El talento y
el valor










una serie de reportajes por

Guillermo Ortiz López
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Maike Lüdenbach, una vida de cine


 

Maike Lüdenbach: la película empezaría con la escena de una chica de 15 años desfilando por Milán. La chica mide más de 1,70, es rubia y tiene cara de ángel. Intenta hacerlo lo mejor posible, pero no está del todo convencida. No quiere dedicarse a esto. De hecho, «esto» —el trabajo de modelo, las sesiones fotográficas que le impiden acostarse a una hora decente para ir al día siguiente al Instituto, las entrevistas grabadas, las casualidades, los castings...— no son para ella sino una manera de llegar más lejos.

La chica quiere ser cantante.

¿Por qué lo sabemos? Porque ha formado un grupo que podría ser como las Spice Girls y se ha ido con unas amigas a Miami a demostrar su valor, pero su valor no estaba tan claro para la gente de ahí y se ha vuelto como fue. Porque al fin y al cabo todo esto tiene algo de malentendido: ella quería ser diseñadora, pero un amigo la filmó, y empezaron a llamarla, los desfiles, las sesiones... Está atrapada en un mundo de cristal y no es que se desespere por salir, pero tampoco le importaría.

Se divierte pero «no quiere gastar su talento siendo una percha», dice en un momento dado. La chica ha dado clases de canto y compone sus propias canciones. No es una rebelde, cree en el trabajo por encima de la suerte, en estar preparada para la ocasión.

Una chica portada

Con 17 años, convence a su padre de que puede ser cantante. Deja la pasarela y empieza a grabar en un estudio que se llama Vicious. Ahí, la película tiene que recoger sus dos puntos de inflexión: Speak Ur Mind, su primer disco, con 18 años y en inglés, toda una carta de presentación casi temeraria. El primer trabajo de una discográfica que va a recibir el nombre del estudio de grabación, hasta ese punto la chica y la compañía están vinculadas.

Junto a ella aparece el personaje de Sandra. Al principio, Sandra se queda impresionada por el valor de Maike. Impresionada, no necesariamente en el buen sentido. Maike, al conocerla, le señala las portadas de varias revistas y le dice: «Quiero ser la portada de todas». A Sandra no le parece tan fácil y quiere que la tierra la trague. La ambición es buena cuando se saben colocar diques.

Ese va a ser su trabajo.

En una sesión de fotos para el disco, la presencia de Sandra y de Vicious ya constante, aparece un conocido actor, Jordi Mollá, interpretándose a sí mismo. Está trabajando en un corto y cuando la ve piensa que puede ser actriz. A Maike le apasiona la idea porque ella «quiere» ser actriz, porque, en el fondo, si le divertía la moda era porque le daba la posibilidad de actuar.

Consigue un papel en Nothing to tell. Su escena consiste en una masturbación delante del espejo. «Es como el sexo con amor», dice Maike para describir la sensación...

Inocencia perdida

La otra posibilidad es que Maike Lüdenbach, la película tenga un punto Woody Allen, de gente reunida en torno a una mesa, cenando picadillo con patatas paja, por ejemplo, casi solos en un bar de La Latina mientras juega la Selección española de fútbol. Un día ideal para salir por Madrid.

El enfoque sería distinto, sería menos frívolo, más serio. Veríamos a Maike después de Maike, después de los aires de portada de revista y después de los vaivenes de las primeras experiencias con la fama. Veríamos a una chica que reconoce haber tenido miedo al fracaso hasta que redefinió lo que era el triunfo: «Poder vivir de esto y alimentar a una familia».

Expondría su teoría de los diez años, por la cual todo artista llega a su esplendor diez años después de su primera experiencia pública. Entonces podríamos repasar todo lo que veíamos en el anterior montaje: Barcelona, Milán, Miami, Vicious Records, Jordi Mollá... y lo resumiríamos en una frase: «Perdí la inocencia».

Maike cuenta cómo decidió pasar del inglés al castellano, después de una especie de viaje iniciático por Francia, cantando en la calle, sin reglas, sólo piano y voz y auto conocimiento. Canciones en alemán, en español, en inglés... acompañada de un bailaor de flamenco y un director de cine. Happenings callejeros en los que la chica madura, cumple 20, 21, 22 años y decide sacar un nuevo disco, pero sin urgencias. Algo sencillo y bonito, que guste. Dulce, tierno, sin grandes mensajes. Compuesto en el mini-estudio de un garaje...

El disco vuelve a Vicious pasa por las manos de Paco Bastante, uno de los clásicos de la producción y antiguo músico de Joaquín Sabina, y acaba en las tiendas con el nombre de Una hora más de luz. Lo que le gusta: recibir emails de gente con la que ha conectado, sentirse escuchada de verdad. Maike dice: «No es que no me importe si a la gente le gusta o no lo que hago, claro que me importa, lo que pasa es que ya no tengo el miedo al fracaso comercial de antes, sólo es eso, pero cuando alguien me reconoce en la calle, o me manda un correo para decirme que le ha gustado lo que he escrito... eso es lo que me vale ahora mismo».

Un final de Hollywood

No es cuestión de alimentar el ego sino de compartir un placer y de ahí nos vamos a los postres y el café y un helado que Maike se come mientras reflexiona sobre la anorexia: «La gente con anorexia suele ser gente que no confía en sí misma» y volvemos a las pasarelas de Milán en una época en la que los escándalos de drogas y prostitución en las agencias de modelos estaban en los periódicos pero no en su realidad y entonces aparece el periodista, una figura silenciosa hasta entonces, más preocupado en escuchar que en preguntar, buscando matices en la historia, un posible guión, incluso, y suelta su inevitable cuestionario:

«El primer disco que me gustó de verdad fue el de Laura Pausini», «la primera casete que compré fue la banda sonora de Batman, de Prince». «No considero que vaya a hacer una gira sino que tengo muchos bolos, por Barcelona y Andalucía, sobre todo, y es la parte que más me gusta de esto, claro».

Y la película acabaría ahí, con un cartel de continuará si decidiéramos hacer una secuela o simplemente con unos títulos de crédito entre los que se insertarían mensajes como «Diez años después de empezar en el mundo de la moda, Maike Lüdenbach consiguió grabar su mejor disco y consolidar su carrera musical y en el cine. Tenía 24 años».


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Reportaje por Guillermo Ortiz López
Web de Guillermo Ortiz: http://www.guilleortiz.com/

Imágenes cedidas por Maike Lüdenbach para esta entrevista ©
Página web de Maike Lüdenbach: http://www.maikeworld.com/


 

Revista Almiar (Madrid; España) - n.º 32 - febrero/marzo 2007 (Aviso legal)

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