Che, guerrilla

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Pedro M. Martínez


Expectación es la palabra. Después de unos meses de espera, me encuentro en un cine de Gijón para ver el estreno de la segunda parte de la película de Soderbergh. Bocadillos de pan calentado en microondas y cerveza en vaso de plástico antes de entrar. El cartel de la película no me gusta: el Che levanta el fusil pero agacha la cabeza… Decir aquí, ahora, que la imagen fue una premonición de lo que opino sobre la película, sería —sin duda— un abuso para con el lector.

No, siento una cierta ansiedad porque empiece la cinta. Pero tampoco voy a ocultar hasta el final mi opinión a quien lea esta crónica: la segunda parte de esta obra dedicada a la figura del comandante guerrillero no terminó de convencerme.

Es dura la derrota. Sin duda. Y resulta difícil de contar algo así. Pero el periplo de Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia creo que se merecía algo más. De igual manera que en mi primer artículo sobre esta película opiné que el trasfondo social del movimiento revolucionario en Cuba había quedado en segundo plano, tengo que reiterar —en este segundo caso de manera especial— sobre cómo la segunda parte de la película de Soderbergh obvia las condiciones sociales y políticas que propiciaron que la apuesta del Che en el país andino fracasara. Y decir esto significa escribir que el Che se equivocó, ni más ni menos (a toro pasado, sin duda). Guevara analizó las condiciones «objetivas» del campesinado boliviano de una forma errónea y eso le costó el fracaso y la vida. No es una opinión del otro jueves: después de 42 años de su asesinato en La Higuera mucho se ha escrito al respecto del análisis erróneo entonces realizado por el Comandante, que la película apunta —tímidamente— en su comienzo.

Hagamos algo de historia, ver esta película lo requiere (y eso es un buen valor de la misma). En 1967, Guevara llega a Bolivia como «funcionario» de la OEA; disfrazado con gafas y aparentemente calvo consigue entrar en el país. Entonces se llama Adolfo Mena (antes fue Ramón Benítez, cuando viajó a Tanzania, en 1965) y, con el apoyo de Fidel Castro (creo que este dato es incontestable), organiza la célula que dará origen al ranchito de techo de calamina desde donde se iniciarán las acciones guerrilleras. En un principio el Partido Comunista Boliviano pareció implicado en aquella guerrilla que tenía proyección continental, pero Mario Monje —Secretario General de dicho partido— demostró luego que esto no era así. El 23 de enero de 1967, el Che Guevara ya consideraba a Monje como un enemigo. Este hecho, de destacada importancia para el futuro de los insurgentes, supuso un duro golpe para el grupo revolucionario, que fue considerado como «extranjero» en una tierra que, paradójicamente, estaba gobernada por los norteamericanos y las grandes compañías multinacionales. La dureza de la selva seca de El Chaco, la falta de apoyo del campesinado (mayoritariamente de cultura aymara y quechua) y la acción de la CIA hicieron el resto.

Hay numerosos textos que relatan el año que luchó el Comandante en Bolivia y no me extenderé más al respecto. La segunda parte de la película no es capaz de dar una visión de las personas que vivieron el tránsito de la derrota que llevó a la muerte a Guevara y a muchos de ellos. Nada que ver con la primera parte de la obra. Personajes como los hermanos Peredo, Tamara Bunker (Tania) o Regis Debray están claramente infravalorados en el guión, se «disuelven» en el maremagno de la selva al servicio de imágenes que quieren reflejar el sufrimiento de la partida guerrillera, preparando el momento de la derrota. De la misma forma, la terrible represión del movimiento de los mineros bolivianos en apoyo de la guerrilla pasa como de puntillas.

Che, Guerrilla es una película sobre el fracaso. Así tiene que ser, pues es la historia, pero hurta al espectador la complejidad de unas personas que, aun derrotados en su empeño, tienen algo que decir todavía a los que ahora quieran recuperar sus biografías.

De igual manera, el extenso elenco de la producción pasa, en general, desapercibido salvo, probablemente, el actor portugués Joaquim de Almeida en su interpretación del papel de Barrientos, pero la culpa no es suya sino del estrecho guión. La fotografía es pobre y Soderbergh (autor de la misma bajo el seudónimo de Peter Andrews) debería —en mi opinión— haberse esmerado un poco en la misma o contratado a alguien con mejor criterio.

He dicho que el elenco de actores «pasa desapercibido», pero debo corregirme. Ahí está Benicio del Toro. Impresionante y genial su caracterización del argentino que removió la conciencia del mundo. Las escenas que preceden a «su» muerte, espectaculares…, pero esas y cómo el director resuelve el momento de la misma —a mi juicio de forma acertada— no se las voy a contar. Les sugiero que las vean.

Termino esta crónica con otra anécdota: a la salida de la proyección comenté a mis acompañantes que varios espectadores se habían marchado antes de que terminara la misma, quizá estaban aburridos —dije—, pero uno de ellos me contestó: «No, no fue por eso, Pedro, creo que se marcharon porque no querían ver morir al Che…».

Y quizá la contestación es lo que define a esta excelente película en su conjunto: véanla entera, de un tirón, y opinen. Con los prejuicios que tengan ustedes, sean valientes… Yo la he visto con los míos y debo decir lo que el escritor boliviano Víctor Montoya escribió en una de sus crónicas: «Así te recordamos, comandante, con la estrella en la boina y el porvenir en la mirada». Es el privilegio de las personas que conmovieron a la humanidad, de los que dieron su vida por un mundo diferente…

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IMÁGENES ARTÍCULO (orden descendente): Pasaporte falso con la identidad de Adolfo Mena utilizado por Che Guevara para su entrada en Bolivia, By anonimous (la foto fue tomada en Cuba por agentes del servicio secreto cubano en 1964); (Oficina de Asuntos Históricos de Cuba) [Public domain], via Wikipedia | Monumento al Che Guevara en Santa Clara (frag), By Manuel Dohmen [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/)], via Wikimedia Commons.



Tráiler de la película:





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Revista Almiar (Madrid; España) / n.º 45 / marzo-abril de 2009
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