seguirá o no y se prepara la grabación de nuevos capítulos de Smonka. Es un programa ágil, con invitados, con cómicos, con expertos... una especie de Buenafuente a toda pastilla. No hay demasiado tiempo para la relajación ni para la charla, desde luego. Como mucho, entre mordisco y mordisco a un bocadillo de tortilla en la sala de producción. Poco más.

Al frente de todo, David, por supuesto, pero David no da la cara, quien la da es Dani, llegado hace más de tres años desde Barcelona, con apenas 25, para poner en marcha este proyecto. Curiosa la facilidad de Paramount para apostar por la gente correcta. Un trabajo nada agradecido: con tanta gente graciosa haciendo un papel similar, el riesgo de caer mal, de comunicar poco, de parecer soso... es enorme. Castella, sin ir más lejos, no llegó a convencer a nadie en Nada Que Perder, pese a su enorme talento como cómico —no hay más que verle en Noche Hache.

Dani, aparte de ingenioso, tiene otras virtudes: por ejemplo, es del Barcelona. Por ejemplo, sabe llevar a cada invitado por donde quiere, incluso cuando se resiste. Por ejemplo, consiguió enganchar a un montón de gente a base de hacer chistes sobre la promiscuidad de José Coronado... para luego llevar al plató, sin complejo alguno, al propio Coronado.

El concepto de Noche Sin Tregua se resume en una sola tarde y una sola frase de Dani: «Cantautores y raperos del Bronx», con una sonrisa enorme y un leve levantamiento de ceja —otra de sus virtudes.

Vanexxa, una presencia recurrente

Efectivamente, los invitados de este programa —que no es un programa, que son dos programas, pero sin límites, las piezas se graban por separado y luego se van uniendo como en un rompecabezas atemporal— son Tres Coronas, los dos mencionados raperos neoyorquinos con acento colombiano, Luis Pastor, los actores de una serie gay por Internet —Lo que Surja— y Vanexxa, curiosamente la anterior entrevistada en esta misma serie.

Todo ello me hace sentir un poco en casa y me siento, me levanto, comento cosas que sé y cosas que me han contado, bromeo con Arantza, hablo con Dani de Mundialitos de Fútbol y de malas vibraciones para esta temporada y charlo con Marcos, el DJ del programa, sobre música y trabajo. «Yo sólo digo “sí o no” y el resto del programa me rasco los huevos», dijo como presentación al público antes de contar un chiste terrible para romper el hielo. Un chiste de leperos, con eso lo digo todo...

«Me gustaría hacer algo más, ya se lo he dicho a Dani, pero está complicado». El problema de Marcos no es que se rasque los huevos, eso es una gran mentira. Está preparado todo el rato para poner música y hacer ambiente... en las pausas de grabación. Es decir, el telespectador tiene complicado valorar su esfuerzo, básicamente, porque no llega a verlo.

Lo he dicho antes: son seis horas de grabación, casi siete. Eso requiere muchos ánimos y mucha música y tras la pausa del bocadillo y la entrevista con una Vanexxa demasiado tensa, aparece como un bálsamo Luis Pastor, con su acento extremeño y su facilidad para agradar y provocar sonrisas. Dani se relaja —por primera vez— y se limita a escuchar las anécdotas de este cantautor de los 70 y 80. Historias ya oídas, por supuesto, de grises y comisarías, pero distintas en su voz de cuenta cuentos.

Incluso el público reacciona, deja de cuchichear y se entrega a escuchar a aquel abuelete zen de sólo 50 años. Un encanto.

En la variedad está el gusto

Y es que Noche Sin Tregua basa su éxito en la variedad. De especialistas deportivos a frikis de Internet, de músicos a actores, de directores a políticos, de políticos a periodistas o escritores... Una especie de cajón de sastre en el que Dani tiene una sonrisa para todos. Por ahí ha pasado Jorge Javier Vázquez pero también Luis Herrero. Hay sitio para todos, o esa es la idea, aunque el propio Dani reconociera en antena que «a la gente del PP le cuesta venir aquí».

La derecha y su facilidad para sentirse agredidos.

En esa variedad se pasa de un chiste de pajas a una cita de Ingmar Bergman, El manantial de la doncella, y todos nos ponemos nerviosos y empezamos a preguntarnos si la película realmente es de Bergman y yo no dejo de darle vueltas a cómo un monólogo que empieza con revistas porno y masturbación adolescente va a acabar en Bergman, pero con Dani todo es posible.

