Estrenos de primavera
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Alicia Albares


V DE VENDETTA
de JAMES McTEIGUE

Siguiendo la estela dejada por intentos predecesores de convertir el cómic en materia prima fílmica que produzca historias de calidad, realizaciones impactantes y considerables ingresos de taquilla (sin lograr en muchos casos todos sus objetivos), V de Vendetta podría pasar por un nombre más en una lista muy larga a estas alturas y que promete ser interminable.

Sin embargo, el secretismo que ha rodeado el proceso de producción de este filme se ha roto majestuosamente, envuelto en los acordes de Tchaikovsky, gracias a una serie de propuestas narrativas diferentes que la distinguen dentro del panorama del cine comercial del momento como un producto cuidado, sustentado bajo firmes pilares ideológicos y que camina con seguridad en el filo de la polémica. Y es que, una vez más y como ya descubrió Batman Begins, la atención prestada a la composición de un guión sólido, que configure personajes complejos, creíbles y representativos no es sólo un objetivo a conseguir sino un requisito indispensable para cualquier película que pretenda trascender.

Esto es lo que sucede con V de Vendetta, auténtico ejemplo de cómo una historia puede contener en sus imágenes toda una alegoría sobre los fundamentos de una sociedad justa, la sed inagotable de libertad y la rebelión contra la tiranía sin olvidar para ello la fórmula del entretenimiento, la sorpresa y la captura del espectador que esté dispuesto a aceptar su desafío.

Y es que los hermanos Wachowski (creadores de la trilogía The Matrix) y responsables del guión) nos conducen a un universo de estética personalísima, donde los efectos visuales no se necesitan ante el profundo poder de la palabra, donde los términos políticos demonizados hoy en día se estudian y reinterpretan. Un mundo donde actores y personajes se hacen uno con una trama perfecta, carente de artificio, directa y única en sí misma, una trama que nos recuerda lo que significaba vibrar en el asiento con imágenes y música.


VOLVER
de PEDRO ALMODÓVAR

Con la seguridad y decisión del que sabe que tiene al público y a buena parte de la crítica enamorada de su universo creativo, de su instinto humorístico, de sus personajes mágicos y entrañables ha vuelto Pedro Almodóvar a las carteleras con una película propia, suya. Y digo «propia» en el mejor y peor sentido de la palabra. Propia por conservar lo mejor de él mismo: sus diálogos llenos de ironía y sarcasmo, que logran teñir de hilaridad máxima lo más cotidiano, lo más próximo; sus mujeres fuertes, hermosas, no por lo que dicen o parecen, sino por lo son y por lo que hacen; sus giros en el guión, inesperados, fantásticos, bien encajados.

Pero también digo «propia» por aquello que pierde al Almodóvar de siempre y que consigue alejar a los que mantenemos con él una relación de amor-odio de su última creación: esa ambición de decir mucho con pocas y mal utilizadas herramientas, ese intento de prolongar y seguir sacando jugo a un micro mundo castizo, que hace gracia pero que de tanto insistir logra ofender, que convierte la vulgaridad y tragedia real de lo más negro de un país en objeto exótico admirado por el amigo americano.

Volvemos al Almodóvar truculento, soez, que quiere revestir de profundidad y poesía lo que podría haber sido una comedia negra de lo mejorcito de nuestro cine, pero que se pierde al intentar meter en la misma colada las prendas del mensaje y la diversión, de la apariencia de realidad y la verdad… y pretender que no destiñan. De ahí sale un producto caótico, poco compensado, poco honesto con su naturaleza. Una película donde Almodóvar ha querido volver a sí mismo, pero que al empeñarse en recuperar el camino ha acabado por perderse en el intento.

Se extraña en Volver la elegancia, delicadeza y sutileza de los días de Hable con Ella o los intricados giros y mezclas de realidad y ficción de La Mala Educación. Destaca, y con mayúsculas, el regreso de una Carmen Maura espléndida, perfecta, maravillosa en su papel sin más dobleces ni excesivos maquillajes. Sobra, y mucho, su protagonista, una bellísima pero incómoda Penélope Cruz, que, por mucho que cambie acentos, sigue encontrando enorme un personaje demasiado cotidiano, demasiado real para ella.

En definitiva, estamos ante una comedia que no quiere serlo, bien enfocada pero mal terminada, que puede perdonársele a un autor tan nuestro y único del que seguiremos esperando maravillas, como siempre.


BIENVENIDO A CASA
de DAVID TRUEBA

No resulta extraña la costumbre actual de hablar de una película que pretende presumir de diferente utilizando una mezcla de nombres compuestos de géneros fílmicos diversos con la intención de dar sentido a lo que, en muchos casos, son etiquetas vacías de ingredientes mal integrados. Y este hábito podríamos utilizarlo en la nueva película del pequeño de los Trueba, aunque ésta vez no esperemos dignificar un producto que se tambalea peligrosamente ya desde su base con palabras bien colocadas en afirmaciones rotundas.David en el cine Sacher de Roma.jpg

Porque en Bienvenido a casa, difícil es extraer el fundamento y mucho más complicado aún es elogiarlo. Perdido en la búsqueda de nuevos caminos (más personales) después de la decente Soldados de Salamina, David Trueba da a luz un híbrido cómico-trágico, donde el costumbrismo casi casposo corre peligro de adherirse a un surrealismo no buscado y, por tanto, más patético que original. Y es que, con la ayuda de actores excelentes, Trueba pretende dar credibilidad a un guión repleto de incoherencias, que busca sin descanso la poesía sin lograr más que el panfleto y que nos habla de unos personajes que caen en lo grotesco, en ocasiones por su excesiva perfección, madurez y sensibilidad (véase esa maravillosa mujer trabajadora, artista, madre y pareja sacrificada que interpreta la desaprovechada Pilar López de Áyala), a veces por su vacuidad disfrazada de inocencia (en Alejo Sauras, que parece no enterarse de nada de lo que sucede a su alrededor en toda la película) y otras veces por convertir el arquetipo en tópico que se descontrola (como demuestran los compañeros de trabajo del protagonista, cuya forma de ser convierte la crueldad en parodia y la cotidianidad mal tratada en oscura sorna y mirada patética).

No se puede encontrar una mirada autoral revolviendo en el baúl sin fondo de los géneros y uniendo tal como salen las piezas del puzzle. El resultado es una comedia que quiere disfrazarse de drama, pero cuyo maquillaje se nota demasiado y deja frío al espectador que espera encontrar madurez creativa donde sólo hay fachada de intelectualidad y ligereza.



Alicia Albares Martínez, colaboradora de la Revista Almiar, trabaja en la actualidad para varias publicaciones locales del distrito de Vallecas (Madrid): Revista Santa Eugenia, periódico La Quincena, y, ocasionalmente, con la Revista 31, como coordinadora de la sección de cine. Escribe guiones cinematográficos y cuenta con algunos premios literarios juveniles. Estudiante de Comunicación Audiovisual, ha trabajado en cine como meritoria y auxiliar de dirección.
ruselina[at]telefonica.net


IMÁGENES ARTÍCULO (orden descendente): Masque de Guy Fawkes arboré par V, By Fauve (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons | Pedro-Almodovar-Madrid2008, Por © Copyright 2008, Roberto Gordo Saez (R0b3rt0) [CC-BY-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/3.0)], undefined; via Wikimedia Commons | David en el cine Sacher de Roma by Mamen Diaz Diaz - Own work. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons.


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