Cuando la noche empieza a hacerse muy larga, cuando todo parece acabarse, llega Carlos Areces —el inolvidable Ángela Channing de aquel programa 50 de LHC— , para presentar a su nuevo grupo, en su primera actuación televisiva. Y es que Ojete calor, al estilo Mc Namara —Almodóvar, ya triunfó en la Fiestaca Chanante del 5 de octubre, pero eso fue una cosa para elegidos. Ahora se enfrentan al gran público, al de Paramount... y al de Localia, que emite con retraso algunos de los programas.

Precisamente por eso piden discreción y el público tiene que salir de nuevo a fumar o pasar frío, sin más, para que ellos puedan ensayar el número y escuchar bien la base rítmica sin que nadie se escandalice. Carlos se sorprende al verme ahí, igual que se sorprendió Vanexxa, igual que me sorprendí yo cuando Arantza me dijo que había pasado a trabajar en el programa.

El mundo no es un pañuelo, es un moco.

Con Ojete Calor acaba una intensa sesión de rodaje. «Mañana jueves tenemos muy poca cosa», afirma Dani, «y a la semana que viene me vuelvo a Barcelona», dice con una satisfacción poco disimulada. «¿Qué tal todo?», pregunta de nuevo antes de que nos despidamos y yo le digo que «bien» y que tengo material de sobra y él se alegra y queda en contestar por email a unas preguntas, pero, lo he dicho hace un rato: esto es televisión y la televisión es ausencia de tiempo y las respuestas no llegan, pero da igual, lo que cuentan son las intenciones, no los resultados y la información ya está aquí, un poco dispersa, regada a lo largo de un artículo que no es una entrevista, que es un reportaje, pero que confío en que ayude a entender un poco lo que es este programa en un día cualquiera y dentro del programa, la cadena, y, dentro de la cadena, un montón de gente a la que, en pocos meses, empezaremos a ver en todos lados.

Tiempo al tiempo.




«Me gasté mis primeros sueldos en
alcohol, drogas y mujeres...
»

—Una conversación con Dani Mateo—


P: ¿Cómo surgió la posibilidad de trabajar en Paramount?

R: Pues yo estaba un día en un parque, se acercó un señor con un bulto sospechoso y me pidió que le ayudara a cavar un hoyo. Mientras lo hacíamos, me comentó que trabajaba en un canal de comedia y que había quedado una plaza vacante... Lo normal. Te cuento esto porque la verdad es muy aburrida. Como casi siempre. En realidad, todo se lo debo a Martín Piñol, mi amigo del alma y colaborador de NST. Él empezó a hacer monólogos en un local que la Paramount tenía en Barcelona. Nosotros nos conocíamos porque trabajábamos en la misma radio. De hecho, nuestra amistad era casi virtual, porque yo informaba sobre el tráfico en un estudio apartado de todo, menos del tráfico. Pero en los minutos previos a cada conexión, Piñol y yo nos contábamos chistes de Chiquito de la Calzada. Con la correspondiente y vergonzosa imitación, por supuesto. Piñol decía que le venía muy bien para practicar el castellano y, si te fijas, verás que su acento es casi chiquitistaní. La cosa es que un día fui a verle, me animé a escribir algo, de ahí a Madrid y lo demás ya es leyenda.

P: ¿Pasaste directamente a NST o estuviste un período como «Nuevo Cómico»?

R: Estuve como «Nuevo Cómico» durante tres monólogos y sigo arrastrando mi culo por esos bares de Dios. Cada vez menos, eso sí. Porque no tengo tiempo y porque así me evito algunos disgustos. Me explico: gracias a la tele, puedo evitar los fracasos garantizados. O sea, si hay un local en el que sé que gustan los chistes, el striptease y los malabares, pues no voy. O a lo mejor voy... de público. Pero eso de tener un sueldo más o menos fijo me permite rechazar actuaciones donde sé que lo que gane va a acabar en manos de mi sicoanalista. Eso no significa que no me gusten las actuaciones en directo. Me gustan más que a un tonto una cometa (qué preciosa expresión), pero poder seleccionarlas es un lujazo. Creo que los cómicos que se ganan la vida en la carretera son los verdaderos héroes de la comedia. Yo tengo amigos que lo hacen y les he visto salir airosos de situaciones que no desearía ni a mi peor enemigo. Héroes de la comedia, lo que yo te diga.

P: ¿Qué recuerdas de los primeros programas?

R: Nada. Me gasté mis primeros sueldos en alcohol, drogas y mujeres. Y el resto lo despilfarré, como diría George Best. La verdad es que tengo recuerdos, pero no demasiado nítidos. Supongo que ocurre como cuando haces puenting, que la emoción es tan intensa que no te permite fijar el momento. Digo supongo, porque nunca he hecho puenting. Pero como teoría suena cojonuda ¿no? Recuerdo, eso sí, la entrevista que le hice a un tipo (no me hagas decirte el nombre) que había dirigido el servicio de inteligencia cubano. Estaba tan tenso por el miedo a hacer una broma fuera de lugar o meterme en un jardín demasiado frondoso que si me hubieras dado con un palo en el lomo lo hubiera roto como un monje Shaolin.

P: ¿Se notó mucho el paso a Localia en términos de popularidad?

R: Un poco. Más en la variedad que en la cantidad. Como sabes, Paramount es un canal con un perfil de audiencia muy joven, así que la primera vez que un camarero del Nebraska —que tenía casi tantos años como el estado que da nombre al bar— me pidió un autógrafo, vi que estábamos llegando a un público al que no teníamos acceso desde la plataforma digital.

P: ¿Alguna vez te ha tirado los trastos José Coronado?

R: Soy fan de este hombre. Del actor también, pero del hombre, absolutamente. Él sabía perfectamente la broma que llevábamos meses haciendo a su costa. Ya sabéis, lo de preguntar a todas las tías que venían si José Coronado les había tirado los tejos. El objetivo del estudio era claro: si reconoce haberlo hecho con más de mil... ¿con cuántas lo habrá intentado? Desde el primer momento se mostró dispuesto a venir, a someterse a chanzas y burlas y a no soltar prenda, por supuesto. A Coronado le voy a vacilar yo... El tío es un auténtico seductor y una de las personas más amables que han pasado por NST, aunque hablando con él tienes la impresión permanente de que, si fueras una chica, te prestaría más atención.

P: ¿Cuál es la entrevista más tensa que recuerdas?

R: La del CUBANO. Y la de Nancho Novo. Madre mía. El tío venía a presentar un libro y nadie en el equipo lo sabía. Creíamos que venía por una peli que tenía en cartel y antes de entrar le digo: Nancho, muy buena la peli. Y me dice: «Ya, pero vengo a hablar de mi libro». Y yo: «¡Ja, ja, ja! Muy bueno... Ayyy... Venga». ¡Madre mía!

P: ¿Y la más divertida o peculiar, por cualquier razón?

R: Quizás la de Carla Marrero, una violinista de 8 años. Fue curioso porque a mí se me dan fatal los niños y en cambio la entrevista quedó genial. Quizás porque, al verme como un igual, la niña se creció.

P: Si no presentaras NST... ¿qué tipo de programa te gustaría hacer?

R: Uno muy parecido. Creo que este es el programa que he querido hacer toda mi vida. Quizás lo haría con más medios, pero no con otra gente. Tengo un equipo que no me lo merezco: Pepón Fuentes, David Muñoz, María Iglesias, Miguel García, Nuria Martínez, Dani Muñoz, Martín Piñol, Mimo, Fernando Amo... Bueno, tú ya los conoces, no voy a hacer la ridiculez de citarlos a todos. Los que no estéis no os ofendáis, ya sabéis que es por falta de espacio y no de cariño.

P: ¿Cómo fue tu paso por TVE este verano?

R: Bueno, pues... tampoco fue tan lamentable, para el tiempo que tuvimos para prepararlo y ejecutarlo en plató. La cosa era una especie de zapping internacional y nosotros (Ibon Uzkudun y yo) los encargados de comentar cada vídeo. Pero en tan poco tiempo y con el corsé que impone un público netamente familiar, la verdad es que el resultado no fue para tirar cohetes. Bastante digno, eso sí. Y mi abuela me dijo que salía muy guapo. Ya sabes, pantalón sobaquero, chaqueta azul marino... Un pequeño Julián Muñoz.

P: ¿Cómo consigues cambiar el chip de entrevistado en entrevistado para hacerles sentir a todos escuchados y especiales?

R: Fingiendo como una perra ((-: La verdad es que no me cuesta trabajo. Aunque parezca increíble, realmente me interesa lo que me cuentan... casi todos. Con los otros, pongo mi mejor sonrisa de empleado de Starbucks (no lo he sido, pero los veo a diario) e intento convertir el tostón en algo entretenido para el espectador. A veces ocurre el milagro y una entrevista soporífera acaba siendo un festival de la risa. Otras veces, no. Pero eso es lo bonito de las entrevistas, ¿verdad, Guillermo?


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Reportaje y entrevista por Guillermo Ortiz López
Web de Guillermo Ortiz: http://www.guilleortiz.com/


Revista Almiar (Madrid; España) - n.º 31 - diciembre 2006/enero 2007 (Aviso legal)




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